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Nº 712 |
16/10/2006 |
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Teresa Viejo, periodista
Por Karmen Garrido Ha trabajado en prensa escrita, radio y televisión. ¿Siente predilección por alguno de ellos? —Esta profesión permite tener experiencias muy diversas y tengo una actitud vital que me lleva a probarlas. Me parece un error anquilosarse en un medio cuando se tiene la posibilidad de probar los demás. Cada medio tiene cualidades que se ajustan a un momento de tu vida y a mí, me gusta oscilar, es un movimiento pendular profesional que entiendo también debe ser personal y anímico. Lo ideal es combinarlos porque me enganchan los tres. — ¿Prefiere hacer actualidad o programas que la acerquen más a la gente? —Creo que estoy en mi momento más pleno. También la época de Interviú lo fue pero ahora dispongo de cierta flexibilidad en los horarios y de cierta disponibilidad de tiempo pero necesito ambas cosas porque cuando hago sólo actualidad noto la falta de contacto con la gente y viceversa; es como si la parte periodística no estuviese lo suficientemente alimentada y este equilibrio que, tal vez no todos los profesionales tienen la suerte de poder abordar, me da mucha tranquilidad. Es como alimentar a la profesional y a la persona. — Hay quien la considera la presentadora fetiche de Antena 3, un comodín que sirve para todo. — Es verdad que en esta casa me ha ido acompañando la fortuna en los formatos que he realizado. Este es el tercer año de 7 días, 7 noches y hemos mantenido una buena audiencia, a pesar de tener una competencia demoledora. La cadena confía en mí y yo me siento muy cómoda en ella y es normal que cuando alguien funciona con diferentes formatos, lo aproveche; además soy muy moldeable y pizpireta y como pido siempre que me muevan, es muy cómodo para la cadena. —
ellas está la de aprender a reconocerse y aceptarse; cuando se tienen ya mis años, se olvida aquella necesidad permanente y endémica de ser perfecta que padecí en algún momento de mi trayectoria profesional. Ahora, cuando me equivoco, fallo o alguien me dice que no encajo en un determinado perfil, lo asumo con absoluta naturalidad porque sé que encajo en otras cosas. Soy como soy y me reconozco siendo Teresa, con los errores y aciertos que pueda tener. — Qué importancia tiene la imagen en la consecución de la atención y la confianza de los lectores, oyentes o teleespectadores? —Traduzco la imagen como eficacia y, la imagen es poderosísima pero lo es para mí, para el presidente del gobierno o para el líder la oposición, para el presidente de una empresa y para el jefe de recursos humanos. Nuestra primera tarjeta de presentación es siempre visual y eso es fantástico. Cuando la imagen es adecuada, correcta y solvente el producto es mucho más fácil de vender y yo no niego que me muevo en una profesión cuyo primer mensaje es audiovisual; siem pre ha de ser deglutido primero a través de la vista y después del oído por eso, dentro de la imagen, englobo también el tono de voz. Negar la importancia de la imagen que para mí es eficacia, credibilidad y solvencia me parecería una banalidad, aunque tal vez me distancie de la imagen de comunicado. ra al uso. —¿Tenemos las mujeres una forma dite. rente de hacer periodismo? —Se ha visto alguna vez obligada a pasar de puntillas o a eludir alguna información por presiones? — No, mi ejercicio profesional ha sido muy libre y me da la sensación de que eso no es lo habitual. Si no he publicado algo, ha sido porque no tenía lo suficientemente atada la información. A veces, hay que pelear más los temas y otras menos, pero nunca he tenido que renunciar a informar de algo por presiones. —Por qué cree que sigue habiendo tan pocas mujeres directoras de medios de comunicación, en puestos de responsabilidad en empresas o como miembros de Consejos te Administración? —Porque son madres. Esta sociedad sigue haciéndonos elegir entre la maternidad y la responsabilidad profesional. Sigue siendo muy difícil que una mujer pueda compatibilizar ambas facetas de su vida y si lo consigue, es porque tiene la ayuda muy cómplice de su pareja. No nos engañemos, ha-;amos todas examen de conciencia y dé-nonos cuenta de la de cosas que tenemos que hipotecar en el camino. Es tristísimo que a mayor carga siga recayendo sobre las mueres. Los poderes públicos empiezan a queer cambiar esta realidad, los políticos también intentan legislar en esa línea, pero quienes fallan son las grandes empresas que, mientras no incorporen de forma paritaria a las mujeres en los Consejos de Administración y no se reparta la cuota de poder, el cambio no se producirá. Los consejeros delegados de las grandes empresas de este país se lo están poniendo difícil al gobierno con la cuota femenina. Afirman que elijen en igualdad de condiciones pero que no hay mujeres. Y claro que no las hay porque, salvo que no tengan hijos, no están dispuestas a trabajar siete días ala semana, dieciocho horas al día. Cuando los hombres asuman la paternidad como las mujeres asumimos la maternidad, hablamos. Esa es la clave y no hay vuelta de hoja. —La dureza del discurso político persistey el principal partido en la oposición parece haberle tomado gusto al enroque. —El principal partido en la oposición está utilizando el discurso preelectoral, cuyo lenguaje es muy cáustico y depredador y debería ser utilizado en un corto periodo de tiempo porque si se mantiene de forma prolongada, a la larga, crea malestar y perturba socialmente innecesariamente. La sensación que tengo es que se está utilizando ese lenguaje preelectoral de ataques permanentes, que resulta inadecuado en este momento de nuestra vida política. — ¿Tanto tira y afloja en la información sobre el 11-M puede llegar a desorientar a los ciudadanos? — Existe una instrucción sobre el 11-M y está pendiente un juicio en el que se pronunciarán sentencias y el juicio paralelo que se está haciendo en todos los medios de comunicación, me parece un despropósito que daña enormemente los pilares democráticos y que los dos partidos mayoritarios lo utilicen como acicate para lo que cada uno desea, es repugnante. Espero que los ciudadanos tengan la madurez democrática suficiente como para tomarse esto como si fuese un pitorreo que es, en el fondo, lo que me parece. —Sigue estando convencida de que "este es un siglo de emociones y de sentimientos, un siglo en el que la comunicación de cómo estamos va a primar por encima de otras cosas". |
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