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Hemeroteca Lista Arena de Reloj y Carta desde Estrasburgo
Nº 707 - 11 de septiembre de 2006

Empieza el curso


Empieza el curso político en Europa, con la lluvia y el frío acompañando las primeras reuniones del Parlamento Europeo.

El verano se va mientras llegan al Líbano los primeros soldados europeos, los inmigrantes africanos siguen intentando llegar a Canarias a riesgo de sus vidas, Galicia sufre una nueva catástrofe ecológica y el tráfico aéreo amenaza colapsarse por las medidas de seguridad adoptadas por algunos países para hacer frente a los nuevos indicios de la amenaza terrorista. Éstos han sido los temas de un verano terrible desde muchos puntos de vista.

Pero el verano también nos ha dejado una UE que sigue manifestándose dividida, desde los temas trascendentales como el conflicto palestino-israelí hasta otros más prosaicos y comerciales, como las importaciones de calzado provenientes de China.

La crisis del Líbano ha demostrado las amplias divergencias que separan a los Estados europeos sobre el Próximo Oriente. Cada uno ha privilegiado sus intereses antes que una acción europea coordinada y la UE no fue capaz de actuar unida en la búsqueda de una solución que impidiese la destrucción del Líbano a lo largo de 31 días de bombardeos.

Aunque, al final, los 25 Estados de la UE han actuado de forma coordinada dando una dimensión claramente europea a las fuerzas de la ONU y contribuyendo de forma decisiva a la formación de la misión de la Finul.

Esta misión es una oportunidad histórica para que la UE demuestreque puede actuar como una unión política ante el reto militar más importante asumido por los países de la UE. Sólo el tiempo dirá si la participación europea en una misión de paz arriesgada, en lo militar y en lo político, le permitirá convertirse en un actor de peso en la escena internacional.

Así pues, en los grandes y los pequeños temas, la heterogeneidad de las visiones del mundo, de las prioridades y de los intereses de los Estados miembros es demasiado grande para llegar a acuerdos de forma eficiente y es prácticamente imposible conseguirlos cuando se requiere la unanimidad como sistema de decisión.

Es lo que ocurre en materia de inmigración. La exigencia de unanimidad bloquea el avance de una política europea de inmigración, reclamada desde la anterior Presidencia finlandesa en 1999. Algunos países, que no están ni directa ni indirectamente afectados por la presión migratoria proveniente del África subsahariana y que no forman parte del espacio Schengen, se preguntan cuál es la necesidad de esa política común. Por ello las demandas del Gobierno español reciben las buenas intenciones del comisario Frattini, que ciertamente ha movilizado todos los recursos de los que dispone la Comisión pero que depende de los Estados miembros para aportar los medios aeronavales de control que prometió antes del verano.

El problema, además, no ha hecho sino comenzar. La presión migratoria continuará, como ha señalado nuestro ministro del Interior, porque los diferenciales demográficos y de renta entre Europa y Africa son abismales y no hacen sino aumentar. Las poblaciones africanas desheredadas tratan de llegar a Europa por las mismas razones, aunque no de la misma manera, que los campesinos pobres de Extremadura, Galicia, Irlanda y de tantos otros lugares de Europa emigraron a América en los dos últimos siglos.

Los datos son apabullantes y demuestran que no podremos levantar un muro suficientemente alto para 1 detenerlos. En 2003 la renta per cápita española era de 20.500 dólares, mientras que en Congo, Guinea o Sierra Leona oscilaba entre 100 y 200. La mortalidad infantil supera la que tenía Extremadura en 1933, cuando Buñuel rodaba allí su Tierra sin pan. Su población menor de 15 años es casi el 50% del total y crece al 3%, mientras que la de España sólo supone el 15% y crece al 0,3%. Aun así, la mayor parte del crecimiento se debe a los emigrantes que ya hemos acogido.

Sólo un fuerte compromiso europeo con el desarrollo de África puede aportar una solución. El primer ministro Blair quiso impulsar ese compromiso durante la pasada Presidencia británica, pero los atentados terroristas le fijaron otra prioridad. El reto es de tal magnitud que ningún país europeo puede abordarlo solo aunque a todos les acabará afectando.

En este principio de curso, mientras dejo atrás el sol de España por las brumas de Bruselas, pienso que para eso debería servir Europa, y que si los europeos no somos capaces de entenderlo sucumbiremos víctimas de nuestra división y nuestro egoísmo de viejos ricos.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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