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Nº 708 - 18 de septiembre de 2006

De activista mundial a inofensivo icono

El presidente no viaja

Durante su primer año y medio al frente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero realizó 51 viajes al extranjero, recibió en España a 41 líderes de otros tantos países y concedió 25 entrevistas exclusivas a medios de todo el orbe. Tan febril actividad internacional sufrió, sin embargo, un brusco parón a finales de 2005 hasta el punto de que algunos sectores del PSOE temen hoy que se esté desdibujando el perfil de joven y pujante líder conseguido tras la decisión de retirar las tropas españolas de Iraq y el Gobierno entre en una peligrosa debilidad en política exterior. La explicación oficial a la indisimulada decisión de Zapatero de guardar las maletas señala que el presidente se encuentra volcado en el proceso de paz iniciado en marzo. Pero semejante excusa empieza a “no colar” y tanto en Moncloa como en Ferraz le preparan estos días viajes y encuentros con dirigentes extranjeros para tratar de conjurar esa imagen de “presidente casero” que amenaza su prestigio.

Por Inmaculada Sánchez

De Zapatero esperábamos un líder europeo pero, de momento, se nos ha quedado sólo en un icono”. Tan expresivo comentario corresponde a un diplomático francés trasladado hace unos días a un colega español. En efecto, la inesperada llegada del joven leonés al gobierno de España y su valiente decisión de retirar las tropas  enviadas a Iraq por su antecesor Aznar, suscitaron un interés mundial por él que pocas veces se ha dado en la historia de nuestro país.

Un desconocido Zapatero llegó, entonces, a ser portada en todos los periódicos de China y más de 165 peticiones de entrevistas de otros tantos medios extranjeros se acumulaban en su despacho cuando aún no llevaba ni cien días ocupándolo. Pero ahora lleva casi un año sin apenas salir.

“Yo se lo vengo diciendo a él, a Maria Teresa y a Moratinos desde hace tiempo y también lo dije públicamente en el último comité federal del pasado julio: tiene que venir al Parlamento europeo”, afirma Enrique Barón, el presidente de los eurodiputados del PSOE en Estrasburgo.

En la primera reunión del grupo parlamentario socialista, el pasado martes, otros dos eurodiputados, Carlos Carnero y Luis Yáñez, volvieron a la carga y pidieron, en el turno de intervenciones, un nuevo impulso europeísta, con presencia en la eurocámara incluída, de Rodríguez Zapatero.

Para los socialistas que más miran hacia Europa, tras el fracaso de la Constitución, en la que el propio Zapatero se implicó a fondo convirtiendo a España en el primer país en ratificar el Tratado en referéndum, el presidente debe aprovechar el actual momento de crisis para erigirse en referente europeísta. Y citan a la pareja que, en su día, formaron Felipe González y el canciller Kohl para señalar a Angela Merkel y él como posibles sucesores. “Son los más nuevos, tienen la legitimidad y responsabilidad de tomar las riendas más que nadie”, aseguran las mismas fuentes.

Es por eso que los eurodiputados españoles del PSOE quieren que Zapatero encuentre un hueco para aceptar la invitación que José Borrell, como presidente del parlamento, ha hecho a todos los presidentes de gobierno de la Unión para que hablen en su plenario y expongan sus ideas sobre el actual momento. Tradicionalmente son los Jefes de Estado los que han sido invitados a hablar ante el pleno de Estrasburgo y sólo ha sido el Rey Juan Carlos, por tanto, quien ha tenido un par de veces semejante tribuna a su disposición.

Pero aunque la vicepresidenta, quien ha tenido que hacer la maleta en innumerables ocasiones para cubrir huecos tanto del presidente como del ministro de Exteriores, se mostró favorable a las peticiones, aún no hay fecha ni confirmación de esa posible visita a Estrasburgo.

Desde Moncloa, obviamente, se ven las cosas de otra manera. Aunque reconocen un cierto freno en las salidas del presidente –“había asuntos domésticos que resolver aquí”, dicen– niegan radicalmente que se haya ralentizado la actividad exterior.

“Aunque Zapatero no haya ido, este año han venido a Madrid los presidentes de Perú, Argentina, Bolivia, Chile, Argelia, Rusia...El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, ha venido dos veces a hablar con él. Y este verano, vía teléfono, ha tenido una intensa actividad con distintos líderes europeos, en torno a la crisis de Líbano en la que ahora participan nuestros soldados. Viajar menos no significa que no se mantengan contactos internacionales”, explican fuentes oficiales de Presidencia.

A pesar de ello la agenda presidencial se va a ver repleta de desplazamientos en los próximos tres meses, un movimiento que, para quienes siguen de cerca lo que ocurre en Moncloa, representa un significativo giro respecto al último año que indicaría que las alertas también han saltado en Presidencia.

Antes de que acabe 2006 Zapatero deberá desplazarse para diversas cumbres bilaterales. Entre ellas una con Francia, otra con Portugal y otra con Italia. Fuera de Europa tendrá lugar una con Argelia  y  otra con Túnez además de la prevista inicialmente para septiembre y luego pospuesta con Marruecos, en Rabat. A éstas se añadirán otras reuniones multilaterales como la Cumbre de la UE del próximo 20 de octubre en Finlandia, la Iberoamericana que tendrá lugar en Montevideo en noviembre y la de la OTAN aún sin fecha. “No sé si va ha haber fechas para todo”, se lamentan irónicamente en un despacho monclovita. En otros despachos alejados del palacio presidencial anhelan recibir ese cambio de tendencia y que éste tenga un alcance verdaderamente perceptible.

“Si ahora pisa el acelerador, todavía estamos a tiempo”, explica un destacado socialista. “Zapatero tiene unas cartas muy valiosas para utilizar en la Unión. Fue el primero en ratificar el Tratado Constitucional, sí, pero es que España ahora es el país que más crece de todos, el que crea más empleo y el que tiene un excedente  presupuestario del 1 por ciento; además, sus políticas sociales y sus leyes anti-machistas hacen que tenga mucho predicamento, y no sólo son los socialistas los que quieren oírle”, añade orgulloso.

Quien así habla echa de menos el equipaje de entusiasmo que la referencia de Zapatero en el mundo durante su primer año de mandato le acompañaba cada vez que salía del país. No en vano, los socialistas franceses, sumidos desde hace tiempo en una difícil crisis, empezaron a llamar “la zapatera” a Ségolène Royal en cuanto despuntó como candidata a la presidencia de la república. En Italia, la figura de Zapatero llegó a ser protagonista de algunos de sus carnavales, mostrado como azote de obispos anticuados. El Financial Times, iniciaba un reportaje dedicado a España con una arrobada descripción de los ojos presidenciales a cargo de su jefa de corresponsales en España, Leslie Crawford, que llegaba a decir: “se disculpa sonriendo con sus ojos color aguamarina tan traslúcidos que tengo la sensación de que estoy mirando el mar Caribe”.

¿Qué ha pasado, pues, desde entonces? “Quizá se generaron demasiadas expectativas”, explican unos. “El presidente se sumió en una fatiga intelectual y física a la que quiso echar el freno”, añaden otras fuentes más cercanas al líder socialista.

Un comentario del propio Zapatero a sus colaboradores durante uno de sus freneticos viajes al inicio de la legislatura parece dar argumentos a esta última explicación. “Voy de cumbre en cumbre y nunca bajo al suelo” fue la amarga queja presidencial trasladada a su séquito, según una de las personas que la escuchó. y, según quienes le conocen bien personalmente, ésta responde bastante fielmente a su estilo personal y a su forma de entender la política.

 Al contrario de otros dirigentes cuando consiguen el poder y persiguen el prestigio que el contacto con otros líderes mundiales puedan darle, Zapatero apenas se trabajó la “legitimación” externa y, mientras fue el jefe de la oposición frente a Aznar pospuso una y otra vez los viajes que su secretaría de Internacional le organizaba para que empezase a ser conocido fuera de nuestras fronteras. Siempre había algún tema interior que le requiriese.

“Es su estilo”, explican sus cercanos. “Lo que no quiere decir que no le interese la política internacional. Al contrario, la sigue con interés, pero, por ejemplo, entiende tanto el 11-S como el 11-M dentro de la política tanto internacional como nacional”. Mientras algunos socialistas, básicamente cercanos al aparato del partido, se congratulan de que este presidente tenga como prioridades los asuntos domésticos, al contrario que Felipe González, rápidamente deslumbrado por  el contacto con los dirigentes extranjeros, otros señalan que no se puede perder “el capital inicial de los contactos que tuvo cuando retiró las tropas de Iraq y Chirac y Schroeder vinieron a Moncloa para hacerse una foto con él y apoyarle”.

Estas fuentes comprenden que su inicial furor viajero haya dejado paso a un ritmo más pausado después del primer año y medio de mandato pero señalan dos llamadas importantes de la agenda internacional que nunca, según su análisis, debería haber dejado desatendidas. La primera, la situación de estancamiento de la construcción política de la UE tras el fracaso del Tratado Constitucional. La otra, el cambio político en numerosos gobiernos de Latinoamérica que, según sus palabras “tienen una demanda política de España” que no ha sido satisfecha.

A pesar de los encuentros en la Cumbre Iberoaméricana de Salamanca o en otras citas multilaterales de la Unión Europea Zapatero lleva un año largo sin visitar país alguno de Latinoamérica –su último viaje a esta región del planeta fue en marzo de 2005, cuando visitó Colombia y Venezuela–. Sólo la reciente creación de la Secretaría de Estado para Iberoamérica, a cuyo frente ha situado a Trinidad Jiménez, parece avisar de que el presidente ha reparado en la necesidad de realizar un esfuerzo para atender tan sensible zona del mapa.

En esa línea de “alertas” parece moverse la invitación a la Conferencia Política del PSOE que se ha desarrollado este fin de semana de un par de relevantes personalidades del progresismo mundial. Al cierre de esta edición, sin embargo, una de ellas había ya anunciado su imposibilidad de desplazarse a Madrid.

Se trata de Howard Dean, el presidente del Partido Demócrata de Estados Unidos, cuya presencia en la Conferencia habría hecho brillar nuevamente alrededor de Zapatero la aureola de activista contra la guerra de Iraq ya que los demócratas estadounidenses acaban de pronunciarse solicitando la retirada de las tropas estadounidenses en este país. Muy oportunamente, la nota del PSOE lamentando su ausencia señala que ésta se debe a “problemas de agenda motivados por la repercusión política y mediática que ha tenido la reciente decisión (de los demócratas estadounidenses) de solicitar la retirada de las tropas de Iraq”.

A falta de Dean, los socialistas españoles esperan contar con la nueva estrella del socialismo francés, Ségolène Royal que, al cierre de estas páginas, tenía confirmada su asistencia.

La presencia de la compañera del secretario general del Partido Socialista francés, que disputa a cara de perro con otros compañeros de su partido la nominación para la candidatura a la Presidencia de la República, aunque muy mediática y del gusto de Zapatero -no en vano el hecho de ser mujer está jugando a su favor-, podría albergar otros peligros a medio plazo.

“No es lógico apostar tan claramente por uno de los candidatos”, explica un diplomético en ejercicio muy cercano al Gobierno. “¿Y si luego no sale elegida?”.

Quienes así se expresan recuerdan anteriores patinazos del joven Zapatero en las relaciones personales con dirigentes extranjeros que, a estas alturas, ya no deberían repetirse. Entre ellos, la pública apuesta por John Kerry, el contrincante demócrata frente a George W. Bush, quien finalmente repitió como presidente, o las declaraciones felicitándose del descalabro electoral de Angela Merkel, a quien se le suponía una holgada victoria en las últimas elecciones alemanas que finalmente se tradujo en un empate técnico con los socialdemócratas. “Ahora es la canciller, y tiene que hablar con ella. Cuando uno es presidente no puede hablar igual que cuando sólo se es líder del partido”, añaden las mismas fuentes.

El entorno presidencial parece haber tomado nota de que, al margen de como vaya transcurriendo el proceso para conseguir el fin de ETA Zapatero no puede inmovilizar su agenda. “Hay móviles, internet, aviones privados... estamos en un mundo globalizado y los líderes necesitan el contacto personal”, dicen quienes abogan por una mayor presencia de Zapatero en el mundo. De aquí a fin de año podrá percibirse si el cambio es significativo o meramente circunstancial. Las expectativas generadas por Zapatero han sido, quizá, demasiadas, pero sólo él, en persona, puede darles respuesta.

El francés de Felipe y Mitterrand

No son pocos los que, desde que el joven José Luis Rodríguez Zapatero accediera a La Moncloa, han mirado con cierto desdén su forma de relacionarse con los grandes líderes internacionales.

Desde su “my english is very bad” pronunciado con sincera humildad ante el presidente irlandés y  de la Unión Eruopea entonces, Bertie Ahern, en la primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno a la que tuvo que asistir cuando casi no había pasado ni un mes desde que ganase las elecciones en 2004, se ha observado con lupa su evolución en el trato personal con los dirigentes mundiales y su manejo de los idiomas.

Zapatero, al igual que Felipe González y José María Aznar, tuvo al francés como idioma de referencia en sus estudios y por eso, aunque se le disculpa su mínimo conocimiento de la “lengua del imperio” sí se le ha comparado con su antecesor socialista en el cargo, Felipe González, en cuanto a su manejo de la lengua de Voltaire.

¿Es que Felipe sabía más francés que Zapatero, aún siendo mayor en edad, según parecía por su soltura  en ciertos contactos internacionales?. Quienes han convivido con ambos líderes lo desmienten rotundamente.

El actual presidente conoce el francés tanto como, en su día, lo conocía González. la diferencia, en palabras de un ex alto cargo monclovita es que Zapatero “es leonés” y, como tal, tiene “un sentido del pudor que le impide lanzarse a hablar en un idioma que cree no dominar”.

González, con su gracejo sevillano, hablaba en francés con quien se terciara, aunque se tratase de un “francés macarrónico”, según algunos de quienes en su día le acompañaban en sus viajes.

Una de estas fuentes relata, de primera mano, una anécdota que ilustra este estilo “felipista” de moverse entre los mandatarios internacionales: En uno de sus primeros encuentros con Franc,ois Mitterrand, González, a pesar de la presencia de una traductora, quiso dirigirse al socialista en su misma lengua. Al  terminar su alocución y para sorpresa del joven sevillano Miterrand se dirigió a la traductora presente para solicitarle una explicación de lo que se le había dicho.

González, a pesar de la evidencia de que MIterrand no le había entendido, respondió con un inocente “¿pero cómo no me entiendes?” y siguió hablando. Ese despreocupado estilo en el trato personal es el que, según quienes conocieron al anterior presidente socialista, le sirvió para crear valiosas complicidades internacionales en su etapa. Algo que al carácter de Zapatero aún le cuesta conseguir.

El factor Sonsoles

¿Hasta qué punto las esposas de los presidentes colaboran o distorsionan la imagen internacional de sus maridos? Las forzadas “agendas paralelas” para consortes que se organizan en no pocas ocasiones cuando hay un encuentro multilateral de dirigentes indica que, a pesar de todo, la presencia de “las esposas”  sigue teniendo su valor en la imagen de los políticos.

¿Y cuándo a ellas no les gusta ese papel? No hay datos fiables para definir el perfil con el que Sonsoles Espinosa, la esposa del presidente Zapatero, quiere que se la reconozca en el transcurso del mandato de su marido.

“Es muy discreta y celosa de su vida privada” es el único elemento que repiten sus colaboradores, que no han querido -¿o podido?- desmentir las informaciones que la señalan como una de las alentadoras del escaso interés por los viajes del presidente.

Si en sus tiempos Carmen Romerio, la esposa de Felipe González, abominaba de acompañar  a su marido a sus citas internacionales y sólo lo hacía cuando era rigurosamente imprescindible, haciendo gala de una entonces inédita independencia femenina, la pareja Zapatero-Espinosa, por el contrario, comparte con los anteriores inquilinos de La Moncloa, los Aznar-Botella una imagen de pareja cercana, cómplice y bien avenida que bien podría haberlos llevado a completar un album de fotos de viajes tan abultado como el de los Aznar.

Pero no. Sonsoles ha acompañado a Zapatero a determinados viajes, sí, pero ha cuidado no aparecer públicamente más de lo imprescindible y, según sus críticos, es su interés en que no deje de atender sus obligaciones como padre y esposo, el que ha influído en algunas decisiones de su agenda internacional.

El futuro, en parte, en sus manos, por Enric Sopena


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