Hemeroteca Esta semana
Lista Pensamiento
Nº 706 -4 deseptiembre de 2006

Sobre Histoire de la gauche caviar, de Laurent Joffrin

La izquierda francesa, en busca de su electorado

 

 

Por S.M. (París)

El Partido Socialista francés (PSF) aprobaba a comienzos del verano el proyecto de gobierno que defenderá el candidato socialista a las elecciones presidenciales de 2007. Laurent Joffrin, autor de un ensayo sobre la izquierda en Francia, asegura que lo que necesitan en el PS francés es tender la mano a la parte del electorado que “han olvidado”.

Lograr juntos el cambio es el título del texto que aprobaban los socialistas franceses el primer día de julio. Stéphane Le Foll, director del gabinete del primer secretario del PSF, François Hollande, asegura que las 32 páginas de ese texto demuestran que su partido tiene “un proyecto de gobierno creíble”.

Los planes de gobierno del PS francés pasan por “la potencia pública, el Estado, para regular el capitalismo”, según se lee en documento. Le Foll matiza al decir que en el PS francés “no pensamos en el Estado como el único actor político, pero sí creemos que tiene un importante papel”. El rol central que los socialistas franceses quieren hacer jugar al Estado se identifica con la “tradición republicana de acción pública”, algo que diferencia al PS francés del modo de entender el Estado de los socialistas españoles, según explica Le Foll. De ahí que este colaborador de Hollande declare que “los socialistas franceses están más a la izquierda que ningún otro partido socialdemócrata en Europa”.

“Tiene razón, pero no es por eso que el PS francés está más cerca de la población”, dice sobre las declaraciones de Le Foll el director de la revista Le Nouvel Observateur, Laurent Joffrin. Este periodista y escritor recorre en su último ensayo, Histoire de la gauche caviar, la historia de la progresía política de su país. Su reflexión parte de la siguiente constatación: “En el movimiento obrero siempre han existido dirigentes burgueses”.

El término para designar estos burgueses en Francia es gauche caviar. Pero como el fenómeno no es exclusivo de la República francesa existen otros apelativos. En Alemania, por ejemplo, se llaman toskaner fraktion, porque los miembros de este grupo social pasan las vacaciones en la Toscana. En el Reino Unido, no vinculan a este tipo de progresistas las huevas de esturión, sino el vino espumoso francés de la región de Champagne. Por eso son miembros de la champagne left. Esta clase social existe hasta en la India, donde quienes cuentan con el confort de una bañera y una sensibilidad política de izquierdas entran en la categoría de los bathtup socialists.        

Laurent Joffrin dice ser miembro de la gauche caviar y dirige la redacción de la publicación vocero de “esas personas que viven de manera confortable y que defienden ideas progresistas”. De ahí le viene la legitimidad a Joffrin para realizar un ensayo que trata fundamentalmente la evolución histórica de la “guache caviar” en Francia y cuya publicación en España aún no está prevista.

Dice Joffrin que lo que hoy “llamamos izquierda” nació en un medio que en la actualidad calificaríamos “de derechas”. Diderot, Voltaire, Rousseau y D’Alembert “figuras de la buena sociedad del Antiguo Régimen”, fueron los primeros en pensar un nuevo orden social fundado en la razón y la libertad, valores que, junto a la igualdad, la reforma social, la distanciación respecto del poder clerical y la crítica al absolutismo “serán valores asociados a la izquierda durante varios decenios”, mantiene Joffrin. Si esos filósofos sentaron las bases ideológicas revolucionarias, otros aristócratas se erigieron en el los siglos XVIII y XIX como “jefes de la tropa que precipitará el fin del Antiguo Régimen”, escribe el autor. Es el caso del Marqués de La Fayette o el Duque de Orleans, primo del monarca decapitado Luis XVI.

Debido a las acciones políticas de estos miembros de la elite progresista Joffrin reivindica la “utilidad” de la gauche caviar como clase social articuladora de importantes cambios históricos. De la misma forma, los grandes avances sociales registrados a nivel social en el siglo XX resultaron de un movimiento obrero liderado por intelectuales que no eran en absoluto proletarios. Ejemplos de ese liderazgo burgués son Jean Jaurès y León Blum, dos de los principales dirigentes del antepasado del PS francés, la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), el partido que lideró el Frente Nacional francés entre 1936 y 1938 y que dejó como herencia mejoras históricas  como “las vacaciones pagadas y las 40 horas de trabajo semanales”, escribe Joffrin.

François Mitterrand, “un caso bien distinto” al de Jaurès y Blum, pasó de ser elegido diputado por el Departamento de Nièvre defendiendo un programa anticomunista y conservador en 1946 a conducir a “la izquierda en el poder” entre 1981 y 1995. El balance histórico que hace Joffrin de esos catorce años junto a lo que él llama otras “experiencias” de la izquierda en el poder es “brillante, heroico aunque también decepcionante, pero siempre honorable”. En conclusión, Joffrin escribe: “La izquierda reformista, donde se encuentra la gauche caviar, no ha desmerecido a la clase obrera ni a los valores socialistas”.

Sin embargo, Joffrin da cuenta de que los años de la izquierda en el poder no han dejado una herencia como la del Frente Popular. “Con el Frente Popular, la clase obrera tenía la sensación de que era ella la que estaba en el poder”, explica Joffrin. No obstante, los últimos años de la casi década y media en la que los socialistas franceses estuvieron en el poder tuvieron como consecuencia que se les identificara con “el poder” en lugar de hacerlo con la población que decían representar.

De hecho, a partir de 1991, en Francia “el crecimiento económico se paraliza” y “los escándalos político-financieros ocupan las primeras páginas de los periódicos”, recuerda Joffrin. Si a esto añadimos que las reformas liberales emprendidas en los años noventa noquearon a la tradición de la izquierda francesa, se comprende que, como asegura Joffrin, se “creó un clima de corrupción difuso, renegación social y cinismo político” cuyo resultado inmediato fue la derrota electoral del PS francés en las elecciones legislativas de 1993.

Que los socialistas se impusieran en las elecciones legislativas de 1997 es para Joffrin un “milagro” debido a los “errores” políticos del presidente Jacques Chirac. Prueba de ello es que, cinco años después, en las elecciones presidenciales de 2002, el candidato socialista, Lionel Jospin, fuera eliminado en la primera vuelta.

Esta derrota refuerza la idea de Joffrin según la cual la izquierda reformista se “desconectó del pueblo” y dejó de tender una mano desde arriba a los de abajo desde principios de los años noventa. Por esa razón la idea de la gauche caviar que predomina es una idea peyorativa según la cual los políticos progresistas pertenecientes a las clases más favorecidas como pueden ser los candidatos a la candidatura presidencial del PS francés, Laurent Fabius, Dominique Strauss Khan o Jack Lang, son “unos hipócritas, miembros de una clase social que vive haciendo lo contrario de lo que promueve”, asegura Joffrin. Sin embargo, el autor también define positivamente a la gauche caviar puesto que, desde Diderot o Lafayette hasta los primeros años de la presidencia de Mitterrand pasando por Jaurès o Blum, esas figuras políticas, encontrándose en lo más alto de las clases sociales, dedicaron su acción política a los más desfavorecidos.

De la Histoire de la gauche caviar se extrae que el político de izquierdas debe tener ideas progresistas pero también debe identificarse con el electorado que dice representar. Por esa razón, Joffrin no cree que sea bueno el nuevo proyecto socialista. En lugar de ser un texto que trate los problemas del electorado, Joffrin reprocha al documento ser “demasiado ideológico”.

Al mismo tiempo, Joffrin valora positivamente que Ségolène Royal, candidata a la candidatura presidencial del PS francés y favorita según los estudios de opinión, proponga soluciones a los problemas vinculados a la seguridad y a la inmigración, temas que no han estado entre las prioridades de los socialistas franceses pero que constituyen las verdaderas inquietudes de las clases populares. Gracias a sus declaraciones acerca de estos temas, según Zaki Laïdi, politólogo del Centro de Investigaciones Internacionales (CERI), Ségolène Royal “ha acabado con la distinción entre la aristocrática vida política y los problemas de la vida cotidiana”.

El buen posicionamiento de Royal de cara a la opinión pública no significa que vaya a contar con el apoyo del PS francés. De hecho, los socialistas franceses elegirán tras este verano entre los muchos candidatos a la candidatura presidencial socialista. De los militantes del PS francés dependerá que tengan un candidato para las elecciones presidenciales de 2007 que sólo se codee con la elite o alguien que, además, vuelva a tender una mano a los de abajo.

Hemeroteca Esta semana