Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 710
2/10/2006

El Séptimo de Caballería y el blanqueo social
del ladrillo

    Las constructoras están relevando a los bancos en el control de las eléctricas. A diferencia de aquéllos, que las controlaban con escasa participación accionarial, casi por la cara y la fuerza de la tradición, los señores del ladrillo lo hacen por apropiación. Y es que las constructoras disponen de más dinero, dinero caliente, que los bancos, que son quienes lo crean. Hay otra diferencia interesante: los presidentes y consejeros bancarios poseen una participación escasa en el capital de las entidades que tripulan, mientras que en las constructoras los presidentes son los dueños, o casi. La familia Entrecanales, que ha dado nombre a su empresa durante casi medio siglo, es propietaria de un 60 por ciento de lo que ahora se llama Acciona, que ha irrumpido como el Séptimo de Caballería en Endesa en apoyo de ZP y sus campeones nacionales. Por su parte, ACS, que compró Unión Fenosa al Santander de Botín y ahora irrumpe en Iberdrola para blindar su españolidad, es propiedad de los March en un 40 por ciento, de los Albertos en un 12,  y de Florentino en casi un 10.

Ni la irrupción del ladrillo en la energía ni el hecho de que sus propietarios tengan ojos y oídos, son meras curiosidades irrelevantes en el electrochoque que está experimentando el sector. Los bancos optaron en su día, siguiendo el ejemplo de Emilio Botín, por trocar sus paquetes de control industrial en participaciones financieras en espera de optimizar plusvalías. Botín las consiguió, por cierto, y de forma espectacular, con la venta de Unión Fenosa a la santísima trinidad de ACS. Por el contrario, las constructoras, que desbordan liquidez, no necesitan rentabilidades inmediatas, sino tomar posiciones en otros sectores, entre otras razones, por una muy poderosa: que no creen que la explosión inmobiliaria, llámese o no burbuja, pueda seguir con la presente exhuberancia indefinidamente. Ello explica en parte su irrupción en una carrera aparentemente loquinaria por situarse en el kilovatio. ¿Se están arriesgando a escapar de la burbuja inmobiliaria para ser atrapadas por la burbuja eléctrica? Sí pero no. Hay coincidencia entre los expertos en que las eléctricas están muy supervaloradas. Naturalmente, José Manuel Entrecanales, los March y Florentino lo saben, pero no ignoran otra evidencia: que la electricidad no es un sector libre, sino muy regulado y que los beneficios están garantizados por el Estado por medio de una tarifa ad hoc. La cascada de la cuenta de resultados de estas compañías se diseña a la inversa que en la economía libre y competitiva: primero se calculan los beneficios necesarios para atender la retribución esperada por los accionistas y a partir de ahí, pero hacia atrás, se pergeñan las necesidades de facturación y las tarifas que hay que regatear con el Ministerio de Industria. Las eléctricas son, en puridad conceptual, de los consumidores, o sea, de todos los españoles, que subvencionan a los accionistas, los propietarios reales. Son los consumidores, todos los españoles, quienes garantizan los dividendos y son todos los españoles los que deben pagar en su recibo de la luz las prorratas del sector; sirva como ejemplo cuando en tiempos del ministro Piqué se inventaron aquello de los cetecés (Costes de Transición a la Competencia), un concepto surrealista en una economía de mercado. ¿A usted, empresario amigo, le ha subvencionado el Estado para ayudarle a competir?

La santísima trinidad de ACS –March, los Albertos, Florentino– más José Manuel Entrecanales, dios supremo de Acciona, saben que nunca estallará la burbuja eléctrica porque para eso está el ministro de Industria. Por cierto, he alucinado en colores, como dicen los modernos, al escuchar a Joan Clos, el nuevo ministro, asegurando virtuoso que el Gobierno aprobará tarifas mucho más altas de lo razonable. Es posible que sea esto lo que ha movido a los señores del ladrillo a constituirse en Séptimo de Caballería para un Zapatero vapuleado en Berlín y Bruselas. No les inspira el altruismo, sino el interés bien entendido, pero si de paso pueden echar una mano al presidente, su amigo, mejor que mejor. Detecto, sin embargo, algo tan atípico en el mundo de los negocios como una cierta mala conciencia por tantísima riqueza obtenida muchas veces a costa de corromper hasta el lucero del alba –no me refiero a la corporación de los March– en las recalificaciones municipales. Pudiera darse entre ellos el imperativo moral de proceder al blanqueo social de un dinero conseguido con facilidad a veces sospechosa. El caso es que Zapatero, que cambió su alianza con Carod para unirse a Artur Mas, está sacrificando su alianza con La Caixa, la madre de Gas Natural, con quien parecían inicialmente casados los socialistas en beneficio de los constructores.

  José García Abad

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