Nº 707 -11 de septiembre de 2006
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¿Es el socialismo democrático
distinto del liberalismo?

por Juan Antonio Barrio


Aunque la respuesta parezca clara si nos atenemos a la historia, la'pregunta es pertinente a raíz de las palabras de Miguel Sebastián en una universidad de verano afirmando que el PSOE es el auténtico ejecutor de políticas liberales en este país. Me parece interesante que se inicie un debate en torno a este asunto y quisiera, modestamente, aportar algo al respecto.

No cabe duda que este Gobierno ha hecho muchas cosas, y muy importantes, de ampliación de los derechos cívicos (ley del matrimonio homosexual, regulación de inmigrantes, ley contra la violencia de género, o ley de conciliación de la vida familiar y laboral). ¿Medidas asumibles por un liberal consecuente? Creo que sí, como muchos liberales.

Asimismo, el reforzamiento de los pilares clásicos del Estado del Bienestar, Educación, Sanidad y Pensiones, constituye un paso más en la diferenciación liberalismo/socialdemocracia, pero no deja de ser asumido también por un liberalismo progresista, y la creación de un cuarto pilar (ley de autonomía personal) también supone un escalón más: la batalla por universalizar este tipo de prestación, por fortalecer el derecho universal a la no dependencia frente a la lógica del beneficio, pero no creo que ésta sea la clave específica de la diferenciación aludida.

En mi opinión, esta clave no puede ser otra que el asumir como base del proyecto socialista la democratización radical de la economía. ¿Qué debemos entender por esto? En primer lugar, democratizar la globalización. Para algunos, como Esperanza Aguirre, ya vivimos en elmejor de los mundos posibles: cuanto más mercado más crecimiento, más PIB, así que extendamos el mercado todo lo posible y florecerá la felicidad. Como muy bien le replicó Rafael Simancas, el crecimiento no es separable del tipo de crecimiento; los países nórdicos han demostrado que es posible crecer manteniendo el Estado del Bienestar y la ayuda al desarrollo. Es imprescindible, al menos, asumir como propia la lógica medioambiental a escala mundial: ahorro de recursos, lucha contra el cambio climático, etc.

Y, sin ánimo de exhaustividad, es absolutamente necesario luchar contra el proteccionismo de los países ricos y las subvenciones excesivas de USA y la Unión Europea para permitir un comercio justo.

Además, es necesario regular el mercado para impedir asimetrías en beneficios de unos pocos. Por ejemplo, ¿es admisible que E.ON pueda comprar pero en la práctica no puede ser comprada? ¿Mittal puede comprar Arcelor, pero no al revés pues el 60% de Mittal pertenece a un solo señor?

En tercer lugar, hay que fomentar la producción socialmente útil. Por ejemplo, ¿las dificultades para encontrar uno –o varias– vacuna/s contra el sida son sólo de orden científico – técnico? ¿O tienen algo que ver los pingües beneficios que ya obtienen las multinacionales con los actuales tratamientos que convierten el sida en una enfermedad crónica? ¿Es por eso que sólo el 3% de los recursos de la investigación contra el sida se dedican a la posible vacuna?

Y, por último, es fundamental democratizar las relaciones de producción de bienes y servicios. El mercado es demasiado importarte para dejarlo en manos de los catalanistas. La lógica del beneficio es inherente al mercado pero no puede ser la única que lo rija. E incluso dentro de ella no necesariamente tiene que ser el "máximo beneficio a corto plazo" independientemente de cualquier otra cosa.

Es necesario inyectar lógicas sociales y medioambientales en el mercado y para ello es fundamental multiplicar "los actores que interviene en la representación" y potenciar el papel de los mismos. Por ello, hay que impulsar los acuerdos, empresarios/sindicatos, al interior de lo sectores empresariales para promover la Responsabilidad Social Corporativa en los planos social, medioambiental y de calidad de producto/servicio; habría que impulsar los derechos de los pequeños accionistas, consumidores y usuarios; hay que impulsar los fondos de accionistas asalariados, y, sobre todo, impulsar la participación de los trabajadores en el proceso de toma de decisiones en las empresas, en la gestión y en la propiedad de las mismas.

En definitiva: mercado sí, pero n éste. Y aunque el marco ideal para re alizar un proyecto de este tipo sea el de la UE, el realismo nos hace pensar que sólo podrá plantearse hoy por hoy en el seno de una "cooperación (socioeconómica) reforzada" en un grupo de países de la misma, y, seguramente, eso sólo será posible si inicialmente algunos países empiezan proyectos en ese sentido. Estamos en la línea de avance en muchos otros terrenos, ¿por qué no nuestro país también en esto? ¿Por qué no el PSOE?


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