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¡Al suelo, Montilla, que vienen los tuyos! Reina en la calle Nicaragua, cuartel general de los socialistas catalanes, cierta inquietud al no percibir síntomas reconfortantes de que un candidato charnego, primero en la historia, movilice a las bases españolas en unas autonómicas. La suerte de Josep Montilla depende, en efecto, de que despierte el electorado dormido. La palabra “charnego” ha sido excluida del catalán correcto pero no de la realidad política ni sociológica. La cuestión es si Montilla, nacido en Iznájar (Córdoba), pero que vive y trabaja en Cataluña desde muy jovencito, logrará rectificar la conducta electoral observable desde la democracia. Al ministro Jordi Sevilla le parecía prematuro que un charnego llegara a la presidencia de la Generalitat, según nos enteramos por la indiscreción de unos micrófonos mal cerrados. No obstante, es más probable que un charnego sea presidente de Cataluña que un catalán alcance la de España. En definitiva, el triunfo de Montilla dependerá de los catalanes no nacidos en Cataluña si éstos acuden a las urnas, y los de largo árbol genealógico no podrían impedirlo por razones de economía y geografía humana. El dinamismo catalán demandó trabajadores de otras regiones como el dinamismo actual de España precisa inmigrantes extranjeros. Hoy predominan los catalanes no nacidos en esta comunidad y sólo falta que acudan a las urnas en socorro del compañero rompiendo el esquema repetido desde hace mas de 35 años: los socialistas ganan en las generales y en las municipales de las urbes industriales y las pierden en las autonómicas en las que los inmigrantes no se sienten implicados, quizás por un sentido innato del reparto de poderes entre el ellos y el nosotros. La constancia durante todo el período democrático se acerca a la regularidad de una ley. Maragall, en la frontera del catalanismo con el nacionalismo, apostó por atraerse a los Puch, Colomer, Bosch, Canals y compañía dando por seguro que contaba con un yacimiento cautivo de Pérez, García, o López pero siempre le faltó un plus de movilización para ganar a Pujol y a Mas. Montilla tratará ahora de cambiar la costumbre, lo que demuestra valor y compromiso. No le ha importado dejar un ministerio, quizás la suprema ambición del político, para pelear en un combate difícil, sobre todo si no resucita el tripartito. Pueden albergarse dudas sobre la activación de las células dormidas pero no respecto al juego a la contra de muy distinguidos compañeros: “Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”, que decía Pío Cavanillas, un gallego del PP que sabía mucho de estas cosas. Pasqual Maragall no ha regateado comentarios displicentes o embarazosos para Montilla, el último en apoyo a una selección catalana de fútbol. Parece obcecado en que el compañero saque menos votos que él, algo humano pero poco ejemplar. Tampoco le ha favorecido ZP, lo que le resulta especialmente doloroso a quien, como casi todos los dirigentes del PSC, comulga con el lema: “In dubio prosoe”. El presidente se lo ha puesto difícil: la patada propinada a Maragall con el abrazo a Mas ha alcanzado también al trasero del nuevo candidato. El presidente, que se sintió engañado por el president –aunque la historia quizás aclare quién engañó a quién, o quién engañó más–, cambió de pareja en pleno baile. Las malas lenguas hablan de un pacto secreto con Mas para que el PSC pierda en Cataluña a cambio del apoyo convergente al gobierno de Madrid. Las cosas nunca son tan conspirativas pero los resultados pudieran ser como si lo fueran. Sabemos que ZP arropará al compañero en Sabadell y quizás en otras plazas obreras. Mucho tendrá que arroparle para movilizar a la parroquia. Otras lenguas igualmente viperinas hablan de otro pacto entre Piqué, dirigente catalán del PP, y Artur Mas por el que aquél le apoyará discretamente. El reiterado discurso de Génova en pro de una cruzada con el PSOE frente al nacionalismo disgregador de un Mas independentista se envaina para frenar al adversario. La política hace extraños compañeros de cama, como decía Manuel Fraga, el presidente fundador del PP.
José García Abad
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