ZP ha podido vivir más de dos años de
músicas celestiales: talante, diálogo de civilizaciones, papeles para todos,
paz en España y armonía universal. Es el efecto “he sacado las tropas de Iraq”
y el alivio tras la pesadilla Aznar. Pero se acabó lo que se daba, que ha
podido estirarse gracias a una oposición empecinada en satisfacer al
resentimiento aznariano. Ahora Zapatero tiene que tomar decisiones terrenales
como devolver inmigrantes, negociar con ETA, enviar tropas al Líbano, o
tragarse, frente a E.ON lo de los “campeones nacionales”.
La señal de que se le ha terminado el
período de vivir de la baraka es el primer suspenso de ZP en la última encuesta
del CIS. El nuevo período está marcado por la proximidad de las municipales;
éstas representan una lucha por el poder en municipios y comunidades autónomas,
pero también un examen del Gobierno y un indicador sobre las generales de 2008 en las que Zapatero
tendrá que consolidar su puesto de trabajo. Es este un indicador de validez
relativa porque el ciudadano decide su voto con distintos criterios en las
locales que en las de la nación y porque en año y medio puede pasar de todo.
Sin embargo, el resultado de los próximos llamamientos a las urnas –el
inminente de Cataluña y las municipales del último domingo de mayo– afectará a
la moral de los dos grandes contendientes. Los resultados afectarán a unos y a
otros pero a unos más que a otros. Es
obvio que la candidatura de ZP no se pondrá en cuestión si por ejemplo no
consigue Madrid (Alcaldía y/o Comunidad), Valencia o Canarias. No es probable la pérdida de ninguna
plaza socialista salvo Cataluña, donde más vale perder que reproducir el
Tripartito y donde el PP es marginal. Sin embargo, una pérdida de territorios por parte de este partido puede
ser letal para Rajoy y para la moral de la derecha.
Zapatero se ha puesto a gobernar. Más
importante que el nombramiento de Trinidad Jiménez, para la que se ha inventado
una Secretaría de Estado, es la selección de un buen candidato frente a
Gallardón. La incógnita no se ha despejado cuando escribo esto pero nuestro
colaborador José Borrell, presidente del Parlamento Europeo, podría ser una
buena opción. Los socialistas pueden ganar también
la Comunidad. La
gestión de Esperanza Aguirre es aplaudida por su feligresía, como esperanza
blanca para un más allá de Rajoy pero representa una opción ideológica de
derecha pura. El perfil sociológico de la región indica quién ganaría en una
confrontación entre derecha e izquierda. Ésta ya ganó para perder después ante el escándalo Tamayo y Sáez. El
PSOE e IU podrían recuperarla ahora que Aguirre se ha manifestado tal como es,
sin complejos ni zarandajas aunque el candidato socialista no sea el más
idóneo. Creo que el designio nacional de esta mujer inteligente y enérgica
puede perjudicarla en esta plaza joven y progresista. Habría sido más
aconsejable cultivar una imagen más transversal y de cierta sensibilidad
social.
Pero donde se la juega ZP es en la
inmigración, ante la que le veo desencajado pues no es fácil conjugar la
congoja ante los muertos con el tratamiento de los vivos. Esta vez su habilidad
en el arte de torturar las palabras –los negros que arriban a Canarias no son
inmigrantes porque son ilegales, según
ha significado aunque con otras palabras– no puede colar. Tan ilegales eran el
millón de inmigrantes que legalizó como los que invaden ahora Canarias. Este
hombre es único para el nominalismo mágico. La avalancha subsahariana –20.000
negros en lo que va de año– tiene sobre ascuas a
la Unión y manda en las
primeras páginas de los periódicos europeos. Hasta ahora España ha podido
absorberla con beneficio propio gracias a una economía que crece al doble que
la zona euro pero hay que prevenirse ante épocas peores. Se han cometido muchos
errores por celebrar anticipadamente el fin de los ciclos, de la sucesión
bíblica de las vacas gordas y de las flacas. ¿Qué ocurriría ante una caída del
empleo? Lo más probable no es el fantasma típico de inmigrantes sin trabajo
trocados en delincuentes, aunque de todo habrá; lo más probable es que el
empresario opte por el inmigrante, más barato, que por el español de pura cepa.
Si ello ocurriera, el esquema de “vienen de fuera para quitarnos pan” podría
aflorar el racismo latente. La inmigración es ya la primera preocupación de los
españoles por encima del paro. El mayor riesgo es la combinación de paro e
inmigración.