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Nº 707 - 11/9/2006

Madrid no le interesa, pero sí Irán, el Congo, Iberoamérica...


LA APRETADA AGENDA INTERNACIONAL DE
FELIPE GONZÁLEZ

Pese a que últimamente no ha tenido reparos en salir a la palestra para opinar—no sin sembrar polémica— sobre las cuestiones de política nacional más candentes, el ex presidente de Gobierno socialista no quiere saber nada de la alcaldía de Madrid. Lo cierto es que a Felipe González lo que realmente le "tira" desde hace tiempo es la política internacional. A su conocida querencia por la consolidación de las democracias en Iberoamérica, hay que unir que sigue manteniendo excelentes relaciones con un buen puñado de ex dirigentes europeos cuyos números de teléfono sigue utilizando. Una nutrida agenda de contactos internacionales queúltimamente se han hecho tan importantes que se le requiere en conflictos tan delicados como la proliferación nuclear iraní o la crisis electoral del Congo.

Por Vera Castelló

L a invitación del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a Felipe González para tratar la crisis originada por el programa nuclear y otros asuntos internacionales, sorprendió a más de uno, sin embargo su presencia allí ha puesto en valor la figura del ex presidente socialista en el panorama internacional. Un prestigio que ha ido en aumento en los últimos años y que ya ha transcendido fuera de Iberoamérica y Europa, sus ámbitos naturales.

Esta "visita privada" a Irán le ha valido al ex presidente numerosas críticas desde las filas populares, sin embargo el socialista ha reiterado que no se trataba en absoluto de mediar en el conflicto. Zapatero primero, quien conocía previamente la invitación iraní y dio su plácet al viaje, fue informado del contenido del encuentro por González quien considera que el debate internacional suscitado por el programa nuclear iraní puede ser "una buena oportunidad" para implicar a Irán en la estabilidad de Oriente Medio.

Unos días después, el secretario General de la ONU, Kofi Annan, quiso conocer también de primera mano las apreciaciones de González en un conflicto que tiene en tensión a oriente y occidente. Sin embargo, el dirigente internacional también cree que el socialista puede jugar un buen papel en el continente africano, como enviado especial de la ONU en el Congo.

Si González aceptara el cargo no sería esta su primera misión internacional desde que salió de La Moncloa. En diciembre de 1996 fue nombrado jefe de la Delegación de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), que investigó las irregularidades en las elecciones en la República Federal de Yugoslavia. Posteriormente, el presidente de la OSCE le nombró su representante personal en Serbia como observador en las elecciones, manteniendo su papel de mediador ante Belgrado y la UE en el conflicto de Kosovo.

Más recientemente, las autoridades colombianas le requirieron como mediador para reabrir un proceso de negociación entre el Gobierno de Alvaro Uribe y el Ejército de Liberación Nacional, la segunda guerrilla en importancia del país, después de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Ya antes, durante el gobierno de Andrés Pastrana, según ha desvelado recientemente el ex presidente colombiano, desempeñó labores de intermediación ante los paramilitares. En cualquier caso, las relaciones entre Uribe y Felipe González son muy fluidas.

El socialista conoció al conservador colombiano en 2002, siendo este candidato a la presidencia y volvió a apoyar su reelección hace sólo unos meses en el marco de una mesa redonda que, convocada por su otrora enemistado Baltasar Garzón, reunió en el Centro Juan Carlos I de la Universidad de Nueva York a González, Uribe, el ex presidente mexicano Ernesto Zedillo y al ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger.

Lo cierto es que desde que abandonó sus responsabilidades en el gobierno y en el PSOE, Felipe González se dedica a dar conferencias y participar en seminarios sobre todo en Iberoamérica, región con la que mantiene una estrecha vinculación. Son numerosos los dirigentes de la zona que le requieren como modelo a seguir y sigue conservando gran prestigio en la región.

El ex presidente no sólo se dedica a "dar doctrina" en aquellos países que pueden aprender algo del ejemplo español, tampoco le duelen prendas a la hora de apoyar públicamente a los candidatos presidenciales que considera más adecuados. Cuando a comienzos de año acudió a Chile al cierre de campaña de Michelle Bachelet declaró en un diario local "Yo me siento próximo a una expresión de izquierda como la que representan (el entonces presidente) Ricardo Lagos o Bachelet, incluso la que representa Lula, pero no me siento próximo a lo que aparece como izquierda cuando lo defiende Hugo Chávez". No obstante con todos los mencionados ha tenido ocasión de reunirse de forma privada para intercambiar opiniones. Incluso lo ha hecho con el presidente boliviano Evo Morales, con el que se entrevistó para tratar de facilitar el proceso de reformas políticas en el país andino.

Con quien últimamente se ha entrevistado varias veces es con el presidente panameño Martín Torrijos, hijo del desaparecido Omar Torrijos, al que profesaba una gran admiración.

Ya en países más cercanos a España son de sobra conocidas sus buenas relaciones con ex dirigentes como, por ejemplo, el democristiano Helmut Kohl, al que, dicen, conquistó por el estómago aficionándolo a los jamones pata negra que periódicamente le regalaba. Una amistad que ha conseguido perdurar en el tiempo ya que fue González el encargado de pronunciar un entregado laudatorio sobre el ex canciller de la unidad alemana cuando recientemente se le entregó el premio Carlos V. Incluso acudió al homenaje que el CDU le brindó con motivo de su 75 aniversario. Con Mijail Gorvachov también llegó a tener una relación muy estrecha que recientemente han podido rememorar en Granada donde coincidieron en unas jornadas sobre la Alianza de Civilizaciones.

En Marruecos aún conserva antiguos contactos de cuando vivía Hassan II, lo que en alguna ocasión ha provocado malentendidos en cuanto a las supuestas intromisiones del ex presidente cuando, durante el Gobierno de Aznar, España y nuestro vecino habían prácticamente roto sus relaciones. En cualquier caso, González sigue apreciando a la familia real marroquí y, por ejemplo, recientemente no tuvo reparos en apoyar la candidatura del país para organizar el Mundial de fútbol de 2010 uníendose en Zurich, sede de la FIFA, al príncipe Moulay Rachid, hermano del rey Mohammed VI.


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