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Nº 712 - 16 de octubre de 2006

El ‘no’ de Bono compromete Madrid

PATINAZO

Fueron enemigos en la batalla por la secretaría general del PSOE. Luego, el ganador llamó a su lado al perdedor y le hizo ministro. Después de dos años el ministro se marchó aparentemente reclamado por su familia y con el visto bueno del presidente. Pero ahora éste le ha llamado y el antiguo adversario le ha dicho que no. El pulso entre Zapatero y Bono esta vez, sin embargo, sí tendrá consecuencias cruentas. Se acabaron los elogios mutuos y las declaraciones de amistad y lealtad. La crucial candidatura socialista a la alcaldía de Madrid necesitaba de la figura de Bono y éste no ha querido asumirla. Es más, la forma en que el ex ministro la ha rechazado ha generado una tensión en el partido que parecía olvidada y que está ya perjudicando seriamente las perspectivas electorales de los socialistas en la capital de España.

Por Inmaculada Sánchez

E stamos mucho peor que antes”, se lamentaba un alto cargo del socialismo madrileño la tarde del miércoles. El culebrón en que se convirtió la semana pasada la elección del candidato socialista a la alcaldía de Madrid parecía estar escrita por un malvado guionista televisivo. Difícilmente podía resultar peor para la estrategia del PSOE. Los socialistas de Madrid pasaron, en apenas unas horas, de la sincera euforia al desánimo, la frustración y el abierto enfado.

Todo comenzó hace varias semanas, cuando el presidente decidió retirar a la candidata oficial, Trinidad Jiménez, del ayuntamiento de Madrid y llevársela al Ministerio de Asuntos Exteriores como Secretaria de Estado sin anunciar a la vez quién iba a ser su sustituto. Los caminos en su búsqueda encallaban en José Bono la semana pasada pero el veterano ex ministro, lejos de plegarse a la indisimulada estrategia de Zapatero y el partido para que no pudiera negarse, volvía a exhibir su indómito carácter y decía “no” para pasmo de sus compañeros.

El rocambolesco episodio no sólo ha dejado seriamente “tocadas” las posibilidades del PSOE en una plaza tan complicada como Madrid sino que ha supuesto un duro golpe a la autoridad del mismísimo Rodríguez Zapatero. La forma en que Bono comunicaba finalmente su decisión de rechazar la oferta daba una clara “bofetada” al líder del PSOE ya que era a Manuel Chaves, presidente del partido y de la Junta andaluza, a quien se lo comunicaba en primer lugar: el antiguo barón socialista se “saltaba” no sólo a José Blanco, secretario de Organización federal, o a Rafael Simancas, secretario de los socialistas madrileños, sino al mismo Zapatero al elegir a Chaves para poner fin a las especulaciones.

En Ferraz no ocultaban su disgusto y el Secretario de Organización, José Blanco, tampoco se preocupaba en disimular. “He conocido la decisión a través de los medios”, dijo, para añadir a continuación que respetaba la decisión del ex ministro de “mantenerse retirado de la política”, una frase que algunos socialistas han querido interpretar como un “aviso” al manchego de que su negativa no va a salirle gratis si pretende algún otro cargo en el futuro.

El cartel del PSOE para la alcaldía madrileña parece envenenado desde hace tiempo. Los socialistas llevan 18 años sin ocupar el sillón del alcalde, justo desde que el hoy senador Juan Barranco se sentara en él durante menos de dos años, después de los dos emblemáticos mandatos del recordado Enrique Tierno Galván, y de que fuera desalojado por una moción de censura encabezada por el también desaparecido Agustín Rodríguez-Sahagún. José María Alvarez del Manzano fue alcalde por el PP durante tres legislaturas consecutivas y, desde las últimas elecciones municipales, en 2003, Alberto Ruiz-Gallardón ocupa el principal despacho del consistorio. Paralelamente, la presidencia de la Comunidad madrileña también lleva más de una década en manos de los populares, con el citado Ruiz-Gallardón, primero, y Esperanza Aguirre, después, al frente de sus candidaturas.

La categoría y el simbolismo de Madrid ha hecho que Zapatero se atreviera a lanzar en la capital sus apuestas más arriesgadas desde sus primeros momentos como líder del PSOE, y aunque en anteriores  ocasiones tampoco cosechó grandes resultados, ha sido la reciente “operación Bono” la que, sin duda, lo ha dejado más en evidencia.

A pesar de que desde que ocupa La Moncloa son pocos los socialistas que se atreven a criticar ninguna de sus actuaciones, el despropósito de la candidatura de Madrid y cómo se está gestionando ésta desde Ferraz lleva tiempo sumiendo en el desconcierto a los socialistas madrileños, algunos de los cuales llevan semanas quejándose en privado..

“Por la mañana todos pensábamos que ya estaba cerrado”, explica un dirigente del Partido Socialista de Madrid (PSM) refiriéndose a la candidatura de Bono, a sus ambiguas palabras dejando la puerta abierta del día anterior y, sobre todo, a la comunicación de Ferraz de que era “inminente” una petición oficial del partido para que el manchego se convirtiese en candidato. “No entiendo lo que ha pasado”, se queja amargamente otro cargo del PSM experto en campañas y estrategias electorales y que mira perplejo cómo se ha expuesto al público una negociación que debía haberse producido en secreto.

El primer error que las fuentes consultadas identifican en el origen del patinazo es el nombramiento de Trinidad Jiménez como Secretaria de Estado para Iberoamérica sin tener amarrado su sustituto. Informaciones solventes apuntan a que fue la creciente incomodidad de la portavoz socialista en el ayuntamiento debido a los rumores sobre la búsqueda de otros candidatos la que presionó a Zapatero para reclamarla antes de tener resuelto el cartel electoral.

“Si no se consigue convencer a Solana o a otro de su peso, y eso hoy sólo lo puede hacer el presidente, le tendrá que “tocar” a Trini, aunque no quiera, porque es la mejor opción”, explicaban en el PSM antes del verano, conscientes de que su portavoz en el ayuntamiento suspiraba por un cargo más cerca de Zapatero. Nadie contaba, entonces, con que Trini se fuera sin tener relevo. Pero así lo decidió Zapatero, de la misma manera que decidió, hace cuatro años, que Jiménez fuera la candidata a la alcaldía, en lugar del citado Solana, para transmitir una imagen de cambio generacional y de autoridad interna.

Inmediatamente se inició la búsqueda, y tal como El Siglo contó hace tres semanas en su número 709 (Ver “Madrid le da calabazas a ZP”) todos los tentados, uno tras otro, fueron diciéndole “no” al presidente. Incluso públicamente para desesperación de los estrategas electorales del partido en Madrid.

Felipe González llegó a emular a San Pedro con sus tres “noes” en respuesta a la pregunta de “¿Qué quiere que le diga, si me gustaría? No, no y no”, afirmó tajante. El antiguo vetado Solana respondía ahora desde Europa que la candidatura madrileña “no está en mis planes vitales”. Incluso José Borrell afirmaba tajante desde la presidencia del Parlamento europeo que su candidatura era “un rumor sin fundamento alguno”.

José Bono, por su parte, también contestaba en público a las insistentes informaciones que lo situaban como uno de los candidatos al que las encuestas del partido concedían mejores posibilidades frente a Ruiz-Gallardón. “No soy de Madrid ni vivo en Madrid. Nunca me han gustado los paracaidistas en política”. “Me he ido hace muy poco y no estoy para volver”.  Aparentemente, tampoco estaba dispuesto.

¿Qué ha ocurrido, entonces, para que se produjese el espectáculo de la semana pasada? Sólo el presidente del Gobierno, José Blanco y, quizá, Rafa Simancas estén en el secreto de una de las mayores equivocaciones cometidas por Rodríguez Zapatero desde que se instaló en Moncloa.

Fuentes bien informadas de cómo se está gestando la estrategia de cara a las municipales y autonómicas, sin embargo, dan algunas claves para desentrañar el misterio. Muchas de ellas confluyen en Pepe Blanco y sus encuestas, por un lado,  y en las aún ocultas aspiraciones de Bono, por otro.

El cada día más poderoso secretario de Organización federal (Ver recuadro “Con López Aguilar pudo, con Bono, no”) atesoraba del verano para acá, unos sondeos que, sin duda alguna, colocaban al perfil de José Bono como el más idóneo para intentar desbancar a Ruiz-Gallardón en la capital de España.

Esa certeza fue la que llevó a Blanco a intentar que el presidente Zapatero volviese a ejercer presión sobre el ex ministro para que reconsiderase su actitud. Blanco también apoyaba su solicitud en informaciones que le llegaban desde las cercanías del antiguo presidente manchego.

De acuerdo con ellas, Bono, que había conseguido de Zapatero aparecer en su día como el administrador de su marcha del Gobierno cuando en realidad fue el presidente quien le puso le fecha y la hora, acariciaba un lustroso retorno a la política nacional aunque en un futuro algo más alejado de su abandono del Gabinete.

Según estas informaciones Bono pretendía ser incluído en las listas a las elecciones generales de 2008 en un puesto de relieve, ser diputado y, dada por supuesta una nueva victoria del PSOE, ser propuesto y elegido presidente del Congreso de los Diputados, uno de los cargos institucionales de mayor prestigio.

En las cocinas de Ferraz y Moncloa se abrigó la esperanza de “cobrar” por adelantado a Bono ese supuesto futuro exigiéndole el sacrificio de concurrir a a las difíciles elecciones municipales de Madrid con el aliciente añadido de que las encuestas le concedían muchas posibilidades de ganar.

Zapatero se entregó con entusiasmo a la labor de repescar al ex ministro desplegando una estrategia que incluía filtrar su insistencia a los medios como medida de presión aunque ello añadiese un riesgo a la negociación: la de dar luz pública a un pulso aún no resuelto.

 Bono respondió el martes con una ambigüedad que dio alas a Ferraz para dar la partida por ganada. “Debo decir que es algo que personalmente me agrada. No me amargan los dulces. Me alegra que en mi partido se acuerden de mí para un puesto de esa importancia”, afirmó.

Aunque también dijo: “Decidí dejar la  primera línea política hace unos meses para dedicarme a mi familia, con la conformidad y el beneplácito del presidente del Gobierno. En ello estoy”. Y también: “El partido sabe que yo quiero seguir en segunda línea”.

A pesar de que fuentes cercanas a Bono se afanaban esa misma tarde en matizar las palabras del ex ministro y en asegurar que iba a resultarle muy difícil aceptar sin antes negar sus propias palabras de seis meses antes apelando a que quería estar más tiempo con su familia, los entusiastas de su candidatura  sólo quisieron ver en estos mensajes un intento de poner un precio más alto a su disponibilidad. El fiasco se precipitó de la peor manera posible para Moncloa y Ferraz. Bono no sólo no aceptaba la presión sino que hablaba con Chaves para comunicarle su negativa.

Al cierre de esta edición el frustrado candidato no había hecho declaración pública alguna. Tampoco los que le había elogiado horas antes como “el mejor candidato posible” habían dicho nada más que “respetaban” su decisión.  La búsqueda del candidato volvía a ser la prioridad, y esta vez, con mayores dificultades.

Poco antes de la “tormenta Bono” los socialistas de Madrid reclamaban a Zapatero a la vicepresidenta, Maria Teresa Fernández de la Vega, aunque el presidente se había negado en redondo. Aún se albergaba alguna esperanza respecto a Javier Solana. Incluso algún grupo de militantes de base estaban promocionando a la anterior portavoz municipal y ex ministra Matilde Fernández... Pero ¿Quién querrá ahora ocupar  el sitio tan ruidosamente despreciado por Bono?

Con López Aguilar pudo, con Bono, no

José Blanco, secretario de Organización del PSOE, debe buena parte de su actual autoridad en el partido a su dominio de los sondeos y los pronósticos electorales.  El joven gallego que Zapatero puso al frente del aparato en el año 2000 fue pronto conocido de puertas adentro como el hombre de las encuestas... que aciertan.

El propio Blanco hace alarde de ello siempre que la ocasión lo permite. Así, todo el partido sabe que fue él quien contó, sumó votos y predijo que Zapatero ganaba el congreso a Bono. Tampoco anduvo lejos de los resultados del  PSOE en las primeras municipales y autonómicas  a las que se enfrentó Zapatero desde la secretaría general del partido en 2003.

Con todo, su “éxito” más importante hasta el momento se fecha en el 14-M. Aunque es imposible demostrarlo Blanco aseguraba que sus encuestas le daban la victoria al PSOE antes de los atentados del 11-M.

Se le crea o no lo cierto es que el peso de sus encuestas están incidiendo en buena parte de la estrategia de cara a las municipales y autonómicas. Así, quienes conocen bien cómo se desarrolla ésta aseguran que la próxima designación de Juan Fernando López Aguilar como candidato a la presidencia de Canarias “fue un soterrado pulso de poder entre Blanco y uno de los ministros más cercanos a Zapatero” que ganó el secretario de Organización gracias, en parte, a la solvencia de sus sondeos, que apuntan, sin duda, a que el titular de Justicia es la mejor opción del PSOE en las islas.

Tal vez esa autoridad pueda haber llevado a Blanco a cometer indeseados errores en la “operación   Bono”. Sólo como un “colosal error” califican distintas fuentes socialistas que Ferraz vendiera la piel del oso antes de cazarla y anunciara que iba a solicitarle oficialmente que se presentara cuando aún no era seguro.

Bono o el timo de la estampita , por Enric Sopena


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