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Nº708
18/9/2006

 

Más guerra

Si resulta difícil encontrar sentido a la guerra, la del Líbano aparece con menos sentido que ninguna. De unos rehenes se pasa a la agresión. Poniendo en la balanza la causa de la guerra y los resultados, el registro es demoledor a favor de la absoluta insensatez. ¿Es que los enormes recursos diplomáticos y militares de la comunidad internacional no se podían haber puesto en marcha antes de este absurdo conflicto? El establecimiento de una fuerza militar de interposición acalla el conflicto. ¿Cuánto tiempo estará presente? ¿Qué resultado dará? No hay quien lo sepa. En un análisis optimista, hará que los ánimos se enfríen y que en breve plazo volverá la paz, se creará la armonía y volverán a casa los soldados. Este escenario no se lo cree nadie. Lo normal es que después de una temporada vuelvan después de una aparente tranquilidad. Lavada la cara y tranquila la conciencia. Porque lo que van a hacer realmente es asegurar la retirada del ejército israelí, no a otra cosa. Porque la retirada no requiere fuerza internacionales, lo que hay que hacer es retirarse. O sea, que no sirve para nada. Ni van a devolver los rehenes, ni a desarmar a Hezbolá, ni a hacer del Líbano un Estado fuerte. Si se mira con la perspectiva de una presencia duradera en el tiempo sí que puede ser efectiva la fuerza internacional si consigue impedir el paso de armas desde la frontera siria y el consiguiente debilitamiento militar de la milicia musulmana a largo plazo. ¿Quién garantizará después que Israel no vuelva a las andadas?

Lo que resulta pavoroso es tener que reconocer que el fondo de la cuestión es literalmente imposible de solucionar, siempre existirá un estado latente de guerra en esa desafortunada región. Sólo se podrá mantener un statu quo de tensión. El más razonable y moderado no tendrá más remedio que aguantar y aguantar y procurar que el menos razonable y moderado lo sea con el tiempo. Y, mientras tanto, los países occidentales sin saber qué hacer. Acudir de brazos cruzados a esa incesante hoguera o intentar intervenir. Es definitivo que Europa no puede hacer nada por sí sola, mientras USA apoye de forma descarada e injusta a una de las partes. El futuro se muestra estremecedor, porque cuando las tropas americanas abandonen Iraq y las internacionales Afganistán, en esas naciones artificiales se van a dar de tortas hasta la saciedad. Está seguro en la condición del ser humano, que no quiere ni olvidar ni perdonar. En Yugoslavia los odios ancestrales desde la dominación otomana surgieron en cuanto desapareció la opresión del Estado, igual que en Iraq. Y no se puede decir que eso pasa en pueblos poco desarrollados. Aquí resulta que se va a "recobrar" por ley la memoria histórica. Trasladándolo a Oriente Próximo resulta patente que esa memoria va a ser perpetua. O sea, que no se van a olvidar nunca, y con pistolas en casa.

Mirando hacia atrás nos parece incomprensible cómo en Europa pudieron existir guerras de religión, o que en España, a finales del siglo XIV, hubiera matanzas de judíos. Pues resulta que ahora pasa tres cuartos de lo mismo en algún lugar del planeta. Es para rasgarse las vestiduras.

Es lamentable decirlo, pero hay sitios donde la democracia no funciona y tampoco la independencia. Esta mañana es noticia que Senegal se niega a la repatriación de unos inmigrantes ilegales. La causa asoma clara: el dirigente de turno quiere más. No se puede hacer nada. Es cierto que el compromiso occidental con la pobreza debería se mucho más importante. Entonces surge otra gran contradicción:
¿Quién administrará los recursos?

Estamos en un mundo de mierda, pero en el lado de los privilegiados. No vale dormir hoy tranquilos y hasta la próxima. Hay que hacer algo, lo malo es que desde luego yo no sé qué.

Fernando F. Trocóniz

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