Hemeroteca Esta semana
Nº 713
23/10/2006

José Montilla, candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat


“LA MAYORÍA DE LOS CATALANES NO QUIERE UN GOBIERNO CONSERVADOR”

El candidato del PSC a la Presidencia de la Generalitat en los comicios autonómicos del 1 de noviembre, José Montilla, pone de manifiesto en esta entrevista con El Siglo que “la victoria de las fuerzas de derecha puede comportar retrocesos, al igual que un frente nacionalista afectará nuestras relaciones con España”. El presidenciable socialista dice que aspira “a gobernar con una mayoría suficientemente amplia para aplicar con comodidad el programa” del PSC, “que se basa en el desarrollo y la profundización del Estado del Bienestar”. Su segunda prioridad será la aplicación del nuevo Estatuto, porque “es un instrumento que debemos aprovechar al máximo”, ya que “nos hemos dotado de más autogobierno”. Montilla se define como “catalanista” y asegura que “el nacionalismo tiende a excluir una parte de la sociedad, no es un proyecto inclusivo”.

Por Paco Soto (Barcelona)

—Cómo analiza la situación de estas  elecciones catalanas?    

— Son unas elecciones decisivas, porque están en juego dos cosas. En primer lugar, el nuevo gobierno deberá desplegar el Estatuto con toda la convicción, y pienso que eso sólo lo garantizamos los que, como el PSC, defendimos su reforma desde el primer momento, sin vaivenes partidistas y con determinación. En segundo lugar, las elecciones son decisivas porque la próxima legislatura deberemos profundizar en las reformas sociales emprendidas por el gobierno de Pasqual Maragall. La victoria de las fuerzas de derecha puede comportar retrocesos, al igual que un frente nacionalista afectará nuestras relaciones con España. La garantía de un gobierno estable es un presidente socialista.

—¿Qué objetivos se ha marcado su partido en estos comicios?

—Nos hemos fijado el objetivo de conseguir el mejor resultado posible para gobernar con comodidad y poder aplicar nuestro programa con las mínimas hipotecas posibles. Nuestra intención es explicar nuestras propuestas y hacer valer la experiencia de estos tres años en el gobierno. La gestión hecha es una garantía para los ciudadanos a la hora de votar.

—En número de votos y escaños, las encuestas apuntan a CiU como la formación ganadora de los comicios del 1 de noviembre. ¿Qué lectura le merecen estos datos?

—El resultado de las elecciones es el único que cuenta. Las encuestas sirven para detectar tendencias que hay entre la población. Y las tendencias que marcan las encuestas es que los socialistas hemos ido mejorando en intención de voto. Hay encuestas que nos dan el mismo número de escaños que CiU. En todo caso, está claro que la mayoría de los catalanes no quiere que vuelva a Cataluña un gobierno conservador. Y yo quiero ganar las elecciones, no las encuestas, aunque algunas apuntan sorpresas.

—De todos modos después de las elecciones, todo indica que el partido ganador deberá llegar  pactos para gobernar. ¿El PSC estaría dispuesto a reeditar el tripartito con ERC e ICV-EUiA?

—Yo aspiro a gobernar con una mayoría suficientemente amplia para aplicar con comodidad el programa, que se basa en el desarrollo y la profundización del Estado del Bienestar, lo que hemos llamado catalanismo social. Sólo un presidente socialista garantiza un gobierno sólido y estable.

—¿Contempla  la posibilidad de un gobierno entre CiU y ERC?

—Sí, esa es una de las opciones que hay después del 1 de noviembre: la posibilidad de un frente nacionalista que excluya a todos los catalanes que no somos nacionalistas, y que defendemos Cataluña desde una perspectiva que nada tiene que ver con el victimismo ni con la reivincidación continua y estéril. Yo defenderé con firmeza los intereses de Cataluña, pero desde el diálogo y la colaboración con España.

—¿Y un ejecutivo CiU-PP?

—Es otra de las opciones, un frente de derechas. Esto comportaría recortes en los avances sociales que ha hecho el gobierno de Pasqual Maragall durante tres años. Y este pacto, siempre que han tenido la oportunidad lo han hecho.

—Usted se presenta ante los electores como el mejor garante frente a la derecha, pero en Cataluña un sector social importante descarta la dicotomía derecha-izquierda y la sustituye por la de nacionalista y no nacionalista. ¿No cree que esta realidad social pude restarle votos al PSC?

—Han sido los partidos de derechas, y muy especialmente CiU, los interesados en hacer creer a los ciudadanos que no hay diferencias entre las derechas y las izquierdas. Los 23 años de gobierno nacionalista en Cataluña han creado la sensación de que el debate es otro, se han dedicado a repartir carnets de catalanidad. Pero la realidad, y creo que así lo perciben los ciudadanos, es más amplia que todo eso. El ejecutivo de Pasqual Maragall ha incrementado en casi un 60% la inversión en políticas sociales. En tiempos del gobierno de CiU había recursos para hacerlo, pero Pujol no lo hizo, porque CiU es un partido de derechas, y por lo tanto las escuelas, los hospitales y la atención pública a personas dependientes no son su prioridad.

—La abstención es otra constante de las elecciones autonómicas catalanas y perjudica sobre todo a su partido. ¿Confía en que la participación será más elevada que en 2003?

—Eso lo veremos el día de las elecciones. Creo que nuestro electorado se va a movilizar, porque saben lo que significaría un gobierno de CiU y PP otra vez en la Generalitat. La gente está sensibilizada, y algunas estratagemas de CiU incluso se le pueden volver en contra. Confío en que haya una buena participación, y que obtengamos unos buenos resultados.

— Si usted es elegido presidente de la Generalitat, ¿cuáles serán las primeras medidas políticas que impulsará?

—Hace algunas semanas ya anuncié que la primera ley que mi gobierno enviará al Parlamento catalán será la Ley de Servicios Sociales. Es una ley que universaliza estos servicios para toda la población y complementa la Ley de ayuda a las personas dependientes aprobada recientemente en las Cortes, e impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero. En la legislatura que ahora hemos acabado esta Ley de Servicios Sociales estuvo a punto de aprobarse, pero CiU ralentizó los trámites y no pudo ver la luz.

—¿La aplicación del nuevo Estatuto sería otra de sus prioridades?

—Sin duda. Aplicarlo y ponerlo al servicio de los ciudadanos. Es un instrumento que debemos aprovechar al máximo. Nos hemos dotado de más autogobierno, y eso se tiene que notar en cada casa. Yo quiero acercar el Estatuto a los ciudadanos. Conmigo que no cuenten para reformarlo com propone Mas.

—¿El conjunto de la sociedad catalana está preparada para tener un presidente de la Generalitat no nacionalista?

—El nacionalismo representa sólo una parte de la sociedad catalana. Yo me defino como catalanista. Mi gobierno será más integrador. El nacionalismo tiende a excluir una parte de la sociedad, no es un proyecto inclusivo. Es más, se puede ser muy nacionalista y aún así no defender bien los intereses de Cataluña. El conjunto de la sociedad no sólo está preparada para tener un presidente no nacionalista, como se ha visto en los últimos tres años, sino que creo que sabe valorar más los hechos que las palabras.

—En su opinión, ¿el PSC ha conseguido superar sus discrepancias internas entre las corrientes más catalanistas y el aparato del partido?

—No creo que haya diferencias. El PSC es un partido plural, el mejor reflejo de la sociedad catalana. Es plural y a la vez tiene un equipo unido, y eso se puede comprobar, por ejemplo, viendo nuestras listas electorales.

—¿Piensa que Pasqual Maragall debería jugar un papel relevante, si así lo desea, en la próxima legislatura catalana?

—Pasqual Maragall tiene de momento durante la campaña electoral el papel relevante que se merece como presidente de la Generalitat y como presidente del PSC. Los que lo conocemos sabemos que es una persona activa, y creo que está claro que seguirá trabajando en el proyecto socialista, como ha hecho des de el Gobierno de la Generalitat y como hizo como alcalde de Barcelona.

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