| Hemeroteca |
![]() |
|
| Nº 709 - 25 de septiembre de 2006 |
|
¿Pudo evitarse la Guerra Civil?
por Santiago Carrillo
La violencia, en sí misma, no es una ideología. La Historia está cuajada de violencia, guerras, revoluciones, terrorismos. La Primera Guerra Mundial fue el sumum de la violencia hasta ese momento conocida. Su causa estuvo en las apetencias imperiales de unas potencias frente a otras. La fórmula de Clausewitz "la guerra es la continuación de la política por otros medios", estaba generalmente aceptada. Lo que significaba que la causa de esta violencia eran la política de unos y otros Estados. O de unas y otras clases. La burguesía acaba con el feudalismo por el medio de revoluciones. Estas se producían no porque la gente amase la violencia, sino porque llegaba un momento en que la gente ya no podía aguantar más la opresión, la tiranía, la miseria de un sistema político social agotado históricamente. En España, por nuestra historia pro-pia, jamás hubo una burguesía capaz de hacer a su debido tiempo una revolución. La monarquía de la Restauración fue consecuencia del pacto entre una burguesía débil, tardía –que sin haberse llegado a desarrollar plenamente temía ya más al proletariado que a los poderosos residuos del feudalismo– con una aristocracia terrateniente, que jugó un papel dominante hasta muy tarde. Azaña expuso en un discurso ante las Cortes, al día siguiente de la sublevación de Sanjurjo, la necesidad de crear esa clase de campesinos republicanos. Pero todo quedó en palabras. Republicanos y socialistas pensaban durante el primer momento de la República que ésta, si la dejaban, con el tiempo podría modernizar el país por vías pacíficas. Pero las clases reaccionarias, temiendo esto, desde el primer día comenzaron a organizar el golpe de fuerza militar contra el nuevo régimen. Estaban dispuestos a utilizar la violencia contra el sistema democrático. Hasta entonces el gran partido de la izquierda, el PSOE, había demostrado una preferencia por los métodos reformistas; incluso había sido criticado por su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera. Sólo el anarquismo, ya en tiempos de la República, defendía la idea de una revolución violenta. Pero, aunque fuerte, no era hegemónico y sus intensos fracasaron estrepitosamente. Y el PCE poseía escasa influencia. Cuando fracasó el golpe de Sanjurjo y otros generales, las clases reaccionarias intentaron acabar con la República e instaurar su dictadura por un camino pacífico y parlamentario, imitando el ejemplo de Mussolini y Dollfus. También Hitler había alcanzado el poder parlamentariamente con ayuda de otros partidos burgueses. La inspiración de esta política vino de un sector importante de la Iglesia, encontró su instrumento en la CEDA de Gil-Robles, su cómplice en el Partido Radical de Lerroux y su apoyo en la obsesión de Alcalá Zamora de crear desde la presidencia un centro conservador inexistente en el país. Y ese fue el factor que decidió a la izquierda a optar por la violencia. Una amplia experiencia en Europa mostraba que el fascismo se extendía e imponía un régimen sangriento sin que la democracia fuera capaz de impedirlo. El movimiento de octubre de 1934 tenía una finalidad concreta: impedir que la CEDA llegase al poder, que la dictadura fascista se implantase pacíficamente. Prieto y Largo Caballero lo anunciaban públicamente. Yo soy testigo de que Largo Caballero acarició hasta el mismo 4 de octubre la ilusión de que Alcalá Zamora cerrase el camino del Gobierno a la CEDA haciendo innecesario el movimiento. Que un partido como el PSOE, de tradición reformista, se radicalizase como lo hizo sólo fue posible por la amenaza de que el fascismo tomase el poder como lo había hecho ya en parte de Europa. Cuando esta vía fracasó tras octubre, las clases reaccionarias volvieron a poner en marcha la vía violenta. Antes de dejar el Ministerio de la Guerra el mismo Gil-Robles, por medio del general Fanjul, tanteó la posibilidad de dar el golpe de Estado. Pero Franco, Goded y otros generales que al poco tiempo iban a dirigir la sublevación y a los que Gil Robles había entregado el Estado Mayor, prefirieron hacerlo a su manera y en el momento escogido por ellos. Aun así, yo estoy convencido de que en España las contradicciones de nuestra sociedad no hubieran llegado a la Guerra Civil si ya entonces Hitler, Mussolini e Hiro Hito no estuviesen preparando la II Guerra Mundial. |
| Hemeroteca |