Nº 712 - 16 de octubre de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De‘ABC’ y la Monarquía

L os intrincados vericuetos por donde trata de conducir José Antonio Zarzalejos el ABC de Vocento hacia el centrismo y la moderación provocan en alguna que otra ocasión cierto pasmo y más de una contradicción. Hace unos días el periódico más odiado actualmente por Jiménez Losantos, inflexible policía de la ortodoxia conservadora, se metió en el berenjenal de la polémica suscitada en la Universidad de Georgetown por el profesor Stanley G. Payne. Al cual no se le ocurrió otra cosa, tras pronunciar un discurso ante el príncipe Felipe, en la cátedra Príncipe de Asturias de esa Universidad, que conversar con los periodistas españoles presentes en el acto y espetar una barbaridad más propia de Losantos desde su púlpito radiofónico que de un docto historiador. Dijo Payne que “quienes deseen en España la Tercera República merecen ir al manicomio”.

Parece lógico deducir de tal expresión que quien sí padece trastorno mental, ojalá que transitorio, es precisamente Payne, otro converso a la doctrina neocon, que en sus intervenciones públicas en España se suma no a la línea de ABC acerca de la verdad sobre el 11-M y la teoría de la conspiración, sino a las tesis de El Mundo, la COPE y el diario digital de Losantos, Libertad Digital. Ha escrito Payne cosas infumables a propósito del diálogo con ETA poniendo como chupa de dómine al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Escribe habitualmente en El Mundo y no en ABC, que ahora empieza a ser ilustrativo de por donde van los tiros de unos y otros.

Por todo ello sorprende que al diario madrileño de Vocento, antes de la familia Luca de Tena, le parecieran bien las palabras de Payne, al cual califica el editorial como “ilustre académico”. ¿Insultar a los republicanos actuales ha de ser incluido en el muestrario de centrismo en el que se pretende situar ABC? Y agrega esta consideración: “Según la certera síntesis de Payne, la Primera República colapsó al país y la segunda lo dividió en una guerra civil”. ¿No son estas tesis las favoritas de la patulea de pseudohistoriadores, profesionales del revisionismo, que andan por ahí difundiendo demagogia antirrepublicana a granel, aparte de vociferar las consignas de Génova 13 sobre “queremos saber la verdad del 11-M”?

En cambio, el editorialista, después de criticar ridículamente a Zapatero por su republicanismo cívico, que nada tiene que ver con el republicanismo como forma de Estado, se adentra al final de su escrito en un terreno especialmente relevante y que cabe describir como el antimonarquismo de derechas. Asegura ABC que “hay otro fenómeno preocupante. Pescadores en río revuelto pretenden obtener rédito para sus intereses particulares a través de críticas o insinuaciones más o menos explícitas. Ciertos comunicadores se aprovechan de la buena voluntad de sus oyentes o lectores a favor de una “solución” vagamente republicana a los problemas actuales, amparada a veces en insidias o acusaciones gratuitas. Tal ejercicio de populismo “amarillo” pretende crear un clima de opinión que no existe, pero siembra vientos con la intención de recoger en algún momento las tempestades. Conviene estar atentos a estos enfoques, ciertamente muy minoritarios en la derecha, que confluyen de forma significativa con el extremismo izquierdista”

¿Cree Zarzalejos que la corriente no monárquica responde a “enfoques, ciertamente muy minoritarios en la derecha”?  Los comunicadores aludidos sin más concreciones todos sabemos quiénes son. Su influencia en la derecha no es escasa, sino todo lo contrario. De cuando en cuando destilan su nula simpatía hacia el monarca al que acusan veladamente o explícitamente de dejarse arrastrar por la izquierda y de ser incapaz de poner pie en pared respecto a lo que entienden ellos como paulatina ruptura de la unidad de España, por ejemplo. Achacan desde otros sectores cavernícolas a Juan Carlos de Borbón y Borbón el pecado de no defender los principios sagrados del conservadurismo y de ser ecléctico, laicista o relativista, según el lenguaje del pontífice Benedicto XVI, en cuestiones para ellos sagradas, como la familia, la enseñanza, el no al divorcio, el no al aborto y el no a los matrimonios homosexuales.

Hay que tener presente que segmentos no residuales de la derecha mantienen que el Rey traicionó el legado de Franco y que, en un ejercicio de travestismo político, pasó de los principios del Movimiento Nacional a la democracia de los partidos, incluidos los partidos de izquierdas y los nacionalistas de raíz vasca, gallega y catalana. Es verdad que son segmentos anclados en la nostalgia, pero existen y se alimentan además de la propaganda más polémica del Partido Popular, a la que formalmente es ajena la Casa Real. Formalmente la Corona es neutral, pero en la derecha perciben, probablemente con razón, que los Reyes, su heredero Felipe y Letizia Ortiz se sienten más cómodos con un presidente como Zapatero (también con González) que con Aznar. Esto es vox populi, aunque nadie lo confirmará oficialmente desde el palacio de la Zarzuela.

Luis G. del Cañuelo

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