Hemeroteca Lista sin maldad
Nº 707
11/9/2006

Zapatero desciende a la tierra

    ZP ha podido vivir más de dos años de músicas celestiales: talante, diálogo de civilizaciones, papeles para todos, paz en España y armonía universal. Es el efecto “he sacado las tropas de Iraq” y el alivio tras la pesadilla Aznar. Pero se acabó lo que se daba, que ha podido estirarse gracias a una oposición empecinada en satisfacer al resentimiento aznariano. Ahora Zapatero tiene que tomar decisiones terrenales como devolver inmigrantes, negociar con ETA, enviar tropas al Líbano, o tragarse, frente a E.ON lo de los “campeones nacionales”. 

La señal de que se le ha terminado el período de vivir de la baraka es el primer suspenso de ZP en la última encuesta del CIS. El nuevo período está marcado por la proximidad de las municipales; éstas representan una lucha por el poder en municipios y comunidades autónomas, pero también un examen del Gobierno y un indicador sobre  las generales de 2008 en las que Zapatero tendrá que consolidar su puesto de trabajo. Es este un indicador de validez relativa porque el ciudadano decide su voto con distintos criterios en las locales que en las de la nación y porque en año y medio puede pasar de todo. Sin embargo, el resultado de los próximos llamamientos a las urnas –el inminente de Cataluña y las municipales del último domingo de mayo– afectará a la moral de los dos grandes contendientes. Los resultados afectarán a unos y a otros pero a unos más que a otros.  Es obvio que la candidatura de ZP no se pondrá en cuestión si por ejemplo no consigue Madrid (Alcaldía y/o  Comunidad), Valencia o Canarias. No es probable la pérdida de ninguna plaza socialista salvo Cataluña, donde más vale perder que reproducir el Tripartito y donde el PP es marginal.  Sin embargo, una pérdida de territorios por parte de este partido puede ser letal para Rajoy y para la moral de la derecha.

Zapatero se ha puesto a gobernar. Más importante que el nombramiento de Trinidad Jiménez, para la que se ha inventado una Secretaría de Estado, es la selección de un buen candidato frente a Gallardón. La incógnita no se ha despejado cuando escribo esto pero nuestro colaborador José Borrell, presidente del Parlamento Europeo, podría ser una buena opción. Los socialistas pueden ganar también la Comunidad. La gestión de Esperanza Aguirre es aplaudida por su feligresía, como esperanza blanca para un más allá de Rajoy pero representa una opción ideológica de derecha pura. El perfil sociológico de la región indica quién ganaría en una confrontación entre derecha e izquierda. Ésta ya ganó para perder después ante el escándalo Tamayo y Sáez. El PSOE e IU podrían recuperarla ahora que Aguirre se ha manifestado tal como es, sin complejos ni zarandajas aunque el candidato socialista no sea el más idóneo. Creo que el designio nacional de esta mujer inteligente y enérgica puede perjudicarla en esta plaza joven y progresista. Habría sido más aconsejable cultivar una imagen más transversal y de cierta sensibilidad social.

Pero donde se la juega ZP es en la inmigración, ante la que le veo desencajado pues no es fácil conjugar la congoja ante los muertos con el tratamiento de los vivos. Esta vez su habilidad en el arte de torturar las palabras –los negros que arriban a Canarias no son inmigrantes  porque son ilegales, según ha significado aunque con otras palabras– no puede colar. Tan ilegales eran el millón de inmigrantes que legalizó como los que invaden ahora Canarias. Este hombre es único para el nominalismo mágico. La avalancha subsahariana –20.000 negros en lo que va de año– tiene sobre ascuas a la Unión y manda en las primeras páginas de los periódicos europeos. Hasta ahora España ha podido absorberla con beneficio propio gracias a una economía que crece al doble que la zona euro pero hay que prevenirse ante épocas peores. Se han cometido muchos errores por celebrar anticipadamente el fin de los ciclos, de la sucesión bíblica de las vacas gordas y de las flacas. ¿Qué ocurriría ante una caída del empleo? Lo más probable no es el fantasma típico de inmigrantes sin trabajo trocados en delincuentes, aunque de todo habrá; lo más probable es que el empresario opte por el inmigrante, más barato, que por el español de pura cepa. Si ello ocurriera, el esquema de “vienen de fuera para quitarnos pan” podría aflorar el racismo latente. La inmigración es ya la primera preocupación de los españoles por encima del paro. El mayor riesgo es la combinación de paro e inmigración.

  José García Abad

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