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Lista Apuntes
Nº 709
25/9/2006
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Bombas de racimo

Por José María Benegas

Un comandante israelí de una de las unidades que participaron en las acciones de destrucción del Líbano ha revelado que Israel lanzó 1.800 bombas de racimo, que tienen la consideración de armas de destrucción masiva. Debe ser lanzada desde aviones a una altura de 800 a 1.300 metros. Una vez en el aire, sus aletas direccionales se extienden y comienzan a girar sobre su eje longitudinal produciendo una trayectoria errática por lo que es imposible controlar su destino final, militar o civil, en el área que es atacada. Cada bomba contiene un depósito que, al abrirse, libera un gran número de pequeñas bombas. Estas explotan contra el suelo despidiendo gran cantidad de metralla. Está comprobado que un porcentaje alto no explota convirtiéndose en minas sensibles a cualquier golpe o pisada.

El comandante referido ha dirigido una carta al ministro de Defensa, Amir Peretz, en la que entre otras cosas le indica que: "En el Líbano hemos cubierto aldeas enteras con bombas de fragmentación. Lo que hemos hecho allí es demencial y monstruoso". Por cierto, el ministro de Defensa, Amir Peretz, es el secretario general del Partido Laborista israelí. ¿Dónde está la Internacional Socialista? Si existiera debería producirse en el seno de la misma un debate sobre la guerra y las intervenciones armadas, concluyendo con el acuerdo de que todos sus miembros, sobre todo los que tienen responsabilidades de gobierno, por ejemplo Blair, Peretz y otros, deben respetar escrupulosamente la legalidad internacional sobre la guerra y la prohibición de usar armas de destrucción masiva.

Los miles de muertos civiles en el Líbano no lo son como consecuencia . de los efectos colaterales no queridos que pueden producirse en una guerra. La decisión de la utilización de bombas de racimo es premeditada, y por tanto lleva implícita la decisión de atacar a poblaciones civiles indefensas. Naciones Unidas debería crear una comisión de investigación sobre lo ocurrido y actuar en consecuencia si se prueba que estamos ante crímenes de guerra. La socialdemocracia debe luchar activamente por la paz en el mundo. La Internacional Socialista sería un buen instrumento para ello si estuviera viva y tuviera un liderazgo fuerte. Por cierto, cuando escribo sobre Israel lo hago desde un gran respeto al pueblo judío y tengo muy presente el drama de su historia y sobre todo la persecución nazi antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, muy a mi pesar, no puedo compartir lo que hacen sus gobiernos.

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Si queremos vivir comprometidos con los problemas de nuestro tiempo tenemos que luchar contra la insensibilidad. Mantener viva nuestra capacidad de indignación y de protesta. Vivimos una acumulación de desastres sobre los cuales recibimos una información diaria que, a fuerza de repetición, nos va generando indiferencia. Por ejemplo, por las mañanas ya hemos asimilado que los informativos nos darán la cifra de muertos en atentados en Iraq, cincuenta, ochenta o cien, y la noticia tiende a pasar desapercibida. Nos hemos acostumbrado al parte de bajas. Pero lo mismo ocurre con los niños que mueren de hambre al día en el mundo, las desigualdades que se incrementan, la pobreza extrema o lanueva esclavitud laboral imperante en determinados países asiáticos, algunos de ellos comunistas. Debemos combatir la anestesia de la información reiterada. Sacudir nuestro yo para que permanezca sensible a la desgracia ajena y al sufrimiento de millones de seres humanos. "Allí donde se produce injusticia debería haber un socialista com- batiéndola", dijo Pablo Iglesias.

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François Basin escribe en el Nouvel Observateur que "ninguno de los elefantes del PSE había visto venir el fenómeno Ségolène Royal". La revista EL SIGLO, a través de estos apuntes, publicó hace más de un año: "Atención a Ségoléne Royal. En las actuales circunstancias está por encima de Sarkozy en los sondeos para las elecciones presidenciales, y por delante de todos sus compañeros de partido en lo que se refiere al candidato más valorado de los que se postulan para representar al PSF. Podemos resumir su mensaje actual en las expresiones "Orden justo" y "Seguridad durable", todo ello rodeado de una actitud personal encaminada a sacudir el pesimismo nacional y la desmotivación que invade a su país". El éxito de Ségolène reside en que representa un cambio con respecto a la "vieja política" y transmite confianza y seguridad a una Francia prisionera entre la "grandeza del pasado" y los problemas que afectan a una clase media que abandona el dinamismo que requieren las sociedades modernas para encerrarse en la búsqueda de la seguridad de lo más inmediato y cercano. Ségolène Royal tiene dos grandes enemigos: uno natural, Sarkozy, y el otro, su propio partido.

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