Nº 706 - 4 de septiembre de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

Del tanga de Briatore

Sin mediar explicación pública alguna, Luis María Anson, el académico de la Lengua, se ha acogido este verano a la hospitalidad de Pedro J. Ramírez. Aunque no conste que el veterano periodista, que fuera, hace muchos años, director y maestro en el arte de las invenciones del entonces jovencito Ramírez, haya sido invitado por éste a su famosísima piscina, sí es público y notorio que su firma ha aparecido con frecuencia en El Mundo. ¿Han roto Anson y su nuevo compañero de negocios, el ventrílocuo José Luis Moreno, un tipo que está forrado gracias a la magnanimidad de TVE, empresa pública  que cada día que pasa recuerda más al Titanic, con Julio Ariza? ¿Le está sucediendo a Ariza que, a pesar de los favores que ha recibido de Esperanza Aguirre, no consigue su objetivo de llegar a magnate de la prensa, radio, televisión y otras hierbas y, oliéndose la tostada, el zorro Anson se ha ido con la música a otra parte? ¿Cuánto han cobrado Anson y Moreno por los servicios prestados a Intereconomía?

Nadie disipa estas dudas. Nadie conoce el futuro inmediato de Anson. No parece que su vanidad sin medida y su insaciable apetito en relación al  vil metal  se sacien con los textos que le publica Ramírez en las páginas de opinión. Se ignora hacia dónde encaminará sus pasos el viejo camaleón, que acabó tarifando también con José Manuel Lara Bosch. Pero ahí sigue La Razón, tan reaccionaria como siempre, pero menos divertida y pícara que cuando el director era Anson. En la actualidad dirige el periódico José Alejandro Vara, procedente de ABC y alto cargo incluso con Vocento. Su levedad se aprecia con facilidad relativa oyéndole en las tertulias de Federico Jiménez Losantos, donde coincide a menudo con Ramírez. Frente a la desbordante fantasía de Ramírez, capaz de transformar la polémica sobre su piscina en una cuestión de Estado o en un triunfo de la libertad, Vara más bien parece un atildado oficial administrativo de una sucursal bancaria, eso sí, votante del PP, por supuesto.

En El Mundo, dejando de lado las obsesiones conservadoras y los delirios de grandeza de su director, se pueden leer algunas cosas altamente interesantes. El 21 de agosto, Carmen Rigalt dedicaba parte de la contraportada al siguiente título: “Ibiza, territorio Agag”. Al verlo me vino a la memoria, que todavía resiste aunque con crecientes dificultades propias de mi avanzadísima edad, EL SIGLO fechado entre el 3 y el 9 de julio del corriente año. En portada, a  Aznar y su yerno les acompañaba esta impactante frase: “Los Aznar se lo montan”. Por lo visto, se lo han montado por todo lo grande en la isla de Ibiza. Advertía Rigalt: “Cada uno va a su bola, menos los Aznar, que van a la de todos. Desaparecido Berlusconi del horizonte, José María Aznar se deja querer por su yerno y por Abel Matutes.”. ¡Vaya por Dios, Nuestro Señor Jesucristo, Matutes continúa en forma, quizás porque los caciques nunca mueren, por evocar de paso aquella radionovela de los años cincuenta o sesenta del siglo XX, que difundía la SER de la época y que se llamaba “Lo que nunca muere”. No puedo precisar ahora mismo si en ese tiempo el director de programas de la SER era Manuel Aznar, no el abuelo, sino el padre del ex presidente del Gobierno. El papá fue también director de Radio Nacional de España y, según puntualizaba Dionisio Ridruejo en su libro de memorias, publicado en Planeta en 1976, el papá entró en Barcelona, en 1939, como uno de los jefecillos de la propaganda falangista. Otro que se disfrazaba de falangista y se escapaba a reunirse con los nazis en la Alemania de Hitler era el papá de Rodrigo Rato, como confirma una foto insertada en el mencionado libro de Ridruejo, un hombre cabal, honrado y políticamente honesto. Así acabó, por cierto.

Retorno a Carmen Rigalt: “El verano es claramente territorio Agag. El yerno toma la iniciativa de muchas actividades vacacionales. Tiene más idiomas que él, más labia, más conocimiento del medio, o sea. El otro día, Agag dio su cena de verano. El toque castellano lo puso su suegro. El cosmopolita, Tasha de Vasconcelos. El toque marbellí, las hermanas Lapique y sus respectivos (Alfonso Cortina y Carlos Goyanes). Y el decontracté, Neal Taylor. El catering era multicultural (cocina thai junto a cuscús y platos españoles) y la música, grabada pero sublime. Agag es un musiquero feroz (…) La sensación de la noche fue Alonso Aznar, que tiene 20 años y es el más guapo de la familia. Pero tampoco pasó inadvertida la presencia de Nieves Álvarez (muy aznarista ella) o de los hermanos Cano, que cada vez parecen menos hermanos y más primos (…) Los Aznar mostraron un bronceado discreto, muy en línea con el que inauguraron cuando eran inquilinos de Moncloa y en vacaciones llenaban la maleta de libros (…)”.

Días más tarde, Rigalt obsequiaba a sus lectores con un menú sabroso. Primer plato: Gema Ruiz Cuadrado. Escribe: “Estuvo casada con el doberman de la derecha nacional, un picha loca que la dejó tirada. Aquella desgracia aupó a la esposa del ex (la que le aguantaba la caña cuando iban a Asturias a cazar salmones: cría dobermans para eso). Segundo plato: Manolo Prado y Colón de Carvajal: “Come marisco en las proximidades de Sotogrande. La buena vida del manco con la mano más larga de España no está sujeta a bronceado. Circula una maldad según la cual Manolo Prado es el español que pela langostinos a mayor velocidad”. Postre: Flavio Briatore. Foto del amigo de Agag y de Aznar en tanga. Escribe Rigalt: “Agag podría aconsejarle que sustituya el taparrabos por un bañador tipo Acebes, largo hasta la rodilla y con orquídeas estampadas. El pepé siempre ha sido guardián de la estética”. Hace un año, Briatore invitaba a la familia Aznar en su yate prodigioso, como se vio en múltiples fotos de las revistas del corazón. ¿Quiénes llevarían tanga en cubierta? ¿Alguien se imagina a Anson en tanga?  Sí es imaginable, en cambio, el tal Moreno en tanga. Ariza no lo sé. Julio es como Acebes.

Luis G. del Cañuelo

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