Nº 709 -25 de septiembre de 2006
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Cataluña ante las elecciones

por Juan Antonio Barrio


La reanudación del curso político adquiere ya velocidad de crucero con la precampaña para las elecciones catalanas del 1 de noviembre. ¿Cómo está el panorama político antes de que la campaña propiamente dicha amplifique o modifique las tendencias? Veamos.

En primer lugar habría que analizar qué supone la sustitución de Maragall por Montilla en el PSC.

Muchas cosas pueden decirse de la gestión de Maragall al frente de la Generalitat. Desde luego la pretensión de remodelar el Tripartito al margen de los partidos que lo componen erosionó bastante su figura y no fue muestra de habilidad política, precisamente. Otros errores y decisiones improvisadas ocurrieron. Pero siendo todo eso verdad, hay una acusación que me parece injusta: la de que Maragall propició un Estatuto de máximos en septiembre 2005 aprobado tal cual por el Parlamento catalán. Con frecuencia se olvida que CiU y ERC, pese a formar ERC parte del gobierno tripartito, suman entre ambos 69 escaños (es decir, mayoría absoluta) y que justo antes de la aprobación por el Parlamento catalán se produce ya un primer "acuerdo de aproximación" Zapatero/Mas que incorpora a CiU definitivamente al pacto prefigurando en buena medida el ya posterior y definitivo acuerdo de enero de 2006.

Ahora bien, de cara al futuro la cuestión es si Montilla puede sumar los mismos apoyos o más que Maragall en 1999 y 2003. Siempre hubo un alma más, digamos, catalanista en el PSC y otra sensibilidad más próxima al cinturón industrial y a la antigua emigración. La distancia, y es un éxito, ha ido disminuyendo progresivamente y la integración parece, y probablemente es, cada vez mayor. La pregunta es si será suficiente para, conservando casi todos los votos en la zona de la llamada Cataluña profunda o más rural, movilizar el voto urbano hasta niveles próximos a unas elecciones generales, cosa que Maragall no consiguió. En este sentido, cualquier discrepancia añadida entre las dos sensibilidades del PSC sería muy negativa.

En cuanto a CiU, el papel explícito de Mas en las negociaciones y la visualización de su centralidad en la política catalana juega a su favor. El hecho de que el Tripartito consumiera más energía en el Estatut que en la gestión propiamente dicha, también. El debate –o los debates–con Montilla en televisión pueden ser importantes para confirmar o no la tendencia favorable. El peligro puede ser una cierta prepotencia/ arrogancia en la campaña; cualquier impresión de triunfalismo puede serle muy perjudicial.

ERC, probablemente, irá a la baja. El problema es que sus pérdidas parece que pueden ir más por el lado nacionalista (es decir, en el electorado común con CiU) y la gran paradoja es, sin embargo, que se puede producir una situación (quizás con más escaños para CiU y también para el PSC) en el que la posición de una ERC más disminuida sea, sin embargo, igualmente decisiva a la hora de formar gobierno ¿Qué hará entonces ERC?.

En cuanto a IC (Iniciativa per Catalunya), la fórmula de unidad con Izquierda Unida funcionó bastante bien hace cuatro años, su actitud seria y responsable y el papel de sus - líderes (Saura, Miralles) juegan a su
favor. De entrada, es la formación más favorable al Tripartito (lógico, pues es su opción de formar parte del gobierno) y puede sumar algún escaño.

¿El PP? Pues sensiblemente igual. Esto puede sorprender si se piensa en la tremenda campaña realizada por el PP estatal y no sólo estatal. Recientemente, en el debate sobre la toma en consideración del Estatuto de Baleares y hablando en defensa de la misma, el máximo líder del partido en esta comunidad, Jaume Matas, deslizó la siguiente perla cultivada: "Ha bastado que una comunidad autónoma, Cataluña, haya alterado con su reforma estatutaria toda la arquitectura del sistema autonómico para que los demás nos viéramos obligados por razones obvias de supervivencia y de intereses amenazados a emprender nuestras reformas estatutarias... consecuencia inevitable de que, como he dicho en otras ocasiones, si se abre el melón habrá melón para todos y no sólo para uno". Parece increíble esta visión del Estado por parte del principal partido de la oposición. Cuando se les reprochó aceptar en Valencia y Baleares artículos idénticos a otros rechazados en el Estatuto catalán un diputado del PP dijo por lo bajini en la Comisión Constitucional: "Es que los catalanes se quieren ir y éstos no", o sea, juicios de intenciones sustituyendo a cualquier objetividad. Pero, con todo y con eso, Piqué no tiene la misma (mala) imagen que Acebes o Zaplana en Cataluña y el margen para bajar no es mucho; el PP sólo tiene 15 escaños de 135.

La respuesta y las posibles combinaciones después del resultado y en otro artículo...

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