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C. S. I. Madrid
Ahora que los españoles somos absolutos expertos en investigación policial, de esa sofisticada, de la científica, gracias a los cursos avanzados que nos proporcionan las enseñanzas de las series de TV, no deja de sorprendernos la verdadera payasada de falta de rigor de parte, espero, de la llamada policía científica española, mayor sorpresa para los ávidos lectores de novela negra. Tal vez sea que están aprendiendo, como el resto de los españoles, en la misma academia a distancia. No se sabe cuál es la formación de los brillantes agentes peliculeros norteamericanos que resuelven con rapidez, precisión y eficacia sus casos. Pero es que aparte de la preparación técnica, que la deben dar los laboratorios de análisis, químicos, médicos, físicos, grafológicos, se requiere algo tan elemental como la aplicación de algo aparentemente tan simple como la lógica y la intuición, también llamada olfato. El ácido bórico de toda la vida se usó, hasta que se prohibió, como conservante de pescado y marisco. También se usa como producto higiénico para evitar la transpiración. Luego si en dos lugares existe tal sustancia lo sensato es suponer que sus moradores tienen los mismos hábitos higiénicos, porque a los dos les huelen igual de mal los pies. Punto. O bien que tales hábitos además los han aprendido unos de otros, por consiguiente existe relación ente ellos. Por consiguiente habrá que realizar una exhaustiva investigación en todas las droguerías de España, o mejor de Europa a través de la Interpol, para conocer a todas las personas que han comprado ácido bórico en los últimos tiempos. Ya que no cabe duda que todos ellos estarán relacionados, que se preparen los malolientes. Es igual que si la sustancia encontrada hubiera sido jabón de lavadora: revela sin duda que ha habido un aprendizaje conjunto de esa cosa tan extraña que es lavar la ropa, luego todas las personas que hacen tan extraña cosa estarán relacionadas entre sí. Brillante. La cuestión de si el informe policial sobre el ácido bórico era anteior, posterior, manipulado, escondido, aflorado, encontrado, sustraído ya lo dirán los tribunales. Lo que es preocupante es que ante tamaña y descomunal prueba del TBO se gasten recursos policiales. Y peor todavía que alguien pueda dar pábulo a semejante descubrimiento. Pero la cosa no queda ahí; más preocupante todavía es que se esté practicando un sumario paralelo al oficial sin ninguna garantía de investigación sumarial. En una novela policíaca, todo lector sabe que es una novela, es decir, ficción. Pero si una novela se pone en primera página de un diario deja de ser información para pasar a ser ficción, y el periódico deja de ser tal. La confusión que se crea pasa a ser total. Imaginemos que en vez de ácido bórico se hubiera tratado de cualquier producto químico de enrevesado nombre que por supuesto puede encontrarse en cualquier producto de limpieza. Intenta luego decir, después de publicado a los cuatro vientos, que no tiene que ver nada una cosa con la otra. Bueno, y silo que se encuentra es clorato potásico que además de servir para aliviar el dolor de garganta los chavales lo usan para fabricar pólvora negra, ni te cuento. Los límites de la libertad de expresión están sólo en la fama y el honor de las personas, no en el respeto a la verdad y la lógica. Lo malo es que esa libertad a veces se usa con una única finalidad, la OJD. Para los no familiarizados con la expresión, significa Oficina de Justificación de la Difusión, que es una entidad privada de la que forman parte la mayoría de los medios de comunicación escritos que certifica la difusión; para entendernos y fuera de tecnicismos, o sea, la venta de ejemplares. Mayor ingreso por ventas y más importante todavía: a efectos de publicidad mayor número de destinatarios, más ingresos publicitarios. En España hoy existe una pugna absoluta entre los grandes periódicos nacionales por el mercado. Caen El País y ABC, sube El Mundo y apenas La Razón. La venta de ejemplares por promociones (libros, vajillas, monedas, deuvedés, y demás inventos), gratuitas o de pago, se está agotando; la prensa gratuita hace mella; la edición digital de los periódicos (inconcebiblemente gratuita) quita venta de ejemplares. Y hay que justificarse ante el consejo de administración. Hay que vender como sea. ¿Vale ese como sea? Legalmente desde luego. Sólo puede existir un juez para decidirlo, el comprador y el lector del periódico. Y aquí viene la mayor de las preocupaciones, ¿están interesadas algunas personas en conocer la verdad, o prefieren fabricársela a medida?. Fernando F. Trocóniz |
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