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| Nº 710 - 2 de octubre de 2006 |
Orhan Pamuk, escritor turco “Lo importante en literatura es saber crear un mundo propio” No solamente es el novelista turco de mayor proyección y un firme candidato al Nobel de Literatura, es además un adalid por una mayor libertad de expresión en su país. Pero el más prestigioso de los autores turcos de la actualidad es alérgico a que se mezcle su obra con la política. Lo suyo es la gran literatura. Su especialidad: cabalgar entre la tradición otomana y las narrativas occidentales. Para presentar su nuevo libro Estambul (Mondadori, 2006) dio la bienvenida a periodistas y editores españoles en Estambul, su ciudad, y se sometió a una batería de preguntas. Por Ricardo Ginés (Estambul) En su nuevo libro usted afirma que “Estambul, donde nací y he pasado toda mi vida es para mí un destino incuestionable. Este libro trata sobre este destino”. —Para mí no es un libro nostálgico. He pretendido volver a vivir el pasado con exactitud. Trabajo con los sentimientos pero mi pasión es narrar el pasado y con toda la precisión posible reflejar el desarrollo fiel de los hechos. No he buscado colorear el pasado sino reflejar la relación de un niño con su ciudad. Trata del Estambul de los cincuenta y sesenta, no es el Estambul de hoy. —No es en puridad una novela. Es un género híbrido a caballo entre la memoria y el ensayo histórico con punta de narración. —Llevo años escribiendo ensayos, artículos culturales, de actualidad, políticos, críticas de libros. De hecho tengo un libro que voy a lanzar próximamente y que es una recopilación de estos escritos. —¿Cómo ha influido la pintura en su prosa? —Hay mucha gente que opina que soy un escritor visual. Tiene que ver con mi interés por la pintura, por supuesto. Mi memoria es visual. La novela Mi nombre es Rojo trata de la pintura. Tanto en ella como en la escritura lo importante es saber quedarse en una habitación a solas y crear un mundo propio, distinto. —Su libro va acompañado de un gran número de fotografías. ¿Qué cree que aportan? ¿Por qué ha optado por ellas? —Al ser un libro de memorias, por supuesto hay fotos. Por un lado, de mi familia y por el otro imágenes de la ciudad de los años cincuenta y sesenta que mucha gente no conoce. Pero el libro surgió a raíz de artículos míos sobre Estambul para revistas y periódicos nacionales e internacionales. En Turquía he tenido una serie de artículos sobre la ciudad para National Geographic. Cuando Nieves se estaba promocionando internacionalmente me di cuenta que contaba con suficiente material para un libro sobre Estambul. Pero cuando empecé a recopilar los artículos me di cuenta pronto de que no me convencía, que deseaba otro tipo de libro, algo nuevo y original. —¿En qué consiste esa originalidad que busca? —Empecé a darle vueltas y me topé con una sentencia del pensador alemán Walter Benjamin, a saber, que hay dos tipos de libros sobre ciudades; de personas que conocen la ciudad desde fuera y otros que describen la ciudad por dentro. La diferencia es el exotismo en el que insisten los primeros mientras que los últimos inevitablemente acaban siendo memorias, porque todo lo que hay en la ciudad al escritor le recuerda algo. Me decidí entonces por crear un libro en el que por un lado se reflejaría mi vida y por otro lado, ideas, pensamientos en torno a Estambul. Volvemos a la pintura. Ahí es donde se une la afición por la pintura. Por un lado, están mis recuerdos que son visuales, por otro, se unen a los que pudieron ver Nerval o Flaubert en la ciudad que yo conozco y que veía, representado en mi imaginación, como una pintura. He intentado en el libro que la fotografía se complementara con el texto, se integrara en las palabras, que se uniera a ellas formando algo singular, nuevo y único. —El libro parte de una necesidad de relatar su infancia... —Los ingleses me preguntan, ¿no eres demasiado joven para escribir tus memorias? Pero a Tolstói le hicieron la misma pregunta a los treinta años, Nabokov a los cuarenta. Sí, hay necesidad de narrar de forma literaria la propia vida, por supuesto. Vengo de una cultura donde no hay tradición de escribir memorias ni de hablar de uno mismo. Aquí, en Turquía, se escriben muchos libros de memorias pero la mayoría son publicados para defender una carrera. Tratan alguna causa legal o son palabras de algún político que desea defender sus puntos de vista. Las memorias literarias, en cambio, son escasas. No es como en Rusia. Muchos escritores toman ejemplo y no escriben desde el punto de vista literario sino también para defender su carrera justificando su pasado. Pero aquellos que se ocupan sobre cómo se va formando un niño desde el punto de vista cultural, social y filosófico-literario tienen muchos menos escritos. Por otro lado, hablar de mi infancia no es un problema porque todos los autores lo hacen. —¿Cómo se ha sentido exponiendo esta infancia, esta primera juventud, a los lectores? —Antes de publicarlo, antes de escribirlo, tuve algunos problemas con ciertas partes que me provocaron malestar. Mi padre murió una vez terminado el libro pero antes de su publicación. No fue fácil para mí decidirme a llevar a la imprenta los capítulos que hablan de la relación entre ambos. No obstante, el capítulo que más conmoción y crítica causó en la prensa turca fue el de las peleas de los hermanos. En mi libro hablo de cómo me peleo con él, como hacen todos los niños, y cómo solía perder. Seguro que en España no hubiera habido tanto sobresalto por algo así. Como aquí las cosas son más delicadas, mi hermano me decía, ¿pero cómo escribes eso? Y mis padres también, “si lo dejas escrito van a pensar que eres un niño que te dejas pegar”. Sabía que no les iba a gustar, me sentía algo violento, pero quería y tuve que hacerlo porque es la verdad. Pregunté a mis amigos de forma diplomática qué era lo más adecuado y me decidí a escribir. Si llegaron los problemas con mi familia a raíz de la publicación tuvo que ver principalmente con la reacción de los medios turcos. —¿Cómo ha funcionado el proceso de ordenar sus recuerdos? —En el libro se narra mi vida hasta que tengo veinte años. En el proceso creativo me di cuenta que uno puede recordar innumerables cosas pero a la hora de escribir sólo dará cuenta de unas pocas. Podría haber escrito miles de libros con muchas más anécdotas pero las tuve que desechar porque lo que yo deseaba utilizar es lo que pensaba que iba a ser más adecuado a la hora de escribir sobre Estambul. Por ser un libro también sobre mi persona deseaba a la vez reflejar cuestiones que me han forjado como persona: las peleas con mi hermano o cómo se empobreció mi familia. —En esta recuperación de la memoria en forma literaria, ¿cuánto de ficción hay? —Si hubiera algo de ficción no lo diría o no lo debería decir. Puedo contar un secreto. Todo lo que he escrito en mis novelas es cierto y todo lo que he escrito en mis memorias es falso. —Su verdadera intención detrás de su vocación de escritor es el ligar más, como ha reconocido en una entrevista para un medio español. —Es difícil arreglar ahora la cuestión pero yo no no lo afirmé así, no como fue recogido en la entrevista. El periodista me preguntaba, “ahh, usted debió ser un gran seductor de joven, ligaba mucho”. Yo respondí que no, no mucho, que yo me dedicaba a escribir y a mis cosas. Pero el periodista lo malinterpretó. Por eso prefiero que me pregunten por el contenido del libro y no por lo que dije y dejé de decir. —Hay mucha reflexión acerca de la amargura en su libro derivada de la pregunta de lo que es y fue Estambul. ¿Conservan las nuevas generaciones estambulíes esa amargura? —Cuando salió el libro en Turquía gustó mucho. A los jóvenes también pero me hicieron hincapié en el hecho de que el libro no reflejaba la ciudad que ellos conocen, una ciudad más alegre, no tan en blanco y negro. Por supuesto que tienen razón. El Estambul del que hablo tiene un millón de habitantes y es una ciudad mucho más pobre que la ciudad actual y alejada del resto del mundo. Ahora tiene 14 millones de habitantes. Con el enriquecimiento debido a la Unión Europea y el estallido turístico se ha convertido en una ciudad mucho más colorida, viva y alegre. —Usted afirma que el cosmopolitismo que usted conoció de niño se perdió. ¿Cree que volverá, que se puede recuperar? ¿Cuál es la razón principal para que se perdiera? —Sí, es cierto, el cosmopolitismo lo perdió la ciudad cuando llegué a la juventud. Antes se hablaban más lenguas. De hecho, cuando era niño, siempre estaba acompañado por armenios, judíos, griegos. Por una u otra razón todas estas minorías étnicas no turcas fueron poco a poco abandonando la ciudad o se convirtieron en víctimas de la limpieza étnica. Estambul vuelve a ser hoy en día una ciudad cosmopolita gracias a la emigración de las extintas repúblicas soviéticas, de Irán u otros países como por ejemplo Nigeria. Pero no creo que los armenios, judíos o griegos que se fueron puedan volver con facilidad. Lo importante es mantener la ciudad libre desde cualquier punto de vista y abierta para quien quiera venir. |