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José M. Rodríguez Uribes, director general de Apoyo
a Víctimas del Terrorismo
"LA ESTÁ SIENDO
UTILIZADA POR EL PP"
El nombre de José Manuel Rodríguez Uribes por sí solo no dice nada. Es el recién
nombrado director general de Apoyo a Víctimas del Terrorismo y de Atención al
Ciudadano. Este profesor titular de Filosofía del Derecho y Filosofía Política de la
Universidad Carlos Ill de Madrid recoge el testigo de Gregorio Peces-Barba, ex alto
comisionado de Apoyo a las Víctimas de Terrorismo. Ambos se han acompañado
durante los dos últimos años en su relación con los colectivos de afectados por el
terrorismo. A pesar de las críticas y las manifestaciones de la Asociación de
Víctimas del Terrorismo (AVT), defiende la labor "analítica" que ha realizado "don
Gregorio" y pide respecto hacia el presidente del Gobierno
Por Luis Marchal
— ¿Se siente el sucesor de Gregorio Peces-Barba?
—Si se quiere ver así, es un honor
para mí. Volviendo don Gregorio al ámbito universitario, se consideró que la mejor manera de atender a las víctimas del terrorismo es concentrar la antigua Subdirección General de Asistencia a las Víctimas del Ministerio de Interior y el Alto Comisionado en una Dirección General. De esta forma, se recogen las dos vías de trabajo que se habían desempeñado hasta ahora: la herencia de la antigua oficina de Interior y la filosofía del Alto Comisionado.
—¿Qué ventajas trae esta concentración?
— En dos años, el Alto Comisionado realizó más de 20 propuestas a diferentes órganos competentes. Éste cumplió su labor: hizo una tarea de diagnóstico de la situación y problemas de las víctimas, se preparó una reforma de la Ley de Solidaridad y se creó una estructura. Ahora ya no proponemos, sino que tomamos decisiones y tratamos de resolver los problemas directamente.
— ¿Marcará distancias respecto a la anterior labor del Alto Comisionado y de la oficina de Interior?
—No, la cuestión es realizar el trabajo de la mejor manera posible. La existencia dedos subdirecciones generales, la de Ayudas y la de Apoyo a las víctimas, bajo un mismo paraguas permite mayor coordinación y eficacia para solucionar los casos complejos.
— Hay víctimas que todavía no han sido reconocidas como tales.
—Cierto que existen cuestiones sin resolver, pero España es el país con el sistema de ayudas más avanzado. Lo dice el Consejo de Europa y lo comprobamos con nuestra presencia en foros internacionales. Uno de los gastos más altos del Ministerio de Interior tiene que ver con las prestaciones y becas a los afectados del terrorismo. Asimismo, la nueva Dirección General no es una mera reestructuración orgánica, dará mayor valor a la atención a las víctimas.
— ¿Y a la atención a los familiares de las víctimas?
— Los familiares son víctimas del terrorismo. No hay que confundir el reconocimiento a prestaciones con ser víctima o no. La familia cercana como los padres, los hijos, los viudos o los hermanos sufren el zarpazo del terrorismo.
— Con todo, ¿cuáles son sus objetivos como director general?
—Tengo tres grandes tareas en la cabeza. La primera es aumentar los niveles de coordinación con las administraciones autonómicas y locales. La segunda es tratar concercanía a las víctimas de terrorismo, que la Dirección General no sea un ente frío y lejano. De hecho, tendremos una única sede en Madrid que sirva de referencia. Y la tercera es seguir en contacto con los colectivos de afectados.
— Ahora mismo, ¿cómo están las relaciones con las administraciones, especialmente las dirigidas por el PP?
—Llevo unas semanas en el cargo. Pretendo reunirme con ellas, también con las del PP. Ya tengo alguna experiencia en ello al haber dirigido la Oficina del Alto Comisionado. Por ejemplo, en su momento visité la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Se trata de establecer cauces de colaboración institucional.
— Se ha referido al contacto con colectivos, ¿se limarán las asperezas existentes con la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)?
—Tengo una relación muy fluida con prácticamente todos los colectivos de víctimas. Es verdad que ha habido algunas dificultades y malentendidos con la AVT, pero las puertas de la Dirección General están abiertas a todos. Por tanto, también a la asociación que preside José Alcaraz, a sus dirigentes y a sus socios.
— ¿Se ha puesto en contacto con él para transmitirle este mensaje?
— Todavía no hemos hablado desde que soy director general. Sí que me he reunido con las víctimas extremeñas. Estuvieron todas las asociaciones, también la delegada de la AVT. Además, he asistido al encuentro entre la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) y la Ponencia de Víctimas del Parlamento Vasco (compuesta por diputados del PP, del PNV, del PSE, de Eusko Alkartasuna, de Aralar y de Ezker Batua).
—¿Considera que las víctimas están divididas?
— Es evidente que hay diferencias de criterio en torno al proceso de paz o en cuestiones relacionadas a la configuración de los distintos colectivos y su papel en la sociedad. Algunas discrepancias son positivas porque tienen que ver con el pluralismo político y social. Entre todos, habrá que limar las que son fruto de enfrentamientos personales e injustificados. La realidad es compleja, pero no se debe exagerar. Las víctimas son ciudadanos y no nos debe sorprender que tengan diferentes puntos de vista.
— Hay quien se sorprende de la voz que tienen las víctimas en la sociedad.
—Hay que escucharles. Pero no hay que hablar en singular de esta voz, sino de las voces. Éstas son plurales. No es lo mismo lo que opina el presidente de la AVT, José Alcaraz, que el de la Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo, Joaquín Vidal. Tampoco tienen el mismo parecer la presidenta de la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, Pilar Manjón, que la de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, Ángeles Domínguez.
—¿Es factible una reunión de todos estos colectivos juntos con usted?
—No sé si será factible, haré todo lo posible. Hay que sentar unas bases de diálogo,sin elementos de desconfianza. El alto comisionado consiguió reunir a todos el año pasado, pero fue un hecho que pasó desapercibido. Estuvimos dos días trabajando y conviviendo de una manera muy armónica. A veces, interesa más mostrar la discrepancia que la unión.
— La AVT afirma que representa a la mayoría de las víctimas.
— Según el propio Alcaraz, representa a una mayoría de las víctimas asociadas, con 3.000 socios. No sabemos exactamente cuántos miembros tiene cada asociación. Una cosa es participar en una asociación y otra es ser víctima. En España, hay en torno a 18.000 víctimas entre fallecidos, heridos, padres, hijos y viudos.
— ¿Qué opinión le merece las manifestaciones que organiza la AVT en contra de la negociación con ETA, como la del pasado 1 de febrero en Sevilla, y a las que acuden millares de ciudadanos?
— Me merecen todo el respeto del mundo como demócrata que soy y porque son personas que han sufrido el terrorismo en sus carnes. Pero también hay que pedir respeto hacia el presidente del Gobierno y el ministro de Interior. Por ejemplo, se ha dicho que José Luis Rodríguez Zapatero es el embajador de ETA. Hay que huir de utilizar a las víctimas. Tampoco comparto algunos de los planteamientos de estas concentraciones: saber la verdad –sobre el 11-M– en un Estado de Derecho es esperar al procedimiento judicial y a las sentencias de los magistrados. Además, es evidente que éste no es un proceso de claudicación.
— Respecto a conocer la verdad, parece extenderse la teoría de la conspiración entre algunas víctimas.
— Hay que ser coherentes. Cuando reclamamos que el proceso de paz se haga con claridad y de acuerdo con las normas de la democracia, debemos predicado con la investigación del 11-M. El respeto a la labor de los jueces es la clave para ajustar esa pretensión de conocer la verdad a la reglas del Estado de Derecho.
—¿ La AVT está manipulada por el PP?
— Está siendo utilizada. El PP utiliza los planteamientos de la AVT para beneficio propio. La oposición está teniendo un comportamiento desleal al Gobierno, que hace lo mismo que otros ejecutivos anteriores con el fin de acabar con la violencia. Se ha roto una norma escrita y no escrita de lealtad absoluta a la política antiterrorista de quien está en el poder. Y de atención a las víctimas, porque se ha intentado hacer política desde el PP en relación con este tema.
—¿En qué punto se encuentra el alto el fuego de ETA?
—Analizarlo no forma parte de mis funciones. Sólo puedo reiterar lo que dicen el presidente del Gobierno y el ministro de Interior en esta materia. El proceso es tan importante que exige cautela y paciencia. Es una cuestión de trabajar con determinación por conseguir lo que sería el mayor éxito de la democracia española: que no hubiera terrorismo.
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