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Nº 712 - 16 de octubre de 2006

El 'Probo Koala'


El fenómeno de la inmigración constituye hoy uno de los grandes temas de actualidad y se ha convertido en una de las preocupaciones centrales de los ciudadanos europeos.

Según el último sondeo del CIS, la inmigración (35,9%) es uno de los problemas que más preocupan a los españoles, por debajo del paro (46,8%), pero superando al terrorismo (26,9%) o a la vivienda (26,5%).

Las dramáticas imágenes de cayucos y pateras que asoman a nuestros telediarios, un día sí y otro también, debieran al menos movilizar a Europa en ayuda de África, un continente que es el gran olvidado de la globalización.

Empujados por la pobreza, África exporta sus excedentes demográficos como Europa exportó los suyos hacia América en los dos siglos pasados. Pero la situación de África hoy es mucho peor que la de Europa en el S. XIX.

África es un continente inmerso en la violencia, las rivalidades étnicas, las pandemias y los desastres naturales que lastran su futuro.

Por ejemplo, con respecto a las pandemias, el año pasado África registró el 85% de los 1,2 millones de muertes por malaria en todo el mundo y el 75% de los 2,1 millones de fallecimientos por SIDA.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la mayoría de los 53 países africanos se clasifican entre los que tienen un bajo desarrollo humano.

Y ello ha pesar de que África es un continente muy rico en recursos naturales.

Rico, como el gigante productor de petróleo que es Nigeria (100 millones de toneladas al año), pero donde el 37% de su población no tiene ningún acceso a los servicios de salud yel 60% no dispone de agua potable. África necesita un enfoque global que le permita afrontar sus más graves retos: erradicar la pobreza absoluta, combatir el fundamentalismo religioso, fomentar la paz, la democracia y proteger los derechos humanos, canalizar y controlar los flujos migratorios, el tratamiento del SIDA y la malaria...

Pero no parece que ello constituya prioridad alguna de los europeos. Más bien utilizamos a África como una reserva de mano de obra, que ahora nos preocupa porque desborda nuestras necesidades. O, más triste aún, como basurero de nuestro desarrollo.

Así lo muestra el caso del Probo Koala, historia escandalosa de gánsteres que abusan del mundo pobre, la cara sucia de la globalización.

El Probo Koala es un carguero de bandera panameña, propiedad de la firma griega Prime Marine Management y fletado por Trafigura, empresa holandesa por razones fiscales pero con sede real en Suiza, que a finales de julio descargó en Costa de Marfil un cargamento de 400.000 litros de residuos tóxicos, procedentes de Amsterdam. Ciertamente allí era mas caro tratarlos (500.000 euros) que en Costa de Marfil (15.000 euros).

El vertido ilegal de residuos tóxicos del Probo Koala costó la vida a 7 personas, cuatro de ellas niños, intoxicó a más de 10.000, y provocó mas de 35.000 consultas por intoxicación en los hospitales de Abiyán.

El Probo Koala se encuentra actualmente inmovilizado en un puerto de Estonia por los militantes de Greenpeace. Pero el caso ha creado una crisis política en Costa de Marfil, un país ya muy castigado por la guerra civil donde se habla de un "Chernóbil de marfil".

Todas las autoridades europeas saben que, según la Convención de Basilea sobre desechos peligrosos, cualquier país que exporte residuos tóxicos debe obtener previamente la autorización del país importador y contar con un permiso que detalle su contenido y que acompañe la carga durante todo el trayecto.

Pero la empresa holandesa Trafigura reconoció que no controló si la empresa africana de procesamiento de residuos Societe Tommy tenía capacidad para limpiar el cargamento tóxico. Ni los responsables de los puertos holandeses parecen haber controlado adecuadamente su cargamento ni su destino.

Este y otros episodios ponen de manifiesto la necesidad de imponer reglas más estrictas al tráfico de basuras contaminantes aceptadas por países en vías de desarrollo.

Ciertamente, al conocerse el caso del Probo Koala la opinión pública europea se conmovió. La UE envió sus expertos y se pidió la evacuación inmediata de los residuos. Pero, aunque reaccionamos ante un caso evidente y mediatizable, los europeos no somos conscientes de que la oleada migratoria africana que nos alarma es, en parte, consecuencia del avance del desierto en los países subsaharianos. La desertificación del territorio tiene por consecuencia la expulsión inevitable de sus habitantes, pero su causa son los desequilibrios ambientales globales provocados por nuestro modo de producción y consumo.

Ante los emigrantes que dejan su tierra para intentar llegar a El Dorado europeo y los residuos tóxicos que les enviamos, Europa puede hacer más y mejor para disminuir las desigualdades en el mundo. Empezando por no hacer de Africa el basurero de Europa. •

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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