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Nº 707 - 11 de septiembre de 2006

Municipales y autonómicas remueven el entorno del presidente

El ‘casting’ de ZP

Se fue a descansar a Lanzarote con una carpeta llena de nombres. Las municipales y autonómicas de la próxima primavera y, antes aún, las catalanas del 1 de noviembre le pedían la elección de un nuevo ministro y de algunos candidatos de postín. Y no parece haber perdido el tiempo. Ha llamado a su vera a veteranos de la “vieja guardia”, como Joan Clos, y a fieles amigos, como Trini Jiménez, mientras proyecta enviar a lejanos empeños a su querido López Aguilar y a la ministra Salgado. La alcaldía de Madrid, la de Barcelona o la presidencia de Canarias bien lo merecen. Esta vez Zapatero no sólo quiere “caras nuevas” en los carteles del PSOE. Ahora está en Moncloa, y lo que quiere es llegar a las generales con el mayor número posible de plazas reconquistadas al PP. En su casting las encuestas de Ferraz pesan más que nunca. Y la batalla de Madrid parece pedir a gritos un cartel con solera.

Por Inmaculada Sánchez

Esta semana Joan Clos estrena su cartera de ministro de Industria. Y Trinidad Jiménez la de Secretaria de Estado para Iberoamérica. Dos puestos removidos como consecuencia de la estrategia desplegada por el PSOE para encarar las próximas elecciones municipales y autonómicas.

Zapatero ya afrontó la anterior convocatoria de comicios locales siendo secretario general del PSOE pero desde la oscura oposición al gobierno de Aznar. Los resultados, entonces, aunque supusieron un cierto avance para el joven equipo de Zapatero, no produjeron consecuencias de relieve en el poderío territorial del PP.

Esta vez, sin embargo, la situación es bien distinta. Zapatero da indicaciones desde Moncloa. Y no es lo mismo negociar un candidato con el secretario general del partido que con el presidente del Gobierno,

“Ambos estamos en la misma línea. Madrid es una plaza clave. Hay que ir a por todas”. Así se sinceraba Rafael Simancas a El Siglo el pasado mes de marzo confirmando que los antiguos recelos entre Ferraz y el Partido Socialista de Madrid (PSM) habían pasado a la historia.

El último movimiento de Zapatero para remover el mapa electoral así lo confirman. La pasada semana sorprendía a a una mayoría de socialistas anunciando el nombramiento de Trinidad Jiménez, su mujer de confianza desde los inicios de Nueva Via, el grupo que le encumbró como aspirante a la secretaría general del PSOE, como nueva Secretaria de Estado para Iberoamérica.

Aunque su posible traslado a la arena de la política nacional era un deseo poco disimulado desde su entorno –El Siglo ya informó de ello en su portada del número 679 del pasado enero titulada ”Las estrellas errantes de ZP. Trini Jiménez espera ser relevada en la candidatura de Madrid”– la dificultad de encontrar un sustituto que mejorase las expectativas de quien ha sido la portavoz socialista en el ayuntamiento los últimos tres años lo ponía verdaderamente difícil.

“Parece que la va a tocar. Por pocas ganas que tenga. Es muy difícil que gane a Gallardón pero, si no tenemos otro cartel de mayor peso, ella es la mejor alternativa puesto que se lo ha currado y la gente la conoce”. Así analizaba poco antes del verano un alto cargo del PSM la situación de Trinidad Jiménez.

Quien así hablaba había vivido los momentos de radical desencuentro entre el PSM de Rafael Simancas, antiguo guerrista, y el Ferraz de Zapatero cuando éste impuso a Trinidad Jiménez en 2003 como “cara nueva” del cartel electoral de Madrid en las últimas elecciones municipales, justo cuando las tradicionalmente enfrentadas familias socialistas madrileñas habían llegado a un inédito consenso para que Javier Solana, también por primera vez dispuesto a volver a la politica española, disputase la alcaldía madrileña.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Hoy, el nombre del aún desconocido candidato que disputará a Gallardón el bastón de mando de la capital ha sido pactado a comienzos de junio entre Zapatero y Rafael Simancas, según fuentes solventes del PSM y por mucho que algunas informaciones se esfuercen en transmitir lo contrario.

Es una incógnita cuándo será dada a conocer su identidad –puede que, incluso se conozca antes de que esta edición esté en los quioscos– aunque todo hace pensar que Zapatero dejará a los socialistas madrileños manejar sus tiempos y que sea, incluso, Simancas, el secretario general, quien haga el anuncio.

Detrás de las múltiples quinielas que a finales de la pasada semana se hacían en todas las sedes socialistas se escondían las  mil y una encuestas que el PSM lleva realizando respecto a la capital del Estado y la dificultad de superar a un candidato del tamaño de Ruiz-Gallardón.

“Hace falta alguien con mucho nombre. El experimento de las “caras nuevas” ya dio su resultado con Trini. Ahora hace falta alguien con peso”, explican en la sede del PSM mirando sus sondeos. Si hace ahora tres años el equipo de Zapatero respondía a estos mismos argumentos diciendo que por mucho que los datos apuntaran a Javier Solana como mejor candidato Zapatero necesitaba lanzar un mensaje de recambio de caras, ahora la prioridad es otra.

El inesperado triunfo en las generales del 14 de marzo forzó un entendimiento entre Ferraz y el PSM, alimentado por la dramática pérdida de la Comunidad de Madrid debido a la traición de Tamayo y Sáez, que ya no tuvo vuelta atrás.

“Blanco y Simancas ya no tienen recelos mutuos. La “batalla de Madrid” es de todos y en la elección del candidato se verá”, explicaba antes del verano un alto cargo de los socialistas madrileños. Después de las hipótesis de nombres como el citado Solana, autodescartado el pasado agosto –”no entra en mis proyectos vitales”, dijo–, González, también autoexcluído con una significativa triple negación –”no, no  y no”, dijo a los periodistas el pasado jueves–, o Bono, al que el enfrentamiento con Gallardón podría causar conflictos personales  –el ex ministro hizo público un supuesto pacto con el alcalde madrileño para no enfrentarse personalmente en las urnas– el baile de nombres es amplio aunque quienes están más cerca del líder de los socialistas madrileños apuntan en la dirección de algún miembro de la “vieja guardia” del PSOE entre la que el hoy presidente del Parlamento europeo, José Borrell, se presenta como uno de los candidatos destacados.

Al margen de quien, finalmente, sea el designado quienes siguen de cerca los pasos del presidente reconocen una recomposición del entorno de Zapatero en estos movimientos de cara a las candidaturas electorales.

La primera sorpresa vino de la mano de Joan Clos, el “quemado” alcalde de Barcelona, en opinión de buena parte del PSC, para cubrir la vacante dejada por José Montilla como ministro de Industria. Sin negar que la titularidad de un departamento como Industria es un destino difícilmente calificable como “castigo” en el PSOE no ha dejado de sorprender que Zapatero aceptase a un miembro tan claramente identificado con “la anterior etapa” para formar parte de su Consejo de Ministros, máxime una vez que ya había desplazado a Bono del mismo.

Elementos más cercanos al presidente, sin embargo, explican sin problemas estos movimientos en el tablero. Se trata, según su análisis, de que Zapatero tiene una clara sensibilidad hacia el partido y ningún prejuicio hacia la “vieja guardia” como se le viene atribuyendo.

Más allá de esta convencional explicación existe una estrategia de mayor alcance que se comparte hasta en las sedes del PSOE menos entusiastas con Moncloa. Y que, para desgracia de algunos de quienes ahora forman el equipo de fieles del presidente, está recomponiendo el entorno del “jefe”, con imprevisibles consecuencias para todos.

El nombramiento de Clos como sustituto de Montilla es el mejor ejemplo para quienes se apuntan a esta estrategia. El PSC –o, mejor dicho, Montilla– ha convencido a Zapatero de que para mantener la alcaldía de Barcelona era necesario un recambio en la generación del candidato y apostar por una cara nueva como Jordi Hereu y el presidente ha aceptado hasta el punto de llevar a Clos a su Consejo de Ministros.

En el caso de Madrid se trataba de reconocer el “error Trini” como candidata a la alcaldía, en el que él se empeñó personalmente, pero a cambio de acercarla a su entorno gubernamental, tal como ella le venía reclamando desde hace tiempo.

Las próximas municipales y autonómicas también le van a hacer prescindir de uno de sus fieles desde el principio. Aunque Zapatero se viene resistiendo a enviar a Canarias al ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, uno de los más activos del grupo de Nueva Vía, los datos de José Blanco, el secretario general del partido, le han hecho claudicar.

Blanco, que se está convirtiendo en un hombre clave -y seguro en sus predicciones- en los panoramas electorales, lleva semanas  haciendo presión respecto a que la única posibilidad de arrebatar la presidencia del archipiélago a Coalición Canaria, apoyada hasta hace poco por  el PP, es convertir al ministro de Justicia en el candidato. Aunque López Aguilar se ha resistido como sólo quien sabe tener el respeto del presidente y líder del partido podría hacer, finalmente ha tenido que aceptar el envite a instancias de Zapatero. El presidente también se ha resistido a prescindir de alguien tan valioso como el ministro canario pero los datos de Ferraz han vencido sus reticencias. “Blanco está realizando una labor impecable. Las próximas municipales y autonómicas son esenciales y Zapatero está siendo sensible a sus planteamientos”, explican desde Ferraz.

El secretario de Organización socialista, por tanto, se está convirtiendo, indirectamente, en un elemento clave en la reorganización que el presidente está realizando en su entorno de cara a la próxima cita con las urnas.

Sus más recientes movimientos, además, están disipando algunos prejuicios que continuaban enturbiando la vida de algunos territorios socialistas. La “aceptación” de Clos, a instancias del PSC, deseoso de renovar su cartel electoral para Barcelona, y la posible designación de un nombre “con historia” para el cartel de Madrid, está haciendo ver en algunos despachos socialistas que no todos los nombres de la denominada “vieja guardia” están vetados para Zapatero.

La designación como candidata de otra ex ministra de la etapa de Felipe González avala esta tesis publicitada desde Ferraz: Carmen Alborch será el cartel electoral del PSOE para el ayuntamiento de Valencia, una plaza nada fácil y tradicionalmente dominada por Rita Barberá. Aunque en su elección ha jugado el hecho de que elpuesto de Defensor del Pueblo, al que supuestamente estaba destinada por Zapatero, ha vuelto a recaer en Enrique Múgica por presión del PP, su aceptación de la candidatura, que ya en otras ocasiones le había sido ofrecida por el partido, colabora en crear un ambiente favorable a las tesis de Ferraz que podrían resumirse en: “todos a una para las municipales”.

La otra consecuencia de estos movimientos son los evidentes recelos que la llegada de Trinidad JIménez, por ejemplo, al área internacional del gobierno, justo en el que todos los presidentes gustan de inmiscuirse, puede generar entre quienes pretenden hacerse un hueco permanente en su entorno.

También el previsible alejamiento de López Aguilar, si finalmente se confirma su candidatura a la presidencia de Canarias, puede modificar el mapa de los “cercanos al  presidente”, un territorio en el que, de cara a la recta final de la legislatura, nadie quiere quedarse fuera de juego.

La designación de la ministra de Sanidad, Elena Salgado, como candidata a presidir la Organización Mundial de la Salud (OMS) está generando también su particulares expectativas en el banquillo socialista.

Aunque su elección no está garantizada –es más, la calidad de los candidatos con los que compite sitúa sus posibilidades en el cincuenta por ciento–, si los equilibrios de una designación en la que intervienen tantos países como en la OMS la señalaran como la elegida Zapatero no tendría ningún problema en encontrar a su sucesor.

Hay que recordar que, aunque Salgado se está mostrando como una hábil gestora y hasta el PP la ha apoyado en su candidatura a la OMS, nunca fue del círculo de confianza de Zapatero y su designación como ministra llegó de las últimas, forzada por el hecho de que debía ser una mujer quien ocupase la cartera de Sanidad.

Su marcha abriría un hueco, aunque tarde, ya que la asamblea de la OMS que debe decidir  está fijada para el 9 de noviembre, para algún otro nombre de confianza de Zapatero que, pasito a pasito, ha ido construyendo un equipo de gobierno cada vez más afin a su estrategia.

Pendientes todos de quién será el elegido para disputar  la alcaldía de Madrid los estrategas electorales del PSOE cuentan los días para las municipales y autonómicas previstas para el último domingo de mayo. Unos meses antes, el uno de noviembre, fecha de  las autonómicas catalanas, los socialistas sabrán si van por el camino adecuado.

Daños colaterales en el PP

Alberto Ruiz-Gallardón se las prometía felices. Las encuestas que manejan tanto el PP como el PSOE le despejaban el camino hacia la victoria de los próximos comicios municipales, mientras el candidato socialista a la Comunidad de Madrid, Rafael Simancas, sí alberga serias posibilidades de desbancar Esperanza Aguirre  de la presidencia de la región. Pero hete aquí que, la misma jugada de los populares de hace cuatro años, la de colocar a uno de sus pesos pesados en la candidatura a la alcaldía de Madrid, está a punto de hacerla el PSOE  para posible desgracia de Gallardón.

El Ayuntamiento de la capital es su mejor baza electoral y posiblemente la única. El político popular ha desafiado en no pocas ocasiones la línea dura del PP –lo último, casar a una pareja de homosexuales–, llegando a ser reprendido públicamente por el secretario general de su partido, Ángel Acebes. Y su abierto enfrentamiento con Aguirre no le beneficia en absoluto; la presidenta madrileña es uno de los líderes del PP con mayor peso político. Sin embargo, en la Plaza de la Villa ha logrado edificar su fortaleza porque, mientras garantice al PP la alcaldía de Madrid, nadie le puede tocar. Es más, el Consistorio es su mejor plataforma para escalar peldaños dentro del staff popular, una aspiración que por declarada, también le ha traído más de un disgusto.

No es de extrañar por tanto que el cambio en el cartel electoral en el PSOE madrileño le haya puesto nervioso, sobre todo atendiendo a los nombres que se barajan en la lista de posibles candidatos. ¿Le acabarán haciendo un favor los socialistas a quienes dentro del PP quieren desembarazarse de su alcalde díscolo?

Por V. M.

Saturación de altos cargos en Exteriores

Hace no mucho tiempo, durante la campaña electoral previa a los comicios de 2004, el entonces líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero, prometió que reduciría el número de altos cargos de la Administración. Ganó las elecciones y así hizo. En la categoría de Secretarías de Estado sólo hubo dos excepciones: mantuvo las del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales e incrementó en una la de Asuntos Exteriores. Se trata de la Secretaría de Estado de Cooperación Internacional, departamento que dirige Leire Pajín, una de las mujeres más próximas a Zapatero. Ahora sin embargo, bien entrada la segunda mitad de la legislatura, el presidente ha introducido un cambio sobre lo prometido. También en esta ocasión, la diplomacia española ha dado cobijo a otra de las mujeres de confianza del jefe del Ejecutivo. Trinidad Jiménez abandona la política municipal madrileña  para asumir un departamento de nueva creación. La Secretaría de Estado para Iberoamérica se suma a las otras tres con las que ya cuenta Exteriores, convirtiéndose en el Ministerio con mayor número de altos cargos de este rango. Hay quienes piensan que, más que atender a razones prácticas, el presidente ha querido recompensar a la hasta ahora concejala y evitar que una posible derrota electoral la relegue nuevamente a un cargo político poco lucido y sacrificado. Y para ello ha pensado en un departamento donde ya sonó como posible ministra. Precisamente, otro de los comentarios surgidos a raíz de la designación es la repercusión del nombramiento en el papel de Miguel Ángel Moratinos. El titular de Exteriores ha visto cómo a lo largo de la legislatura se le acumulaban los problemas y, en ocasiones, han sido otros ministros los que han asumido las mayores responsabilidades diplomáticas, como ocurrió con el ex titular de Defensa, José Bono, o la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que ha demostrado mayor peso político dentro y fuera de nuestras fronteras.

Otro dato relevante de la decisión adoptada el pasado 8 de septiembre por el Consejo de Ministros es que por primera vez, Iberoamérica cuenta con una mención específica en el organigrama de Exteriores. En 1985, el Gobierno de Felipe González introdujo una profunda reforma en el Ministerio que contemplaba, entre otras modificaciones, la creación de una Secretaría de Estado de Cooperación Internacional e Iberoamérica, que funcionó con esta denominación hasta que en 2003 el Ejecutivo de José María Aznar introdujo sus propios cambios y creó la Dirección General de Política Exterior para Iberoamérica.

Con Zapatero en La Moncloa, la diplomacia volvió a reorganizarse y se creó la Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores y para Iberoamérica en la que hasta ahora se encuadraban las relaciones con la América Latina.

Por V. M.

Atractiva, aislada y ministrable

Trinidad Jiménez ha tenido que luchar con muchas dificultades para hacerse un hueco en la política española y, casi aún más, dentro de su propio partido, el Socialista. Cuando su nombre empezó a sonar, como una de las que había impulsado el grupo de Nueva Vía, aquel que empujó a Rodríguez Zapatero a presentarse como candidato a la secretaría general del PSOE, todo el mundo se preguntaba  por ella ya que, como oscura funcionaria de Ferraz, sólo sus amigos sabían de su cara y su verbo.

La primera vez que, ávida, la prensa plasmó su imagen para el público, llamó la atención por su físico juvenil y por su melena, atractivo que no pocas veces se volvió en su contra en su trayectoria política a partir de entonces.

Trini, “la de la melena”, simbolizaba mejor que nadie la etapa de “caras nuevas” con la que Zapatero quería impregnar su liderazgo en el PSOE. Por eso impuso su candidatura a la alcaldía de Madrid a pesar del rechazo del partido, una apuesta muy fuerte y de mucho riesgo, que la malagueña procedente de una progresista familia de juristas aceptó con ilusión.

Incluso sus detractores, los que se quejaban de su inexperiencia en política, de su imagen “pija” y alejada de la realidad del partido en Madrid, han llegado a reconocer, tras sus tres años como portavoz socialista en el ayuntamiento de Madrid, que Trini ha trabajado “como una leona” recorriéndose los barrios e intentando acercarse a la política local. A pesar de todo ello sus expectativas electorales frente a Ruiz-Gallardón continuaban siendo discretas.

El fulgurante ascenso de Trini en el PSOE de Zapatero, sin embargo, no sólo se explica por su inicial presencia en Nueva Vía. No son pocos  los que estuvieron en aquellas primeras reuniones de jóvenes socialistas que querían la renovación del partido y que hoy no ocupan cargo de relieve alguno.

Jiménez atesoraba en sí un elemento que la diferenciaba de cualquier otro que quisiera acercarse al incipiente líder que era Zapatero: la cercanía a Felipe González.

La ya Secretaria de Estado para Iberoamérica había recalado en la sede central socialista después de un matrimonio fallido con un diplomático y unos años de residencia en el extranjero siguiendo sus destinos laborales. De vuelta a Madrid, sus relaciones la llevaron a Ferraz y a trabajar en el área de Internacional donde, tras la dimisión de Felipe González como secretario general, comenzó a colaborar con él y a acompañarle en numerosos viajes.

Para Zapatero esta línea de conexión con el líder carismático resultó esencial a la hora de diseñar su estrategia de abordaje al liderazgo del PSOE.

Trini le facilitó encuentros con Felipe de los que el leonés pudo extraer su no beligerancia en el crucial congreso del 2000 y , tras su victoria, un hilo de conexión que, hasta que pudo imponer su liderazgo en el partido, le fue muy rentable para apaciguar a los “enemigos”.

“Eso Zapatero nunca lo va a olvidar”, explican los cercanos al presidente. Esa certeza de que la hasta la semana pasada portavoz del PSOE en el ayuntamiento de Madrid tenía motivos para “esperar” algo del presidente la ha acompañado durante toda su trayectoria municipal y ha explicado algunos de sus movimientos.

Por ejemplo, sólo la especial “condición” de Trini como “amiga” de Zapatero explicó en su momento su nombramiento, nuevamente, como secretaria de Relaciones Internacionales de la ejecutiva federal del partido en el congreso de julio del 2004, el primero tras la victoria, cargo que tenía que compatibilizar con la portavocía en el ayuntamiento, un “pluriempleo” que no fue entendido por la mayoría del partido en Madrid. Mientras que su capacidad de trabajo nunca ha sido discutida en el PSM su estilo y elección de colaboradores no han contado con la misma comprensión. Los socialistas madrileños, con Simancas al frente, han ido encontrando complicidad con Zapatero y Ferraz en estos últimos años pero en ella no se ha incluído el fin del aislamiento político de Trini que, hasta ahora mismo, ha marcado su trayectoria en el PSOE de Madrid.

En mayo y, antes, el día de Todos los Santos , por Enric Sopena


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