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Recordando la tragedia
de las Torres Gemelas
por Santiago Carrillo
Escribo estas líneas el 11
de Septiembre, fecha en la que es imposible eludir un tema: la tragedia de las Torres Gemelas en Nueva York. Fue un atentado terrorista de proporciones aterradoras que despertó una enorme oleada de solidaridad mundial con las víctimas, ciudadanos norteamericanos corrientes, seres humanos que no podían ni imanar un final tan dramático. El Goierno de EE UU, consiguió tras ese tentado el nivel más alto de apoyo internacional jamás logrado.
En muy poco tiempo, el presidente Bush ha arruinado todo ese innenso capital de prestigio que la insta suerte sufrida por más de tres nil ciudadanos norteamericanos había puesto a su disposición. Y eso ese a los poderosos medios propagandísticos que la Administración stadounidense controla a lo largo ancho del planeta, a la disponibilidad de tantos políticos y publicisas occidentales y al apabullante despliegue de su poderío militar financiero. En sólo cinco años, Bush ha causado daños seguramente irreparables a lo que se ha llamado el "liderazgo americano" en el mundo actual.
En realidad, el drama de las Torres Gemelas todavía sigue siendo algo inexplicable e inexplicado satisfactoriamente. No es que se ignore quiénes fueron sus responsables directos; todo el mundo sabe que fueron los terroristas de Al Qaeda. Lo que no se sabe es cómo en el país de la CIA y FBI y de otros servicios de "Inteligencia" implantados en los más diversos rincones de la Tierra, que nos tienen fichados a un número inmenso de personas incluso fuera de sus fronteras y que habían hecho frente ya a unos pocos ataques de estos mismos terroristas, haya podido ser sorprendido por una conspiración largo tiempo tramada en su propio territorio.
Los pilotos que estrellaron los aviones contra las Torres se habían formado en escuelas de aviación americanas. Eran gentes que habían colaborado con los servicios de "Inteligencia" americana en Afganistán contra los invasores soviéticos y que quizá por eso pudieron acceder a dichas escuelas. La imagen de Bin Laden había comenzado a formarse ya en los servicios de EE UU. Y al día siguiente del atentado, cuando estaba prohibido el despegue de todo avión sobre el suelo nacional, los familiares de Bin Laden y otros saudíes relacionados con el mundo del petróleo volaban en aviones autorizados de manera extraordinaria por el Gobierno de Bush hacía sus países de origen sin ni siquiera ser interrogados previamente.
La prensa internacional publicó en su momento noticias de que funcionarios de policía habían hecho llegar al Gobierno datos sobre lo que iba a ocurrir, sin que éstos fuesen tenidos en cuenta por quienes debían.
¿Quién no recuerda el rostro de Bush, que visitaba una escuela infantil, en el momento de recibir la noticia? Es una foto que retransmitió la televisión en todo el mundo. En vez de un presidente sorprendido, nervioso, saliendo de estampida para hacer frente a la situación, vimos a un hombre inmóvil, ensimismado, inexpresivo, como perdido enun sueño, tan diferente del Bush que poco más tarde se disfrazaba de aviador para desembarcar en un portaaviones, como un jefe guerrero.
Desde el principio, la duda de que haya habido negligencias culpables en vísperas del acontecimiento ha sido expresada muchas veces. Y nada serio ha venido a disiparla. Al contrario, la forma en que la Administración Bush ha aprovechado la circunstancia para desencadenar lo que se ha considerado como la 'guerra mundial contra el terrorismo"dilata el amplio espacio existente para el surgimiento de las más graves sospechas.
En realidad, utilizando el atentado la Administración Bush ha tratado de que todas las potencias del planeta se pongan a su servicio para ayudarle a dominar las principales reservas mundiales de petróleo. Se emplearon a este fin las mentiras más descomunales. Sadam Hussein fue presentado como un nuevo Hitler, relacionado con Bin Laden, cabeza del terrorismo. Ahora un senador con apellido famoso –RockefeIler– declara que los EE UU estaban más seguros con Sadam a la cabeza de Gobierno iraquí y se reconoce que Sadam no tenía nada que ver con Bin Laden.
Tentativas del mismo carácter están utilizándose para justificar una agresión contra Irán, tras el crimen terrorista que ha sido la agresión al Líbano.
La tragedia de las Torres Gemelas, que nos conmovió a todos y levantó nuestra solidaridad con las víctimas no debe seguir siendo una patente de corso para la banda de los petroleros que encabeza Bush.
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