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José Montilla, candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat
“LA MAYORÍA DE LOS CATALANES NO QUIERE UN GOBIERNO CONSERVADOR”
El candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat en los comicios autonómicos del 1 de noviembre, José Montilla,
pone de manifiesto en esta entrevista con El Siglo que “la victoria de las
fuerzas de derecha puede comportar retrocesos, al igual que un frente
nacionalista afectará nuestras relaciones con España”. El presidenciable
socialista dice que aspira “a gobernar con una mayoría suficientemente amplia
para aplicar con comodidad el programa” del PSC, “que se basa en el desarrollo
y la profundización del Estado del Bienestar”. Su segunda prioridad será la
aplicación del nuevo Estatuto, porque “es un instrumento que debemos aprovechar
al máximo”, ya que “nos hemos dotado de más autogobierno”. Montilla se define
como “catalanista” y asegura que “el nacionalismo tiende a excluir una parte de
la sociedad, no es un proyecto inclusivo”.
Por Paco Soto (Barcelona)
—Cómo analiza la situación de estas
elecciones catalanas?
— Son unas elecciones decisivas, porque
están en juego dos cosas. En primer lugar, el nuevo gobierno deberá desplegar
el Estatuto con toda la convicción, y pienso que eso sólo lo garantizamos los
que, como el PSC, defendimos su reforma desde el primer momento, sin vaivenes
partidistas y con determinación. En segundo lugar, las elecciones son decisivas
porque la próxima legislatura deberemos profundizar en las reformas sociales
emprendidas por el gobierno de Pasqual Maragall. La victoria de las fuerzas de
derecha puede comportar retrocesos, al igual que un frente nacionalista
afectará nuestras relaciones con España. La garantía de un gobierno estable es
un presidente socialista.
—¿Qué objetivos se ha marcado su partido
en estos comicios?
—Nos hemos fijado el objetivo de
conseguir el mejor resultado posible para gobernar con comodidad y poder
aplicar nuestro programa con las mínimas hipotecas posibles. Nuestra intención
es explicar nuestras propuestas y hacer valer la experiencia de estos tres años
en el gobierno. La gestión hecha es una garantía para los ciudadanos a la hora
de votar.
—En número de votos y escaños, las
encuestas apuntan a CiU como la formación ganadora de los comicios del 1 de
noviembre. ¿Qué lectura le merecen estos datos?
—El resultado de las elecciones es el
único que cuenta. Las encuestas sirven para detectar tendencias que hay entre
la población. Y las tendencias que marcan las encuestas es que los socialistas
hemos ido mejorando en intención de voto. Hay encuestas que nos dan el mismo
número de escaños que CiU. En todo caso, está claro que la mayoría de los
catalanes no quiere que vuelva a Cataluña un gobierno conservador. Y yo quiero
ganar las elecciones, no las encuestas, aunque algunas apuntan sorpresas.
—De todos modos después de las
elecciones, todo indica que el partido ganador deberá llegar pactos para
gobernar. ¿El PSC estaría dispuesto a reeditar el tripartito con ERC e
ICV-EUiA?
—Yo aspiro a gobernar con una mayoría
suficientemente amplia para aplicar con comodidad el programa, que se basa en
el desarrollo y la profundización del Estado del Bienestar, lo que hemos
llamado catalanismo social. Sólo un presidente socialista garantiza un gobierno
sólido y estable.
—¿Contempla la posibilidad de un
gobierno entre CiU y ERC?
—Sí, esa es una de las opciones que hay
después del 1 de noviembre: la posibilidad de un frente nacionalista que
excluya a todos los catalanes que no somos nacionalistas, y que defendemos
Cataluña desde una perspectiva que nada tiene que ver con el victimismo ni con
la reivincidación continua y estéril. Yo defenderé con firmeza los intereses de
Cataluña, pero desde el diálogo y la colaboración con España.
—¿Y un ejecutivo CiU-PP?
—Es otra de las opciones, un frente de
derechas. Esto comportaría recortes en los avances sociales que ha hecho el
gobierno de Pasqual Maragall durante tres años. Y este pacto, siempre que han
tenido la oportunidad lo han hecho.
—Usted se presenta ante los electores
como el mejor garante frente a la derecha, pero en Cataluña un sector social
importante descarta la dicotomía derecha-izquierda y la sustituye por la de
nacionalista y no nacionalista. ¿No cree que esta realidad social pude restarle
votos al PSC?
—Han sido los partidos de derechas, y muy
especialmente CiU, los interesados en hacer creer a los ciudadanos que no hay
diferencias entre las derechas y las izquierdas. Los 23 años de gobierno
nacionalista en Cataluña han creado la sensación de que el debate es otro, se
han dedicado a repartir carnets de catalanidad. Pero la realidad, y creo que
así lo perciben los ciudadanos, es más amplia que todo eso. El ejecutivo de
Pasqual Maragall ha incrementado en casi un 60% la inversión en políticas
sociales. En tiempos del gobierno de CiU había recursos para hacerlo, pero
Pujol no lo hizo, porque CiU es un partido de derechas, y por lo tanto las
escuelas, los hospitales y la atención pública a personas dependientes no son
su prioridad.
—La abstención es otra constante de las
elecciones autonómicas catalanas y perjudica sobre todo a su partido. ¿Confía
en que la participación será más elevada que en 2003?
—Eso lo veremos el día de las elecciones.
Creo que nuestro electorado se va a movilizar, porque saben lo que significaría
un gobierno de CiU y PP otra vez en la Generalitat. La gente está sensibilizada, y algunas estratagemas de CiU incluso se le pueden
volver en contra. Confío en que haya una buena participación, y que obtengamos
unos buenos resultados.
— Si usted es elegido presidente de la Generalitat, ¿cuáles serán las primeras medidas políticas que impulsará?
—Hace algunas semanas ya anuncié que la
primera ley que mi gobierno enviará al Parlamento catalán será la Ley de Servicios Sociales. Es una ley que universaliza estos servicios para toda la población
y complementa la Ley de ayuda a las personas dependientes aprobada
recientemente en las Cortes, e impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero. En
la legislatura que ahora hemos acabado esta Ley de Servicios Sociales estuvo a
punto de aprobarse, pero CiU ralentizó los trámites y no pudo ver la luz.
—¿La aplicación del nuevo Estatuto sería
otra de sus prioridades?
—Sin duda. Aplicarlo y ponerlo al
servicio de los ciudadanos. Es un instrumento que debemos aprovechar al máximo.
Nos hemos dotado de más autogobierno, y eso se tiene que notar en cada casa. Yo
quiero acercar el Estatuto a los ciudadanos. Conmigo que no cuenten para
reformarlo com propone Mas.
—¿El conjunto de la sociedad catalana
está preparada para tener un presidente de la Generalitat no nacionalista?
—El nacionalismo representa sólo una
parte de la sociedad catalana. Yo me defino como catalanista. Mi gobierno será
más integrador. El nacionalismo tiende a excluir una parte de la sociedad, no
es un proyecto inclusivo. Es más, se puede ser muy nacionalista y aún así no
defender bien los intereses de Cataluña. El conjunto de la sociedad no sólo
está preparada para tener un presidente no nacionalista, como se ha visto en
los últimos tres años, sino que creo que sabe valorar más los hechos que las
palabras.
—En su opinión, ¿el PSC ha conseguido
superar sus discrepancias internas entre las corrientes más catalanistas y el
aparato del partido?
—No creo que haya diferencias. El PSC es
un partido plural, el mejor reflejo de la sociedad catalana. Es plural y a la
vez tiene un equipo unido, y eso se puede comprobar, por ejemplo, viendo
nuestras listas electorales.
—¿Piensa que Pasqual Maragall debería
jugar un papel relevante, si así lo desea, en la próxima legislatura catalana?
—Pasqual Maragall tiene de momento
durante la campaña electoral el papel relevante que se merece como presidente
de la Generalitat y como presidente del PSC. Los que lo conocemos sabemos que
es una persona activa, y creo que está claro que seguirá trabajando en el
proyecto socialista, como ha hecho des de el Gobierno de la Generalitat y como hizo como alcalde de Barcelona.
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