A 9
Nº 710 - 2 de octubre de 2006

La UE y los derechos humanos


Se suele afirmar que la UE es un "campeón" en la defensa de los derechos humanos. Y con razón... sin dejarnos caer en la autocomplacencia, hay que reconocer que el continente europeo es un oasis de paz y respeto a las personas en un mundo cada vez más inestable.

Recientemente en Passau, hermosa ciudad bávara, tenía ocasión de reflexionar sobre esto en la entrega del premio "Menschen in Europa" a M. Albright, ex secretaria de Estado estadounidense, y de V. Havel, ex presidente de Checoslovaquia.

Hasta hace poco, la ciudad de Passau estaba en la frontera entre la Europa democrática y la Europa totalitaria. Pero hoy Passau se sitúa en el centro de la Europa reunificada de la que pronto formarán parte Bulgaria y Rumania. La reunificación de Europa ha sido un progreso extraordinario tanto en términos de democracia como de derechos humanos. Ambos conceptos conforman la identidad de la UE.

Para ello hacemos muchas cosas a través de una estructura compleja que dificulta la visibilidad y a veces la eficacia de nuestra acción: el "triángulo institucional" (Parlamento-Consejo-Comisión), los 25 Estados miembros, los países candidatos, el Alto Representante para la PESC, el representante especial para los derechos humanos... y el Tribunal de Estrasburgo.

En el Parlamento Europeo (PE), desde 1999 se han votado 378 resoluciones sobre problemas de derechos humanos. Y no todas han caído en saco roto. Tienen un impacto en los países destinatarios que recoge el Informe Anual que el PE publica desde 1984. Desde 1985, el PE concede el Premio Sajarov, creado para honrar a las personas quedemuestran una trayectoria especial en la defensa de los derechos humanos.
Recientemente, en China, algún caso debieron hacerme al coincidir mi visita con la puesta en libertad de uno de los activistas de Internet que estaba en prisión y cuya situación había sido objeto de una resolución del PE. El ejemplo es ciertamente una gota de agua dentro de una situación general muy lamentable. Pero todo pequeño éxito anima a proseguir.

No iré tan lejos como V. Havel, que decía que "la política es la ética en acción", algo desmentido por la evidencia empírica, y nadie mejor que M. Albright para hablar de los condicionantes de la realpolitik que plantean a veces difíciles dilemas morales. Pero, con todas sus limitaciones, la UE, concebida en su origen como una unión aduanera y una comunidad económica, es hoy una referencia de carácter ético en la defensa de los derechos humanos.

El problema de los derechos humanos marca también la relación entre EEUU y la UE en estos tiempos de lucha contra el terrorismo. Y no siempre tenemos los mismos puntos de vista desde las dos orillas del Atlántico.

En presencia de M. Albright es bueno recordar que, en la década de los 90, Europa y Estados Unidospusieron en marcha algunos de los mecanismos de un orden internacional multilateral que ya se idearon en 1945: Cumbre de Río sobre Medio Ambiente (1992), de Viena sobre Derechos Humanos (1993), de Pekín sobre la Mujer (1995)...

Configuramos juntos conceptos novedosos como el deber y derecho de injerencia, integramos antiguos adversarios en mecanismos comunes de seguridad colectiva e intervenimos juntos en los Balcanes.

Esta década termina abruptamente el 11 de septiembre de 2001. El 11-5, el 11-M y el 7-J mostraron que norteamericanos y europeos estamos unidos por amenazas comunes. Somos igualmente vulnerables, pero cada lado del Atlántico ve al enemigo de forma distinta.

Estados Unidos pone el acento en cuestiones de soberanía y de seguridad militar. Europa se bate por una cultura del derecho, de la norma jurídica, del arreglo pacífico de las diferencias.

Los métodos y el lenguaje utilizados por el Gobierno norteamericano en su lucha contra el terrorismo son a veces problemáticos para los europeos.

Ciertamente, el carácter global de la amenaza terrorista reclama una estrategia de respuesta global en un mundo que ha entrado en una geopolítica que ya no es de dominación sólo americana.

En este contexto, el papel de las Naciones Unidas es imprescindible. Sin ella no habrá soluciones en Iraq, en Líbano, en Irán... En todos esos escenarios se juega la relación entre Occidente y el Islam y es imposible concebir la generalización de los derechos humanos sin una evolución positiva de esa relación.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

Hemeroteca
Esta semana
Lista artículos de Borrell