Hemeroteca Lista Mundanal ruido
Nº 709
25/9/2006

LOS NUEVOS ENEMIGOS


Tras la guerra de Líbano de este verano se puede pensar que los Estados Unidos e Israel son más rápidos en hacerse enemigos que en matarlos, que los muertos que vos matáis gozan de buena salud, etc.; se puede pensar tal cosa porque en el panorama, configurándose tras la destrucción innecesaria e injusta de un país pacífico, árabe y democrático, y con el empate de resultados entre Hizbollah e Israel, por doquier aparecen enemigos declarados, actitudes revisionistas y decepcionadas, junto con abiertas reticencias como poco a la guerra contra el terrorismo del presidente Bush y a sus planes para la confección de un nuevo mapa político en Oriente Medio. Por necesidad o resignación, por el indudable vigor inicial de las propuestas de su Administración, lo cierto es que éstas acabaron por recibir un notable grado de apoyo por parte de Occidente, solidario con las víctimas del 11 de Septiembre y con el pueblo estadounidense, y se beneficiaron además de las profundas divisiones entre árabes y del temor entre sus élites en el poder hacia esa confusa izquierda islámica que amalgama desharrapados, chi ítas, iluminados y terroristas.

Tal apoyo ha venido diluyéndose dada la experiencia estadounidense en Iraq, se habría incrementado con brusquedad tras la guerra de un mes en Líbano y puede ponerse en serio peligro con los resultados que obtengan los republicanos en las próximas elecciones de mitad de mandato en los Estados Unidos. Pese a la incompetencia y la división de los demócratas el presidente Bush, el más votado en la historia del país, el primero desde Rooselvet que consiguió ser reelegido con más escaños para su partido en ambas cámaras, puede ser condenado a cierto ostracismo en los dos años que le quedan de poder, con cada día que resta para repasar y agitar los errores de su política, en particular los de Oriente Medio. O en los dos años hábiles para consolidar las sospechas, que quizás se realicen de manera dramática si se produce una intervención contra Irán y empeora sustancialmente la situación en Iraq y Afganistán, respecto al verdadero significado de la guerra contra el terrorismo como guerra de nunca acabar que precisa ser alimentada, con motivo o no para hacerlo.

Difícil tarea la de localizar con exactitud vencedores y vencidos en la guerra de Líbano, pero indudable la de identificar como víctimas a los libaneses por supuesto, al Gobierno israelí en su guerra más larga nunca librada, no contra ejércitos árabes, sino contra milicias chiítas y, finalmente, a la guerra contra el terrorismo de la Administración Bush y su labor de promoción de la democracia en Oriente Medio. También va a resultar complicado convencer ahora a Irán de que renuncie al arma nuclear, dado el amplio muestrario de violencia y brutalidad exhibido en Líbano y la inseguridad creciente de sus países vecinos, Iraq y Afganistán. Es posible que según ciertas apreciaciones los indudables vencedores, a los que sin éxito se quiso destruir o al menos silenciar, sí sean Sayyed Hassan Nasrallah y los colonos israelíes que representa Benjamín Netanyahu. Efectivamente, el clérigo libanés se ha convertido en un héroe para chiítas y palestinos, y Benjamín Netanyahu no dejará de aprovechar políticamente la percepción popular de una guerra como mal llevada, inoportuna y equivocada.

La complejidad del juego exige la máxima habilidad en los movimientos, y tras la guerra de este verano parece como si al fin se hubiera denunciado sin paliativos no ya la ilusión de unos planteamientos antiterroristas y prodemocráticos, sino la torpeza en mover fichas y escoger aliados para llevarlos a cabo. El Líbano que se reconstruya probablemente registre una unidad política y militar desconocida antes de la guerra del verano, una guerra cuyo tratamiento internacional ha puesto en evidencia una seria disparidad entre los Estados Unidos y la Unión Europea, y acentuado el descrédito en Oriente Medio de los Estados Unidos e Israel, pero que al mismo tiempo ha realzado la posición regional de Irán. Indispensable en Líbano e Iraq, beneficiario de una corriente generalizada de radicalismo e indignación contra Occidente, eventual vanguardia del islam más agresivo, avanzada del irredentismo nuclear, Irán, tal y como hoy aparece, es causa y consecuencia a un tiempo de la política de Occidente, en particular de la de Washington yTel Aviv, que para árabes y musulmanes hace sospechoso todo lo que huela a occidental. Es precisamente Irán uno de los nuevos enemigos al que se alimenta creyendo que se le destruía. No el único.

Ignacio Rupérez
*Embajador de España en Iraq.

Hemeroteca Lista Mundanal ruido