Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 708
18/9/2006

Amor de alto voltaje

    Zapatero y la canciller Angela Merkel han brindado por un final feliz para Endesa en el idílico balneario de Meersburg. Es un final más feliz para la alemana E.ON que para la catalana, y no por ello menos española, Gas Natural. Los campeones nacionales han muerto –mañana alguien pujará por Repsol o por Iberdrola– como ha fallecido la teoría de los sectores estratégicos y las aprensiones en torno al interés general: garantía de suministros, control de nucleares o abastecimiento insular. ZP, que había menospreciado las posibilidades de Merkel, ha sellado con ella lo que puede ser el principio de una gran amistad. Sigue así los pasos de Felipe González con Helmut Kohl y de José María Aznar de la mano de Blair. 

Parece próximo el desenlace de este culebrón cuyo primer capítulo se escenificó el 5 de septiembre de 2005 cuando reinaba el Tripartito con Maragall en el gobierno de Cataluña; José Montilla, al frente del PSC de la barcelonesa calle de Nicaragua y del Ministerio de Industria en el madrileño Paseo de la Castellana, y cuando La Caixa de Barcelona y del resto de España se perfilaba como el amante industrial de los socialistas. La OPA de Gas Natural impulsada por Brufau en revancha del veto de Aznar a su intento de hacerse con Iberdrola, tenía, además de la ambición de este capitán de industria, la lógica de la primera caja de España que, a diferencia de los bancos, huidos de la industria, se ha casado con los servicios ciudadanos de agua, gas y electricidad.

La OPA nació con una lógica empresarial pero condicionada por implicaciones de política nacional, autonómica y de partido –Pizarro, sí; Pizarro, no– y puede concluir por decisiones de política internacional no exentas de implicaciones nacionales, autonómicas y partidarias. Es muy probable que triunfen las posiciones de Pizarro, colocado por el PP, pero sin Pizarro, que podría ser sustituido por alguien mejor visto por el PSOE.  Parece que Bernotat estaría dispuesto al sacrificio de quien le abrió la puerta de Endesa agradeciéndole los servicios prestados por quien no ha dejado de utilizar con habilidad y constancia un solo vericueto político, mediático  o jurídico en Madrid y en Bruselas. Pero –perdonen mi adhesión a Pero Grullo– los negocios son los negocios y manda más quien manda que quien está en la oposición. Pudiera ocurrir también que siguiera Pizarro y este nombrara a algún consejero próximo a los socialistas que pudiera heredarle. Parece que quien está mejor situado es Carlos Solchaga, veterano ministro de González, que a pesar de ello está bien visto por Zapatero y que en la actualidad asesora a Pizarro y mediando entre las partes implicadas. En estos asuntos hay muchas connotaciones, según la nueva acepción acuñada por Aragonés, el seleccionador que, como Zapatero con Endesa, no está llamado a conseguir campeones nacionales.

Desde que Wulf Bernotat entrara en liza el conflicto se elevó a internacional, en una lógica precomunitaria para la mayor suspicacia de Bruselas, a la que el Gobierno acaba de dorar la píldora haciéndole notar su propósito de enmienda; la olla se cuece en el terreno bilateral y no en el patio interior de lo que quizás algún día sea una auténtica comunidad supranacional. En el Lago Constanza no hubo explicaciones, pero sí poesía. La retórica de ZP está alcanzando un virtuosismo sublime en el encubrimiento de la realidad: “El Gobierno desea que esa resolución [la del Gobierno rectificándose a sí mismo ] sea satisfactoria para los intereses alemanes, para los intereses de E.ON y, ante todo, para los intereses de los consumidores españoles y de nuestro modelo energético”. Se supone que con la resolución de la CNE todo el mundo perdía. Un año después de la OPA se ha dado la vuelta a nuestro modelo energético; ahora los europeos, léase alemanes, son los campeones de España. Los vencedores sin paliativos serán, eso sí, los accionistas, que han ganado un 50 por ciento. Caiga o no caiga Pizarro, le estarán agradecidos. Enhorabuena para ellos, pero suponíamos que la energía era diferente, un sector intervenido donde el Estado fija tarifas y por tanto beneficios y en el que la competencia no funciona como entre los bares.

ZP se ha dejado algunos pelos en esta gatera. El nuevo ministro Joan Clos se inicia con este marrón pues a nadie le gusta quedar mal en su pueblo. Mientras tanto, Miguel Sebastián, asesor económico del presidente, al que se le atribuye la inspiración de los relevos de la gente del PP se le adjudica también cierta depresión tras los intentos de desbancar a Francisco González del sitial del BBVA  y ahora a Pizarro de la poltrona de Endesa. Sin embargo, ojo al parche, hay alguien muy bien situado que me asegura que el culebrón aún no ha terminado.

  José García Abad

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