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 Nº703 - 3 de julio de 2006

Cataluña en la España contemporánea (y IV)

por Carlos Berzosa

Llegados a este punto, lo que la historia nos enseña es que a lo largo de la evolución del capitalismo industrial, la burguesía catalana no desempeña en la sociedad un papel político en armonía con su poder económico. Para un análisis de la economía catalana en relación con el conjunto de las regiones españolas desde 1700 hasta 2000 resulta muy útil y sugerente el libro del historiador de la Universidad de Cantabria Rafael Domínguez Martín La riqueza de las regiones.

Sin duda es éste un problema que se encuentra detrás del surgimiento del nacionalismo y que repercute en la existencia de una España invertebrada. Conscientes de esta discordancia, los diputados de la Segunda República se dan prisa en aprobar en los primeros momentos de la existencia de ésta El Estatuto de Cataluña. Resulta útil a este respecto subrayar como lo hace Pierre Vilar, y que citábamos en el artículo anterior, que, a pesar del avance del nacionalismo, la mayoría se conformó con el Estatuto de 1931.

El franquismo supuso una dura y fuerte represión de las libertades, la persecución a los militantes de los partidos políticos democráticos y sindicales, básicamente de izquierdas, pero también a todo lo que supusiera una reivindicación nacionalista, aunque fuera de derechas, y con ello a la prohibición del uso de la lengua materna y el intento de la eliminación de la cultura catalana. Esto reforzó, sin duda, las posiciones nacionalistas, incluso dentro de la izquierda, como reacción a todo lo prohibido y a la pretensión, no conseguida, de eliminar por la vía de la imposición y de la represión las señas de identidad de todo un pueblo.

No se debe olvidar que, en los primeros años de la transición, tuvieron lugar manifestaciones masivas en Barcelona con el lema: "Amnistía y Estatuto de Autonomía". El sentimiento de recuperar la autonomía perdida era muy amplio y, sin lugar a dudas, más sentido que en otras nacionalidades históricas, pues abarcaba a todas las fuerzas políticas catalanas, excepto las tradicionales de la derecha heredera del franquismo.
Durante la larga noche de la dictadura se habían producido cambios en la dirección del movimiento obrero, pues desapareció prácticamente en su totalidad el anarco sindicalismo, y emergió Comisiones Obreras, cuya hegemonía correspondió a los comunistas catalanes. Otro tanto sucedió en los otros movimientos sociales, como el estudiantil, en los que la dirección correspondió al PSUC, el partido de los comunistas catalanes. La importancia del comunismo en la oposición al franquismo fue decisiva para crear las condiciones de la llegada de las libertades y, con ellas, la aprobación del Estatuto de Autonomía. No obstante, los acontecimientos posteriores hicieron perder peso político a los comunistas en favor del socialismo.

En todo caso, todo esto significó un cambio en el panorama político, muy distinto al que había sido tradicional hasta 1939. Este nuevo marco facilitó el diálogo, la negociación y el pacto, sin olvidar la confrontación cuando la lucha en defensa de los derechos y las libertades lo hacía necesario. Pero se había dado un cambio fundamental,pues a esas grandes oleadas de violencia, propias del siglo XIX y principios del XX, les sustituyó la lucha pacífica y la negociación responsable. Un marco de estabilidad que permitió la aprobación del Estatuto.

El Estatuto satisfizo, al igual que en 1931, las aspiraciones catalanistas, aunque no plenamente por las propias condiciones en que se produjo la transición. Pasado el tiempo, tal vez fuera necesario plantearse un nuevo Estatuto que reflejase las viejas y nuevas aspiraciones catalanas dentro de España. Así se ha hecho y se ha aprobado dentro de las previsiones constitucionales, por lo que no hay que rasgarse las vestiduras.

No obstante, creo que se ha producido en las peores condiciones y de la peor forma posible, lo que ha motivado una falta de entendimiento hacia lo que se pretendía que ha dañado la imagen de Cataluña en el resto de España y al propio gobierno socialista. Los costes de todo el proceso no han merecido el cambio, aunque al final se han arreglado bastante las cosas y todo ha entrado en la normalidad democrática y constitucional. De todos modos, tras el referéndum, el gran derrotado ha sido el Partido Popular, fiel a lo que ha sido la postura de la derecha tradicional españolista. Pero el alto grado de abstención también pone de manifiesto que no había un gran entusiasmo de la sociedad catalana por el nuevo Estatuto. Tal vez no era tan necesario y la sociedad lo que está demandando es otro tipo de debates y respuestas a los múltiples problemas existentes.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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