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Nº 710 - 2/10/2006

Desconcierto en el Gobierno por la última escenificación de ETA


SOMBRAS SOBRE EL PROCESO DE PAZ

La "imprevista" demostración de fuerza por parte de ETA durante la celebración del Gudari Eguna (Día del Soldado Vasco), el pasado 24 de septiembre, en la localidad guipuzoana de Oiartzun, en la que tres encapuchados portando fusiles de asalto leían un comunicado en nombre de la organización, proclamando su disposición a continuar luchando "con las armas en la mano hasta conseguir la independencia", ha sido acogida con prudencia por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, aunque también con desconcierto. Esta "alteración del guión", igualmente, parece haber pillado en fuera de juego a los responsables de Batasuna, que no han reaccionado oficialmente y, de paso, ha generado las primeras fricciones serias entre el Gobierno central y el vasco, por las declaraciones del ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, asegurando que lo sucedido "está en el ámbito de competencias" del Gobierno vasco. La primera consecuencia de calado ha sido la suspensión de la ronda informativa sobre el proceso de paz, que estaba previsto que iniciara el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, con todos los portavoces parlamentarios.

Por Pedro Antonio Navarro

L a lucha no es el pasado, sino el presente y el futuro. Continuar, sin desistir, en la lucha por el camino ejemplar de los gudaris, nos llevará a ser un pueblo libre. Nadie nos va a regalar nada; construiremos la independencia de Euskal Herría con nuestros actos diarios. Seguiremos luchando firmemente con las armas en la mano hasta conseguir la independencia y el socialismo en Euskal Herría". Tres encapuchados que portaban fusiles de asalto leían este comunicado de ETA el pasado 24 de septiembre, durante la celebración del Gudari Eguna (Día del Soldado Vasco), en la localidad de Oiarzun (Guipúzcoa). Posteriormente efectuaban siete disparos al aire y desaparecían en el bosque cercano. Era el sexto comunicado de la organización desde su declaración de alto el fuego permanente, del pasado 22 de marzo, aunque, en esta ocasión, tanto la escenificación como el contenido, suponían un giro cualitativo importante con respecto a los cinco anteriores, en los que siempre se había insistido en la "firme voluntad" de continuar la negociación y abrir un proceso democrático en Euskadi.

En Moncloa se ha reaccionado con prudencia y tranquilidad, pero nadie niega que ha constituido un suceso completamente inesperado y que ha provocado una buena dosis de desconcierto. Hasta el momento, en un proceso ya abierto, Gobierno y ETA se han venido intercambiando mensajes por canales discretos, que no hacían presagiar este "puñetazo en la mesa". El Gabinete de Zapatero, que desde el comienzo advertía de un camino "largo, duro y complejo", había contemplado la eventualidad de muchos obstáculos y dificultades propias de esta clase de negociaciones, pasos adelante y atrás, posibles comunicados de ETA en otro tono amenazante para presionar y conseguir más concesiones, tiempos muertos e, incluso, bloqueos temporales, puesto que procesos semejantes, como por ejemplo, el de Irlanda del Norte, han demostrado que los avances no se pueden producir en línea recta y que están plagados de tensiones y de pequeños avances y retrocesos. Sin embargo, lo sucedido el día 24 de septiembre no estaba contemplado en el guión original.

Pero el desconcierto por esta "sorpresa" no parece patrimonio exclusivo del Gobierno. Por su reacción –más bien, su ausencia de reacción-, Batasuna también parece des-colocada por esta iniciativa de ETA. Sólo el responsable de Relaciones Internacionales de la formación abertzale, Joseba Alvarez, acertaba a declarar el 25 de septiembre que "los disparos al aire no van a afectar al proceso de paz".

En el ámbito más proclive a la negociación política de la izquierda independentista vasca se ha interpretado esta escenificación en clave de tensiones internas –ya sucedió algo similar en situaciones similares en las filas del IRA irlandés-. Se ha aventurado la posibilidad de que Garikoitz Aspiazu (Txeroki), responsable de los comandos operativos de ETA, hubiera decidido la acción para presionar al Gobierno para que acelere la adopción de medidas y gestos, como el acercamiento de los presos al País Vasco, la constitución de la anunciada mesa de partidos y la legalización de Batasuna. Pero también, para lanzar una advertencia a José Antonio Urrutikoetxea (jo-su Ternera), actual número uno de la organización y cabeza visible de la tendencia "negociadora", para que presione con más fuerza al Gobierno, además de mostrar su posible "candidatura" a la "sucesión", en caso de que el proceso, finalmente fracasase.

Fuentes de la lucha antiterrorista aseguran que se detectó una reunión de ETA al más alto nivel el pasado mes de agosto, a la que habrían asistido cerca de 40 integrantes, en la que muchas intervenciones mostraron su impaciencia ante la ausencia de gestos gubernamentales, y en la que se pusieron sobre la mesa diversas estrategias de presión para conseguir avances más rápidos. Esas mismas fuentes señalan que las diferentes posiciones que salieron a la luz no suponían una amenaza real de ruptura de la organización, aunque sí una "advetencia" a Josu Ternera para que endureciera el tono negociador.

Desde ese momento, además del acto de Oiartzun, se han producido diversos acciones violentas de la autodenominada lucha callejera (kale borroka). La madrugada del 26 de septiembre, un artefacto de favbricación casera hacía explosión en la puerta de la sede del Partido Socialista de Euskadi (PSE) en la localidad alavesa de Iruña de Oca, aunque se trataba de un explosivo de escasa potencia, que no causaba daños personales y, apenas unos pocos desperfectos en la entrada del local. El 25 de septiembre, otro grupo incendiaba un cajero automático de una entidad bancaria y varios contenedores de basura en Bilbao. Ese mismo día también fueron incendiados otros tres cajeros automáticos en San Sebatián y en Durango (Vizcaya). El 24 de septiembre era atacada la sede de la emisora radiofónica Onda Cero en Pamplona y el juzgado de paz en Bilbao. En ninguna de estas acciones se produjeron daños personales.

El recrudecimiento de estos actos —ausentes desde el anuncio del alto el fuego, el 22 de marzo de este año- parece confirmar un giro en la estrategia de ETA, ahora más dispuesta a ejercer la presión directa sobre el Gobierno.

Y aunque la prudencia, la tranquilidad yla reafirmación en la continuidad de las negociaciones es la respuesta que está dando el Ejecutivo de Zapatero, lo cierto es que esta presión sí está consiguiendo abrir algunas brechas entre los partidos del arco parlamentario y entre algunas instituciones. Además de la munición que proporciona al Partido Popular, opuesto al proceso de paz desde el primer momento, que no pierde ocasión de atacar al Gobierno y denunciar su supuesta "debilidad" tras cada acción violenta. Tras el acto de Oiartzun, el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguliar, pedía explicaciones al Gobierno vasco, al considerar que lo sucedido entraba de lleno en las "competencias del Ejecutivo de Vitoria". La reacción no se hacía esperar, y el consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, contraatacaba con dureza: "las declaraciones del ministro son muy irresponsables y lo único que indican es que el señor López Aguilar quiere escurrir el bulto". Balza recordaba que lo acontecido es responsabilidad de todos, tanto de la Consejería de Interior del Gobierno vasco "por supuesto", como del Estado y de las Fuerzas de Seguridad. Recordaba la lealtad al Gobierno central con la que estaban tratando la negociación de paz, aunque amenazaba con variar esta actitud: "si el Gobierno de Zapatero, ahora por boca del ministro de Justicia, cambia las claves de la relación, pues tendremos que cambiarlas todas".

Lo cierto es que las negociaciones parecen estancadas en un punto muerto. Desde Moncloa se sigue instando a Batasuna a que se legalice aceptando las condiciones que impone la Ley de Partidos, previa condena del terrorismo y, también, posiblemente, cambiando su nombre para inscribirse. Tampoco ha variado la situación de los 544 presos de ETA dispersos por las cárceles de todo el territorio nacional, a diferencia de lo sucedido durante las negociaciones abiertas entre la organización y el Gobierno presidido por José María Aznar, en 1998. En esa ocasión sí se produjo el acercamiento al País Vasco de varias decenas de reclusos etarras.

Para complicar aún más la situación, uno de los más emblemáticos de esos presos, Iñaki de Juana Chaos, se encuentra en huelga de hambre desde el pasado 7 de agosto. Su actitud protesta por la aplicación de la conocida como "doctrina Parot", una polémica decisión adoptada por la Audiencia Nacional, que fue puesta en marcha ex professo para evitar la salida de prisión de Henri Parot. Según esta polémica revisión jurídica los beneficios de redención de penas pasan a computarse sobre la suma de las condenas que pesen sobre el recluso, y no sobre el máximo tiempo de pena permitido por el antiguo Código Penal, de 30 años de reclusión. De este modo, para presos con cientos de años de condena la redención de penas resulta imposible. El juez Gómez Bermúdez emitió un auto para impugnar las redenciones de Iñaki de Juana Chaos. Dada la imposibilidad de aplicar la nueva doctrina con efectos retroactivos, el mismo juez dictaba prisión preventiva contra él por el contenido de dos artículos que había publicado en el diario Gara durante su estancia en la cárcel. De este modo se prolongaba de modo indefinido su reclusión. Por sus condenas originales habría salido en octubre de 2004.

e La situación, pues, aparece complicada y el optimismo es menor. No se perciben movimientos que indiquen un progreso en las conversaciones, más bien, lo contrario. Pese a ello, el Gobierno expresaba su confianza y aseguraba mantener "sus planes, sus principios y sus expectativas" iniciales, según confirmaba el propio presidente Zapatero a durante la sesión de Control al Gobierno que del pasado día 27. En ella recordaba a los o diputados las condiciones expresas de respeto a la legalidad y ausencia de toda clase de violencia para continuar la negociación, 1, aunque también hacía referencia a las razones de la confianza, sustentadas en la ausencia de atentados mortales desde hace más de tres años y la declaración del alto el fuego permanente efectuada por ETA.

La primera consecuencia política de este estancamiento ha sido la decisión de suspender la ronda informativa prevista para finales de septiembre, en la que, según el ir compromiso expresado en junio por Zapatero, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se reuniría con todos y cada uno .s de los portavoces parlamentarios para informarlos acerca de los avances en la negociación. En su llamada telefónica para comunicar la suspensión de la ronda, Rubalcaba transmitió el poco esperanzador mensaje de que la reunión se produciría cuando el Gobierno tenga algo que transmitirles.






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