Nº 713 -23 de octubre de 2006
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Anna Politkovskaya y la 'lucha' contra el terrorismo

por Juan Antonio Barrio


E l asesinato a tiros de la periodista Anna Politkovskaya no puede decirse que haya pasado inad-
vertido. Las protestas en Moscú existieron y también acompañaron la visita a Dresde de V. Putin. Y quizás fueron mas intensas porque teníamos, fuera de Rusia, una cierta mala conciencia. Anna Politkowstaya había dedicado una parte importante de su tiempo y su trabajo a denunciar una guerra olvidada: Chechenia. Y también los excesos de las tropas rusas y del hombre fuerte checheno –y protegido de Putin– Kadirov. Pero, claro, para Putin no hay tal guerra, sino "bandidos" y "terroristas" que luchan contra un gobierno legítimo que, eso sí, no duraría mucho sin el apoyo constante de Moscú. Y claro, las democracias occidentales no cuestionan esta versión, no vaya a ser que Putin corte el grifo del gas. O recuerde las miserias "iraquíes". Así que todo se tapa en la "común" lucha contra el terrorismo.

Pero Anna Politkovskaya no se callaba. El 5 de octubre, en su última aparición pública, afirmó: "Estoy llevando a cabo una investigación. Se trata de torturas que se cometen y se han cometido en las cárceles de Kadirov. Esas personas fueron secuestradas por los hombres de Kadirov, no se sabe exactamente por qué". Y también: "Mi único sueño es que Kadirov se siente en el banquillo de los acusados y se haga justicia".

Putin ha prometido "todo lo necesario para aclarar el crimen". Ojala fuera así. Lamentablemente la política que ha seguido hasta ahora no permite optimismos. ¿Qué pa-saría si la investigación lleva cerca de Kadirov?, ¿a alguna cloaca mas cercana?, al Kremlin? Putin no dejará caer a Kadinov, a no ser para poner a alguien mas presentable que impida lo que en su día toleró: la autodeterminación de Chechenia. Eso sí, en plena ley del embudo, Pu-tin apoya a los secesionistas pro rusos de Abjasia y Osetia del Sur en sus pretensiones de separarse de Georgia. Tampoco permite optimismos lo sucedido hasta la fecha: centenares de altos funcionarios han sido asesinados por sicarios , entre ellos seis alcaldes de la provincia de Moscú y más de 200 periodistas. De hecho, después del asesinato de Anna Politkovskaya ha sido asesinado en Moscú el gerente de la agencia de noticias rusa Itar-Tass.

Recientemente, también fue asesinado Andrei Kozlov, responsable de la luch contra el lavado de dinero que
practican muchas entidades bancarias rusas. Otro símbolo.

Parece ser que Putin asegura que se llevará a cabo una "investigación objetiva" después de una conversación con George Bush. Hubiera sido interesante conocer lo que se dijo en esa conversación. Bush, tan dolido por el crimen y tan poco por Guantánamo, las cárceles secretas, los "métodos persuasivos" de interrogatorio. Tan pulcro con las libertades democráticas. Con fondos secretos "para evitar que los terroristas se enteren de lo que vamos a hacer". Él, a quien no le tiembla el pulso para utilizar en un número de veces improcedentes el "privilegio presidencial" (sign up) para evitar controles parlamentarios, tan anticuados, tan molestos y tan ineficaces en la lucha contra el terrorismo, debe estar muy preocupado por los secuestros... en Chechenia.

¿Y nosotros? ¿Podría hacer algo la Unión Europea? ¿El Parlamento? ¿El Consejo de Europa? Sí, por simbó-
lico que pueda resultar, pero al menos algo que nos permita pensar que las cosas no van a ir sistemáticamente a peor, que no todo se puede sacrificar a ese leviatán de la lucha contra el terrorismo, de la razón de Estado entendida como un deterioro sistemático de las libertades. Algo que nos permita, en el centenario de Hanna Arendt, pensar que no vamos a permitir la complacencia, la indiferencia, la banalidad del mal.

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