F abián
Hemeroteca Esta semana
Nº 708
18/9/2006

EL SOCIALISMO CATALÁN, EN LA ENCRUCIJADA

Por Bernardo Fernández*

Es posible que las últimas decisiones que hemos tomado los socialistas en Cataluña vistas desde la distancia puedan producir cierta perplejidad. Analicemos los hechos.

Es verdad que en menos de tres meses se han cambiado los dos primeros cabezas de cartel. Pasqual Maragall, actual presidente y candidato a repetir como tal en la Generalitat, y Joan Clos, alcalde de Barcelona nombrado ministro, han dejado sus plazas. En cualquier caso, lo que ha hecho correr ríos de tinta y ha tenido, y temo tendrá, más resonancia mediática es la renuncia de Pasqual Maragall a presentarse a otro mandato en la presidencia de la Generalitat.

Es evidente que Maragall ha sido un líder heterodoxo, no adscrito a los cánones clásicos de la izquierda tradicional. De hecho, siendo alcalde ya intentó la creación de una plataforma política que suplantara en todo o en parte el espacio del partido. Sabido es que nunca sus relaciones fueron fluidas con el mal llamado aparato. Tal vez por eso, y quizás porque quería emular al Partido Demócrata americano, crea Ciutadans pel Can-vi, organización que hace tiempo ya perdió su razón de ser, si es que la llegó a tener. Por otra parte, hay que reconocer su capacidad de trabajo. Y lo que no se le podrá negar nunca es su perseverancia, su tenacidad y su obstinación, a veces rayando en la terquedad, para lograr un objetivo.

A estas alturas nadie puede negar que él ha sabido aglutinar a la gente de progreso de Cataluña para sacar adelante el Estatuto. Es verdad que este proceso, por largo y difícil, ha eclipsado la acción de gobierno. Una acción de gobierno que ha sido importante y cuantiosa. Políticas territoriales y ambientales, acuerdos estratégicos por la competitividad, pero sobre todo acciones dirigidas a las personas como la Ley de Barrios, el Pacto por la Educación o la Ley de Servicios Sociales. Con este telón de fondo, en Cataluña, el 18de junio, con la aprobación del nuevo Estatuto de Autonomía, se abría un nuevo ciclo político. Quedarán para el recuerdo las anécdotas, las disputas, las pequeñas peleas y los pactos de pasillo. Pero lo importante es lo que ha quedado escrito y después ha sido votado y aprobado por los ciudadanos.

Un nuevo Estatuto que es el mejor marco jurídico que jamás hemos tenido como pueblo. Pero solo será así si ahora hacemos que todo eso que se consiguió sirve para que los ciudadanos vivan mejor, para que la sanidad sea mejor, para que la educación sea un herramienta de integración y liberación para todos, para que los jóvenes puedan acceder a una vivienda sin tenerse que empeñar de por vida...

Y aquí, que nadie se escandalice, no se trata de renunciar a nada. El concepto de nación cada uno lo entiende de una manera y todas son respetables. Nuestra singularidad nacional y nuestra trayectoria como pueblo es la que es y no vamos a renunciar a nada, pero ahora es el momento de hacer políticas para la gente, políticas de cohesión social y de integración. Políticas mediante las cuales los ciudadanos alcancen mayores cuotas de calidad de vida. Si no es así, ese nuevo texto que tanto nos ha costado no habrá servido para casi nada.

Así las cosas, al PSC (PSC-PSOE) se le planteó un reto de extraordinaria importancia: primero, escoger un candidato que sea el nuevo presidente de la Generalitat. Y, después, que éste sea la persona que encabece el Gobierno que tiene que poner en marcha el nuevo Estatuto. El Estatuto de las personas. Pues bien, en ese contexto, el partido ha decidido que sea José Montilla quien lidere ese proyecto. Es verdad que de alguna manera se rompe el hilo conductor de los candidatos del PSC a la presidencia de la Generalitat. El lugar de nacimiento es distinto y la extracción social y, por tanto, la formación, también. Ahora bien, hay algo que para mí es mucho más importante: todos han mamado socialismo desde pequeños y todos se han forjado en mil batallas y, lo que más importa, todos comparten el deseo de una sociedad más justa, más libre y más solidaria. Por todo eso, desde el socialismo catalán hay que poner de manifiesto, ahora más que nunca, que el catalanismo es transversal y que proponer a un andaluz de origen a la más alta magistratura de país es un símbolo de normalidad democrática.

Ya lo hemos dicho. Con este Estatuto se abre una etapa nueva en Cataluña, pero también en España. En los próximos años habrá que desarrollarlo y aplicarlo. Ciertamente esa será una tarea compleja y para ello se necesita un Gobierno con una mayoría parlamentaria sólida y que a la vez tenga la fortaleza que otorgan, primero, las urnas, y luego, el rigor en la acción. Y eso, sin duda, está en el caché de Montilla.

Nos jugamos mucho, es verdad. Todo cambio significa un riesgo y lo asumimos. Está en juego aquello por lo que hemos luchado años y años. Podemos pasar de tocar el cielo con las manos a hundirnos en nuestro propio detritus. Vale la pena intentarlo. En las próximas elecciones al Parlament del 1-N hay que obtener una mayoría suficiente para poder gobernar con sosiego y tranquilidad. Ésta sería la mejor manera de culminar este proceso de renovación que los socialistas de Cataluña hemos puesto en marcha. Al fin y al cabo se trata de evolucionar al ritmo que lo hace la sociedad de la que formamos parte y a la cual aspiramos a representar y a servir.

* Diputado por el PSC al Parlament de Cataluña.

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