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Nº 710 - 2 de octubre de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De cómo el Sindicato Unificado de la Policía planta cara a los restos del ‘Sindicato del Crimen’

El Sindicato Unificado de la Policía (SUP), que es el mayoritario en el cuerpo, ha denunciado públicamente “el terrorismo informativo” llevado a cabo por los “inquisidores y abanderados del odio y la mentira” que sostienen la teoría conspirativa del 11-M. Publicó la noticia, el sábado 23 de septiembre, el diario El País. Compruebo, pues, con satisfacción que, tras más de una década de escribir yo en El Siglo denunciando el comportamiento profesional de estos “inquisidores”, protagonistas de aquel oprobioso período del complot contra Felipe González, y en la actualidad protagonistas otra vez de la neocaza de brujas con el propósito de desalojar a Rodríguez Zapatero de La Moncloa, la marea de la protesta crece sin parar. Siguen actuando como perillanes sin escrúpulos, pero su impunidad ya no es la que era antes. Van a pagar, cuanto menos, un coste social muy alto.

Desde luego, el citado sindicato no se corta un pelo. Me regocija a mis casi noventa y tres años, retirado hace mucho tiempo de este oficio, salvo mis comentarios semanales en esta revista, gracias a la generosidad en el asilo que me dispensa mi joven amigo, aunque veterano periodista, José García Abad, que el Sindicato Unificado de la Policía se enfrente sin pelos en la lengua contra los restos del Sindicato del Crimen. Aludo, naturalmente, a la AEPI de los primeros años noventa, nacida y bautizada  en la Marbella de Jesús Gil y Gil (que en paz descanse), quien actuó de anfitrión del evento, cuando todo el mundo ya sabía que el entonces alcalde marbellí y presidente del Atlético de Madrid era un rufián, con antecedentes criminales vinculados a la tragedia de la urbanización segoviana Los Ángeles de San Rafael. Fue condenado y, significativamente, indultado poco tiempo después por Francisco Franco Bahamonde, a la sazón sangriento dictador de este país llamado España.

El hasta aquí llegaron las aguas comienza a ser un clamor que se extiende por todos los confines de nuestra sociedad, a pesar de que sectores asimismo muy numerosos, los ultramontanos de gomina, algunos disfrazados de post modernos, cierran filas con los talibanes mediáticos de la derecha y los jalean como los nuevos profetas de la verdad y de la integridad ética.  El pronunciamiento del SUP, en todo caso, se me antoja ilustrativo del grado de cabreo colectivo que producen los federicos y los pedrosjotas, azuzando sin pausa todo género de especulaciones calenturientas, sin apenas base sólida en la que poder apoyarse, a la búsqueda de reescribir los gravísimos sucesos del once de marzo de 2004, acontecidos en la capital de España y que costaron la vida a casi doscientas personas.

 Transcribo del diario propiedad de Jesús Polanco: “El SUP subraya que ha salido en defensa de la policía ante ‘los insultos personales y los abusos del derecho a la libertad de expresión’ proferidos, ‘en la tónica habitual del terrorismo informativo’, por un  ‘predicador del odio sin conciencia’, en referencia al locutor estrella de la COPE, la radio episcopal, Federico Jiménez Losantos, y al director de El Mundo, Pedro J. Ramírez”.

El SUP sentencia: “No creeemos en la teoría de la conspiración. No creemos que policías españoles, franceses y marroquíes, guardias civiles, jueces, fiscales, políticos, espías nacionales y extranjeros y periodistas conspiraran para cambiar el Gobierno y para ello causaran 192 muertos y 1.200 heridos”. Hay otro párrafo muy digno de tenerlo en cuenta: “Nuevamente los satélites de los inquisidores y de los abanderados del odio y la mentira amenazan con acciones legales, que tendrán el mismo resultado que las anteriores”. Explica El País que “el SUP se refiere a la asociación Ayuda a las Víctimas del 11-M y a la plataforma España y Libertad, formada por 45 asociaciones, ambas próximas al PP y defensoras activas de las teorías conspirativas que defienden Losantos y algunos colaboradores en la COPE y Libertad Digital”.

En El Mundo, mientras tanto, Víctor de la Serna, que ejerce de defensor de su amo Ramírez y acude asimismo a las amables tertulias de Losantos,  sostiene que “el debate político se ha trasladado más diáfanamente que nunca al terreno periodístico tras las últimas revelaciones de El Mundo. Objetivo de los progubernamentales: el control de desperfectos mediante el menoscabo de lo que aquí se publica. En El País y la cadena SER no reparan en matices: Alberto Pozas, José María Brunet, Cristina de la Hoz y Rafael Águila dedicaban el jueves la tertulia de Hora 25 a resaltar lo que al día siguiente, el periódico del mismo grupo resumiría sardónicamente así: “Un producto para matar cucarachas es la conexión entre el 11-M y ETA”.

¿Sardónicamente?  Con exactitud, diría yo, tituló al día siguiente el periódico de Prisa. El ácido bórico, presunto puente entre el 11-M y ETA, según los sagaces reporteros al servicio de Ramírez, ¿desde cuándo puede ser considerado como  ingrediente para fabricar explosivos? Sirve para matar cucarachas, ciertamente. Y sirve para mil cosas más, como le podrían explicar a De la Serna en cualquier droguería o incluso farmacia de Madrid o de sus alrededores. Por ahora, sin embargo, el ácido bórico carece de la virtud de cerrar las bocas y las plumas de los embaucadores del periodismo. Una lástima, en efecto.

Luis G. del Cañuelo

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