El Líbano se suma a las misiones
internacionales de Bosnia, Kosovo, Afganistán y Congo
Militares españoles en el extranjero
El Congreso de los Diputados aprobó el
pasado 7 de septiembre la participación de las tropas españolas en
la Fuerza Interina de
las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). El día 8, soldados de Infantería de
Marina y del Ejército de Tierra zarparon de
la Base Naval de Rota con
destino al Líbano a bordo de cuatro buques de
la Armada; 490 de ellos
pertenecen a infantería de Marina y 76 son del Ejército de Tierra. Estos
hombres y mujeres se suman a los más de 2.000 efectivos que actualmente tiene
España desplegados en las misiones internacionales de Bosnia, Kosovo,
Afganistán y República Democrática del Congo. Desde que en enero de 1989 el
Gobierno autorizara la participación de las Fuerzas Armadas en operaciones de
paz, el Ejército español ha estado presente en numerosos escenarios como
observadores, fuerzas de interposición, mantenimiento de la paz y ayuda
humanitaria. A lo largo de todo este tiempo han sido cerca de 70.000 los
militares que han participado en operaciones bajo mandato de
la ONU,
la OTAN o
la UE.
Por V. M.
Las relaciones internacionales de
principios de los 90 propiciaron la aparición de un nuevo concepto llamado
seguridad colectiva y que según
la
Carta de Naciones Unidas se define como “la seguridad
compartida entre las naciones que defienden un orden internacional asentado
sobre valores democráticos, la defensa de los derechos humanos, de la libertad,
de la justicia, de la igualdad y del pluralismo político”. España, que formaba
ya parte de organismos como
la
OTAN y
la
Unión Europea Occidental, se sumó por aquel entonces a las
misiones proyectadas por estos organismos supranacionales; desde entonces ha
participado en 50 operaciones de cuatro continentes, ya sea como observadores,
fuerzas de interposición, de mantenimiento de la paz y de ayuda humanitaria. En
todas estas misiones, que han requerido de la participación de 70.000 militares
españoles a lo largo de casi 18 años y de más de 3.100 millones de euros de
presupuesto, se ha contabilizado un total de 125 fallecidos que pertenecían o
estaban relacionados con el Ministerio de Defensa.
La misión a la que acaban de
incorporarse, la del restablecimiento de la paz de
la Fuerza Interina de
las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) según la resolución 1701 del Consejo
de Seguridad, ha sido fuente de polémica entre el Gobierno y el principal
partido de la oposición. El PP reprocha al Ejecutivo que retirara las tropas de
Iraq y envíe ahora soldados españoles a un escenario bélico. Los socialistas se
defienden recordando que las Fuerzas Armadas se sumaron a la coalición
internacional liderada por Estados Unidos que inició la guerra sin autorización
de
la ONU,
mientras que la de ahora es una fuerza de interposición de paz de las Naciones
Unidas. Los populares recriminan al Gobierno que los 1.100 soldados
comprometidos vayan a superar el límite de 3.000 militares en misiones en el
exterior si se suman a los 2.047 que ahora participan en las operaciones de
Kosovo, Bosnia-Herzegovina, Afganistán y República Democrática del Congo, tal y
como determina
la Ley
Orgánica 5/2005 de
la Defensa Nacional.
El Ejecutivo ya prevé reducir el número de militares presentes en los Balcanes
–entre Kosovo y Bosnia suman actualmente 1.213– para ajustarse a la
legislación. El líder de la oposición, Mariano Rajoy, asegura que nunca se
habían desplegado tantos militares en el exterior. Lo cierto es que fue en 2002
cuando se alcanzó el máximo histórico de 3.784 efectivos –España participaba en
la operación “Libertad duradera”–; el mínimo es de 1.514 y se registró tras la
retirada de las tropas de Iraq.
En cualquier caso, tras la comparecencia
del 7 de septiembre en el Congreso del ministro de Defensa, José Antonio
Alonso, para solicitar la autorización del Parlamento, el Partido Popular
respaldó el envío de tropas españolas al Líbano, que un día después partían ya
desde
la Base Naval
de Rota a bordo de cuatro buques de
la Armada.
Los militares españoles han empezado a
desplegarse en la zona sureste del Líbano, concretamente en la base de la
ciudad de Marjayún, para controlar el alto el fuego entre la guerrilla chií de
Hizbolá e Irsael en un territorio de 40 por
60 kilómetros situado
al oeste de la frontera de Líbano con el Estado hebreo. El grueso del
contingente español está formado por soldados de Infantería de Marina,
concretamente del Tercio de
la
Armada con base en la localidad gaditana de San Fernando.
Estos infantes forman el Batallón Reforzado de Desembarco, compuesto por 490
militares, de los cuales 80 son extranjeros y 30 mujeres. En esta primera fase
de la misión también participan 76 militares del Ejército de Tierra
pertenecientes al Cuartel General, a Transmisiones a
La Legión, a la unidad NBQ
(intervención Nuclear, Bacteriológica y Química) y al apoyo logístico. Los
buques que han realizado la travesía hasta el Líbano son el de Asalto Galicia,
encargado del transporte de personal y material de Infantería de Marina, el de
Desembarco Pizarro, donde está embarcado el material y los soldados del
Ejército de Tierra, el de Aprovisionamiento de Combate Patiño, que ha zarpado
con los suministros y elementos de apoyo logístico de la fuerza, y la fragata
Almirante Juan de Borbón, encargada de proporcionar escolta y seguridad.
En su despedida al contingente español,
José Antonio Alonso no ocultó el riesgo que rodea al cometido que tiene
asignado
la FINUL,
encabezada por Francia, Italia y España, pero al tiempo subrayó que se han
adoptado las medidas para minimizarlo al máximo. El despliegue español en
Líbano tendrá un periodo de vigencia de un año, según aprobó el Consejo de
Ministros del 8 de septiembre, y contará con un presupuesto mensual para los
primeros seis meses de 25 millones de dólares, que se reducirá a 7,5 millones a
partir del sexto mes, según los cálculos del ministerio de Defensa.
La brigada multinacional de cascos azules
desplegada al sur del Líbano está integrada, además de por Francia –con 2.000
soldados–, Italia –2.450– y España, por Bélgica –ofrece 400 militares–,
Finlandia –250– Portugal –140–, Polonia –250– e Irlanda –otros países europeos
contribuyen a la misión con recursos logísticos, no con personal militar–. Esta
fuerza deberá estar operativa el 1 de noviembre, fecha en la que deberá relevar
al contingente español.
Operaciones de paz en activo. Con la del
Líbano ya son cinco las misiones internacionales en activo en las que
participan las Fuerzas Armadas españolas, todas ellas por mandato de
la ONU,
la OTAN o
la UE –sin contar los observadores
en Sudán (7), Etiopía-Eritrea (5), la ex Yugoslavia (4), República Democrática
del Congo (3), Kosovo (2) e Indonesia (2) y los 82 militares que participan en
la operación de policía aérea del Báltico–. La más antigua,
la Fuerza de Protección de
la OTAN en Kosovo –junio de
1999–. La más reciente,
la
Operación de
la Unión Europea en apoyo a
la Misión de Naciones Unidas
en
la República
Democrática del Congo –junio de 2006–.
Tras el cese de la ofensiva en Kosovo y
la firma y puesta en marcha de los acuerdos de Rambouillet, suscritos por las
autoridades serbias y
la
Alianza Atlántica, las tropas de
la OTAN comenzaron a desplegarse
en la provincia de Kosovo para proteger a las poblaciones que conviven en la
zona, normalizar la situación política y social y crear las condiciones para la
instalación de un territorio autonómico para la población kosovar.
La Resolución 1244/1999 del Consejo de Seguridad de
la
ONU establece un componente de seguridad asumido por
la Alianza Atlántica
que constituye
la Fuerza
de Protección de Kosovo en la que participa España con un contingente inicial
de unos 1.200 soldados integrados en
la Brigada Multinacional
Italiana y desplegados en su mayoría en la zona de Pec.
Actualmente,
la KFOR cuenta con 16.000
efectivos de 33 países –22 de ellos pertenecen a
la OTAN– bajo mandato de las
Naciones Unidas. La unidad española, que dispone de alrededor de 700 efectivos
integrados en la fuerza internacional, se dedica al mantenimiento de la paz en
previsión de conflictos entre la mayoría albano-kosovar y la minoría serbia.
Asimismo, además de las labores de vigilancia y protección que requiere esta
tarea, ofrecen ayuda humanitaria.
Aunque la presencia española es más
reciente, Bosnia es la más antigua de las misiones internacionales que aún
permanecen en activo. Desde 1992, primero
la Alianza Atlántica
y después
la Unión
Europea se han encargado de la interposición y el
mantenimiento de la paz en la zona. En diciembre de 2004, cuando bajo el amparo
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas
la UE asumió el mandato de la
nueva fuerza internacional conocida como operación Althea, España entró a
formar parte del grupo de 33 países –22 de ellos de
la Unión– presentes en Bosnia.
Actualmente, Althea cuenta con 6.000 efectivos, de los alrededor de 450
proceden de nuestro país. Las fuerzas españolas están desplegadas
principalmente en Mostar como integrantes de
la Agrupación Sudeste,
en la que participan junto a militares de Alemania, Francia e Italia.
Una de las preguntas que reiteradamente
se le formula al Gobierno estas últimas semanas es cuánto tiempo va a
permanecer el Ejército español en el Líbano. Pero dependiendo del tipo de
operaciones, no siempre existe respuesta. Los 131 efectivos desplazados a
la República Democrática
del Congo regresarán en noviembre; fueron para garantizar la seguridad del
proceso electoral y, cuando concluyan los próximos comicios, regresarán a casa.
Sin embargo en casos como el de Bosnia, donde a pesar de no registrarse
incidentes graves desde hace años aún no puede confirmarse la total
pacificación de la zona, no existe fecha límite y
la ONU debe ir renovando
periódicamente el mandato.
La Fuerza Internacional de Asistencia para
la Seguridad en Afganistán (ISAF) fue establecida
por medio de
la Resolución
1386 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 20 de diciembre de 2001
para prestar apoyo al Gobierno Interino afgano en el marco de los acuerdos
alcanzados en Bonn. Pero poco antes, en el mes de octubre y en aplicación del
principio de legítima defensa de
la
ONU, en el país se desplegó la operación multinacional
Libertad Duradera liderada por Estados Unidos, en la que España entra a formar
parte en enero de 2002 con un contingente de unos 350 efectivos pertenecientes
a unidades de mando, comunicaciones y apoyo logístico, ingenieros, un equipo de
desactivación de explosivos y otro de apoyo al despliegue aéreo –esta
participación se redujo un año después a 130 militares de la unidad de
ingenieros y otra de apoyo al despliegue aéreo–.
En julio de 2004, el presidente Zapatero,
que acababa de retirar las tropas de Iraq, decidió salir también de la misión
Libertad Duradera para entrar a formar parte de
la ISAF, operación bajo mandato
de
la ONU y
control operativo de
la OTAN
desde agosto de 2003 –hasta entonces el mandato era rotatorio y variaba cada
seis meses–. La aportación española es un hospital de campaña en Kabul
complementado por elementos de transporte, cuatro helicópteros, un destacamento
del Ejército del Aire en Manas (Kirguizistán) y una unidad de apoyo y
protección. Asimismo, para apoyar los procesos electorales en Afganistán, las
presidenciales de julio de 2004 y las legislativas de julio de 2005, el Consejo
de Ministros autorizó el despliegue de un batallón de Infantería con un máximo
de 500 efectivos.
Actualmente, España cuenta en la región
con alrededor de 680 efectivos dedicados básicamente a dos operaciones. En Qala
i Naw, capital de Baghis, trabaja el Equipo de Reconstrucción Provincial (en
inglés, PRT), encargado de reconstruir el norte y el oeste del país. Además de
militares, personal civil de la agencia de desarrollo permanece en la zona. El
resto de efectivos se encuentran en la base avanzada de Herat, que desde este
verano cuenta con otros 150 militares. Los soldados pertenecen a
la Fuerza de Reacción Rápida,
que el pasado 8 de julio sufrió la pérdida de Jorge Arnaldo Hernández,
fallecido como consecuencia de una explosión. Las Fuerzas Armadas españolas
también cuentan con una fuerza de apoyo logístico de aviación para transporte
en Manás.
Esta es la operación con participación
española en la que más bajas ha habido. Además del soldado Hernández, 62
militares fallecieron en el accidente aéreo en Turquía el 26 de mayo de 2003 y
otros 17 perdieron la vida en el accidente de helicóptero del 16 de agosto de
2005.
La más reciente de las misiones en el
exterior previas a la del Líbano es
la Operación de
la Unión Europea
(EUFOR) en apoyo a
la Misión
de Naciones Unidas (MONUC) en
la República Democrática
del Congo del mes de junio. Se trata de una operación aprobada por una acción
común de
la UE en
respuesta a la petición del secretario General de
la ONU; Kofi Annan solicitó a
la Unión el envío de una fuerza
que garantizara el proceso electoral de finales del mes de julio y el previsto
para el mes de noviembre. El pasado 2 de junio, el Consejo de Ministros
autorizó la participación española por un período de cuatro meses. Actualmente la
misión, en la que destaca la presencia de franceses y alemanes y en la que los
soldados y oficiales suman un contingente de más de 2.000 militares, cuenta con
131 españoles desplegados en Kinshasa.
Otras misiones. Los antecedentes de la
primera operación de paz en la que participó nuestro país se remontan a 1856,
cuando algunas tropas españolas integraron un Ejército formado por soldados de
varias nacionalidades en la ciudad china de Shanghai, que en aquella época era
una pequeña torre de Babel sujeta a la jurisdicción de un órgano formado por 14
potencias con derechos extraterritoriales.
Pero la primera experiencia española en
el exterior tal y como hoy las conocemos tiene lugar en enero de 1989, después
de que el Gobierno autoriza la participación de las Fuerzas Armadas en
operaciones de paz. Desde el punto de vista político, este acontecimiento
histórico supuso la creación de un grupo de trabajo en el Ministerio de Asuntos
Exteriores formado por representantes del propio departamento, de Presidencia
del Gobierno y del Ministerio de Defensa, cuyo cometido consistió en la
elaboración de unas directrices generales con las que definir la participación
española en misiones de paz. Y desde el punto de vista militar, la cartera
dirigida en aquel entonces por Narcis Serra proporcionó a sus oficiales la
instrucción necesaria en este tipo de operaciones en prestigiosas escuelas
internacionales.
Coincidiendo con la asunción de estas
medidas, la primera misión internacional consistió en la verificación de
la ONU en Angola del repliegue de
las tropas cubanas. Con la participación de oficiales de diez países, entre
ellos España con siete observadores, la operación finalizó en julio de 1991 con
la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de
la Unión Internacional
para la independencia total de Angola (UNITA).
Este tipo de misión, que se ha seguido
sucediendo a lo largo de los años, ha requerido en ocasiones de la
participación española en operaciones de fuerzas de interposición. Muchas de
ellas se han desarrollado en los Balcanes, donde otras misiones precedieron a
las ya mencionadas KFOR y Althea. La primera tuvo lugar en septiembre de 1992
en Bosnia (UNPROFOR), una de las más complejas emprendidas por las Naciones
Unidas, en este caso para “facilitar el mantenimiento del alto el fuego entre
croatas y serbios”, y en la que España participó de forma considerable con
observadores, tropas en la zona y apoyo de unidades navales, aéreas y de
la Guardia Civil. Con
la extensión del conflicto a
la
República de Bosnia-Herzegovina, la presencia de nuestro país
se incrementó significativamente; la participación máxima fue de alrededor de
1.000 hombres y, durante todo el conflicto, la misión contó con 7.800 militares
españoles.
En 1992 se establece
la Fuerza Específica
para
la Ayuda
Humanitaria en la antigua Yugoslavia dependiente de
la Agencia Humanitaria
de
la Comunidad
Europea (ECHO), que desarrolla los programas de distribución
de alimentos en Croacia y de coordinación con otras organizaciones
internacionales. A la cabeza de la misión estuvo un General español, que contó con el apoyo de un oficial y un suboficial en la oficina de Zagreb.
Tras la partición política y geográfica
de Bosnia Herzegovina en 1993 que contempla la ciudad de Mostar como un caso
singular,
la Unión
Europea asume su administración durante dos años. En este
caso, España volvió a jugar un importante papel: un general y dos oficiales de
las Fuerzas Armadas son designados como asesores en asuntos militares del
administrador de Mostar durante todo aquel periodo. En agosto de 1995 surge
la Oficina del Alto
Representante de
la UE
en Bosnia Herzegovina con la misión de supervisar los aspectos civiles del
Acuerdo de Paz de Dayton. En junio de 1997, y tras ser nombrado alto
representante el embajador Carlos Westerndorp, tres oficiales españoles se
incorporan a la oficina en calidad de asesores, donde permanecen hasta julio de
2003.
Por su posición en el concierto
internacional, España ha dirigido su actuación de forma preferente hacia
aquellos ámbitos geoestratégicos considerados prioritarios por razones
geográficas, históricas o culturales. Así, en la misión de
la ONU de 1989 en Centroamérica
solicitada por los cinco presidentes de los países de esta región, un general
español fue nombrado primer comandante: era la primera vez que España ostentaba
la jefatura de una operación internacional de este tipo, consistente en
“verificar el cese de ayuda a las fuerzas irregulares y movimientos insurrectos
y el no uso del territorio de un Estado para agredir a otros Estados”. Y en
1999 y a petición de las Naciones Unidas, oficiales de nuestro Ejército
participaron como expertos en el conocimiento del terreno y de la población
para apoyar a los observadores del referéndum del Sahara Occidental.
La polémica de Iraq. Los atentados
terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron el mundo. Algunas zonas del
planeta más que otras. Como por ejemplo Iraq. En septiembre de 2002, el
presidente norteamericano George Bush aseguraba que existían pruebas para
demostrar que el Gobierno de Bagdad desarrolla armas de destrucción masiva y
que debía haber un cambio de régimen. A pesar de que los inspectores de las
Naciones Unidas no confirmaron tal extremo, Estados Unidos decidió liderar una
coalición internacional para derrocar a Sadam Hussein y el 19 de marzo de 2003,
el país norteamericano y el Reino Unido, con el respaldo explícito del entonces
presidente español, José María Aznar, lanzan su primer ataque contra Iraq. La
guerra finaliza oficialmente el 2 de mayo y Bush la enmarca en la lucha contra
el terrorismo mundial, aunque después tuvo que reconocer que carecía de pruebas
que relacionaran a Hussein con el 11-S.
La participación militar de España
comenzó en el mes de abril de 2003, cuando el buque Castilla y un hospital de
campaña, entre otras unidades de apoyo, llega a Unm Casar como soporte de la
operación “Libertad Iraquí” para permanecer tres meses. En el mes de julio de
ese mismo año, una vez finalizada la operación bélica, se produce el despliegue
de
la Brigada
Multinacional Plus Ultra con 1.300 militares en la zona de An
Najaf y An Nasiriya, cuya misión se encuadraba dentro de la categoría de ayuda
humanitaria. La operación finaliza con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero,
que nada más tomar posesión del cargo anuncia la retirada de las tropas
españolas tal y como prometió durante la campaña electoral.
En el polémico envío de tropas está la
raíz de uno de los cambios fundamentales en la legislación en materia militar.
La Ley Orgánica 5/2005
de
la Defensa
Nacional introduce una serie de consideraciones acerca de las
misiones en el exterior, como la definición del tipo de operaciones, las
condiciones que deben reunir para que el Gobierno apruebe la intervención de
los Ejércitos en escenarios de crisis o conflicto o el procedimiento a seguir
para autorizar el envío de tropas.
De entre todas ellas cabe destacar la
necesidad de que “se realicen por petición expresa del Gobierno del Estado en
cuyo territorio se desarrollen o estén autorizadas en Resoluciones del Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas o acordadas, en su caso, por organizaciones
internacionales de las que España forme parte” y de que “sean conformes con
la Carta de las Naciones Unidas
y que no contradigan o vulneren los principios del derecho internacional
convencional que España ha incorporado a su ordenamiento, de conformidad con el
artículo 96.1 de
la
Constitución”. Asimismo, se establece que “para ordenar
operaciones en el exterior que no estén directamente relacionadas con la
defensa de España o del interés nacional, el Gobierno realizará una consulta
previa y recabará la autorización del Congreso de los Diputados”. Desde su
aprobación, el Ejecutivo socialista ha seguido todos estos trámites, los mismos
que se echaron en falta en la controvertida decisión de Aznar de enviar tropas
españolas a la guerra contra Iraq.
La ayuda humanitaria
La ayuda humanitaria se viene
desarrollando desde 1991. La primera intervención, denominada Operación Provide
Confort, fue ejecutada por un contingente del Ejército de Tierra que acudió a
Iraq para colaborar en la construcción de campos de refugiados iraquíes de
origen kurdo, aportando un hospital de campaña y ofreciendo seguridad a las
instalaciones españolas desplegadas en la región.
Esta tuvo un origen bélico, pero gran
parte de las misiones sucesivas han estado motivadas por catástrofes naturales.
Es el caso del huracán Mitch de Centroamérica, donde una unidad de ingenieros
del Ejército de Tierra acudió a la zona a bordo del buque Galicia de
la Armada española para
instalar puentes y permitir la reutilización de las vías de comunicación
cortadas por la tormenta, tanto en Honduras como en Nicaragua. O del terremoto
de Turquía de 1999, donde el Gobierno envió una unidad médica de campaña
compuesta por 27 efectivos para instalar un hospital de campaña en la zona de
la catástrofe y atender a miles de damnificados. O de las graves inundaciones
que asolaron Mozambique en 2000, donde las Fuerzas Armadas desplegaron tres
helicópteros para realizar evacuaciones y distribuir ayuda, una unidad
sanitaria de campaña, 50 camas de hospitalización y dos quirófanos, una unidad
de evaluación de daños y cooperación cívico militar para el apoyo a la
distribución de ayuda y un contingente de 152 hombres.
Los casos más recientes tuvieron lugar el
pasado año. La misión Respuesta Solidaria para atender a los damnificados por
el maremoto que asoló el sureste asiático en Indonesia contó con dos
contingentes españoles integrados por 650 militares; el aéreo, compuesto por
cinco aviones con los que trasladar personal y ayuda humanitaria dentro de la
zona de operaciones, y el naval, formado por el buque Galicia, tres
helicópteros, dos embarcaciones de desembarco, una unidad quirúrgica, tres
equipos médicos desplegables y una unidad de Ingenieros del Ejército de Tierra.
La otra misión, denominada Respuesta
Solidaria II, se ha desarrollado en Pakistán. El 10 de octubre del años pasado,
el país solicitó oficialmente ayuda de emergencia a
la OTAN para paliar los efectos
del terremoto del 8 de octubre. Poco después,
la Alianza Atlántica
aprobaba su autorización ordenando el despliegue de una fuerza en la que se
integran las unidades españolas del cuartel general y unidad de cuartel general
para el mando táctico de las operaciones en zona, la plana mayor de un batallón
de ingenieros y una compañía de ingenieros, el elemento de apoyo nacional y un
hospital de campaña.
La dependencia de
la ONU
Desde el inicio de las misiones de paz
tal y como hoy las conocemos,
la
ONU ha intentado articular su propia fuerza militar de cascos
azules, el Ejército de pacificación que debería dotar al organismo
internacional de mayor credibilidad y prestigio en todo el mundo. Sin embargo,
los presupuestos de las Naciones Unidas no alcanzan para financiar a todos los
recursos humanos, técnicos y logísticos requeridos; cada uno de los cascos
azules cobran 1.000 euros al mes, cantidad insuficiente para la mayoría de
ellos, y el material, apoyo logístico, estratégico o de comunicación es
insuficiente y, por sí solos, ofrecen una muy insuficiente capacidad operativa.
Además, en muchos casos no puede garantizar que las instalaciones del
territorio donde están desplegados los efectivos militares reúna unas
condiciones mínimas de vida y habitabilidad. |