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Nº 708 - 18 de septiembre de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De Martín Ferrand y de Anson
(con pantalones o sin ellos)

Es demócrata Zapatero?”, se preguntaba hace unos días Manuel Martín Ferrand en ABC. La respuesta a este interrogante es negativa. Zapatero no es demócrata, a criterio de este veterano periodista que ha procurado nadar siempre entre dos aguas y ha jugado a cuantas cartas ha podido. Martín Ferrand tiene más conchas que un galápago, y su vinculación con la derecha es indiscutible, a poco que se rastree su larga biografía profesional. No le niega sólo la condición de demócrata al actual presidente del Gobierno. Es que lo sitúa nada menos que en el “totalitarismo”.

Lo retrata del siguiente modo: “A José Luis Rodríguez Zapatero le vimos venir, cuando llegaba al poder procedente del olvido, de gobernante autoritario. Aún con el disimulo de su sonrisa perpetua, una mueca, se le advertía el nervio de sus decisiones rotundas, incontestables y generalmente nefastas y estériles: sin límites morales o formales para evidenciar su poder. El tiempo, el más fino analista político del que se tiene noticia, ha desmentido la condición autoritaria del presidente (…) Lo que tenemos a la vista es un caso típico de totalitarismo”.

El día que Martín Ferrand escribió esta sarta de disparates en ABC, cuyo viaje al centro recuerda por inacabado e inacabable al del PP, Luis María Anson, ex director del periódico monárquico, arremetía desde las páginas de El Mundo, y en términos parecidos o intercambiables, también contra Zapatero. Luego me ocuparé del artículo de Anson, quien tras unos meses de silencio merece que le prestemos una cierta atención. Añade Martín Ferrand: “No es que ejerza la autoridad, algo siempre deseable; sino que (…) trata de concentrar la totalidad de los poderes estatales en manos de un partido y no permite la actuación de otros partiditos”.

¿Pero dónde está el pecado totalitario de Zapatero?  Aquí tienen la explicación del autor del comentario. Su razonamiento roza la estulticia. O, mejor dicho, la rebasa: “Para demostrar su condición totalitaria (…), Zapatero le va a poner una Secretaría de Estado a Trinidad Jiménez, tal que los ricos de provincias le ponían un piso en Madrid a sus mantenidas de turno, para que renuncie de buen grado a su bien ganada condición de aspirante a la Alcaldía de Madrid. Tal y como acostumbra, el líder socialista hace uso de las herramientas del Estado en bien de su partido –¡dramática confusión– y los suyos, dormidos o hechizados, no dicen nada y sonríen, un poco por contagio del jefe y un mucho por si les corresponde alguna dádiva en los caprichosos repartos que, como en este caso, sustituyen los méritos dentro del PSOE (…)”.

Anson, por su parte, carga asimismo contra el presidente, a quien achaca el cerco de soledad en el que se encontraría, no por voluntad propia, el Partido Popular. Si esto fuera cierto, si la persecución al PP fuera exacta, en efecto, cabría hablar de totalitarismo por parte de Zapatero. Como no lo es, como únicamente se trata de una invención infecta, que los propagandistas de Génova repiten sin tregua alguna, hasta la saciedad, el artículo de Anson es otra demostración de hasta qué punto el periodismo amarillo, construido sobre la falacia y sobre la calumnia, está presente y bien presente en la prensa española.

Éste es el alegato de Anson:  “Zapatero (…) ha regresado al disparate de excluir a media España de las decisiones políticas de Estado. (…) La Transición fue el esfuerzo colectivo para integrar la moderación –el centroderecha y el centroizquierda– en una común política de Estado que superara el cerrilismo excluyente, evitando, además, el protagonismo de los extremismos (…) y la genuflexión ante los nacionalismos voraces. Suárez, Calvo Sotelo, González y Aznar se esforzaron por mantener en los grandes asuntos nacionales la política de concordia entre los dos grandes partidos (…) Pero en 2004, tras los días turbios del 11-M (…), Zapatero se lanzó a una política de panfleto preuniversitario que puso al país patas arriba”. ¿Aznar se esforzó por una política de concordia en los grandes temas? ¡Hombre, don Luis María, no joda! ¿En qué país vivía usted entonces?

Y más todavía: “Zapatero es un aprendiz de brujo que está pulverizando la sabia y delicada construcción del 78 y que pretende excluir al PP, es decir, a la mitad de España, de cualquier decisión de Estado (…) Zapatero está fraguando los cimientos de la República confederal y trabaja a marchas forzadas, arriados los pantalones de la dignidad nacional, para llegar a un acuerdo con ETA”. Un acuerdo para conseguir el fin de la violencia, la paz en Euskadi y en España. Como lo intentó Aznar hace ocho años y en esa época Anson no escribió ni una sola línea contra las iniciativas de diálogo entre el Gobierno de España y ETA. Hablando de dignidad, Anson carece de ella. Con pantalones y sin pantalones.

Luis G. del Cañuelo

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