Hemeroteca Lista Mundanal ruido
Nº 705
24/7/2006

LA HORA DE AL QAEDA (ii)


Como si la ortodoxia occidental se cumpliera tan sólo sirviendo los intereses de Israel, y corno si servir los intereses de Israel valiera de manera automática para satisfacer los deseos de los Estados Unidos. Pero en este verano, con la guerra inacabada en Gaza y Líbano parece corno si se hubiera contribuido a esclarecer a más de un observador bien intencionado, interesado en servir y satisfacer, y que al contemplar las actuaciones desmedidas de Israel habría comenzado a preocuparse de veras por los inauditos peligros acarreado para la paz mundial y los riesgos infinitos de los Estados Unidos con un aliado belicoso y agresivo al que no controla. De repente, Israel ha hecho retroceder el reloj en Gaza y Beirut, incluso en Teherán y Damasco, repitiendo incursiones y amenazas de las que finalmente entonces tuvo que retroceder, para dejar parajes en ruinas y páramos políticos, debidamente ocupados después. Hamas y Hizbullah, en el reflujo de guerras anteriores, y ahora Al Qaeda, el penúltimo inquilino en la nueva Guerra de los Cien Años, sin paz y sin seguridad.

En Tierra Santa, Israel y los palestinos son personajes en búsqueda de autor, es decir, de enemigos, pero en tal búsqueda Israel parece actuar con mucho mayor frenesí, al menos hasta ahora. Llevamos tiempo dedicados a las comparaciones, incluso hace pocos días, disfrutando precisamente en La Corniche de Beirut. Entre colegas discutíamos si Bagdad hoy era como Beirut ayer, si las atrocidades de Iraq guardaban alguna relación con las de Argelia en los años 90. Pero en este mes de julio ya nohay lugar para comparaciones y referencias, porque Beirut vuelve a ser lo que era, y Gaza no digamos, como si no hubiera pasado el tiempo, nadie hubiera aprendido nada de pasadas tragedias, tan sangrientas pero tan inútiles que hay gentes que con toda alegría se disponen a repetirlas. Las conocidas explicaciones de que en Oriente Medio cada generación tiene su guerra, de que con la partición de Palestina y la invasión de Iraq se ha instalado la guerra permanente, y en expansión, aún siendo muy ciertas quizás olvidan añadir la amargura, el resentimiento y la desesperación, que tanto consuelo encuentran en Al Qaeda.

O sea, que de tanto sufrimiento no surjen lecciones provechosas, reglas de actuación y maneras de convivencia, sino un deseo renovado de hostigar y destruir al enemigo, cuanto más mejor, siendo el más poderoso quien menos capacidad tiene de magnanimidad, moderación y cortesía. No sabemos ya muy bien dónde están David y Goliat, quién es quién, pero sospechamos que para Israel lo que está ocurriendo supone la evidencia, como en Líbano, años 80, de que ganar una batalla no supone ganar la guerra. Las de Gaza y Beirut, los bombardeos de Haifa y la irreductible actitud de Hizbullah, por el contrario, están poniendo de manifiesto las limitaciones del poderío militar israelí y la obtusidad que se habría apoderado de su pensamiento estratégico. De Israel, como de los Estados Unidos en las vísperas de la guerra de Iraq, comienza a sospecharse que la calidad de los estrategas en candelero se halla bajo mínimos o, peor aún, que se han apoderado de los grandes designios altos jefes de las fuerzas armadas o funcionarios distinguidos de la administración no conocidos precisamente por su nivel de lecturas.

Grave error reposar más en la ilusión de la fuerza propia que en el conocimiento real del enemigo, sus aliados y el tablero internacional. Así parece que Israel ha movido su dispositivo militar con la habilidad de un simple jefe de batallón, en una guerra colonial de corto alcance, sin profundidad de análisis y de perspectivas, percepción correcta del enemigo y capacidad de ver más allá de la cota a conquistar. En estas operaciones, aparte los costes humanos elevados, injustos e innecesarios, las fuerzas armadas israelíes no habrían disuadido, ni asustado, pero sí provocado y envalentonado a gente curtida en el combate, sin miedo a morir y a la que Al Qaeda estaría gustosísima en ayudar, incluso en arrebatar el testigo. Como poco, lo que está ocurriendo en Tierra Santa no puede ser más inoportuno, torpe y ciego. Olmert habría arruinado la labor de Sharon y eliminado cualquier proceso de paz, poniendo en grave aprieto los movimientos de Occidente en Iraq, Corea del Norte Afganistán, Irán, Siria, etc., que necesitaban ciertamente de la cooperación israelí, de su ánimo pacificador y diplomático. No es así. Obsesionado por su defensa y exagerado en el ataque, en perjuicio propio y de todos sus amigos y aliados, Israel parece dispuesto a llegar al final, hasta ese extremo en que Al Qaeda y todo lo que significa se encuentra.

Ignacio Rupérez
*Embajador de España en Iraq.

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