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Nº703 - 3 de julio de 2006 |
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Cataluña en la España contemporánea (III) por Carlos Berzosa Con el artículo anterior se deslizó un error, del cual soy el único responsable, y es que donde puse 1918-1920 tenía que poner 18181820. Como quiera que los lectores de EL SIGLO son avispados se habrán dado cuenta rápidamente del mismo, pues estábamos hablando de la crisis surgida tras la pérdida del imperio colonial, las guerras napoleónicas y el fin del antiguo régimen. En todo caso, paradojas de la historia, un siglo después se desencadenó otra crisis como consecuencia del final de la Primera Guerra Mundial. La Gran Guerra supuso un florecimiento de la industria catalana debido a que se suministraron mercancías a los dos bandos, pero esto se acabó al finalizar la guerra, y la industria catalana fue incapaz una vez más de ser competitiva en el mercado internacional. Fue una ocasión perdida, al no aprovechar los sustanciosos beneficios generados durante la contienda en inversiones que hicieran a esa industria más moderna y con capacidad de vender en mercados que no fueran solamente el mercado protegido del interior. El comienzo del siglo XX fue, como lo había sido el XIX, de gran agitación social. Además de los numerosos conflictos obreros hubo dos hechos de especial significación: la huelga general del año 1917, y la Huelga de la Canadiense. La patronal, ante un movimiento obrero fuerte y poderoso, cuya hegemonía correspondía al anarcosindicalismo, actuó no sólo con cierres de las empresas sino con la contratación de pistoleros profesionales para asesinar a los líderes de los trabajadores. Aparte de los libros de historia que dan cuenta de todo esto con el rigor científico adecuado, resulta muy ilustrativo para entender toda esta espiral de violencia la lectura de la novela de Eduardo Mendoza, que también fue llevada al cine, La verdad sobre el caso Savolta. Por lo que concierne al surgimiento del nacionalismo y el regionalismo, Pierre Vilar lo observa entre 1927 y 1936, y así lo señala en Cataluña en la España moderna: "existía un 'nacionalismo' catalán que sus adversarios y algunos de sus adeptos extremos, no vacilaban en calificar de "separatismo'. Pero muchos se contentaban con un 'autonomismo', ampliamente satisfecho en 1931. Remontando algunas décadas atrás, no se encontraba más que un 'regionalismo', y el término mismo de Renaixenca, usado para designar la renovación lingüística, sentimental, literaria del siglo XIX, indicaba que aquellos signos de identidad habían pasado por un período de eclipse". De un modo acertado, en la introducción a la obra mencionada, dice: "Que unos particularismos, latentes en la España del siglo XIX, hayan evolucionado poco a poco hacia unos 'nacionalismos' que amenazan el viejo edificio fundado por Isabel y Fernando, es sin duda el hecho con más frecuencia mal interpretado en la historia de la España contemporánea... España, estado unificado, de estructura antigua y apariencia sólida, ha tendido, bajo la influencia de los "renacimientos" nacionales del siglo pasado (XIX), a disgregarse como los imperios incoherentes de la Europa central y oriental y a dejar de revivir unos recuerdos políticos medievales, en el momento mismo que los viejos reinos alemanes o las gloriosas ciudades italianas acababan de fundirse en estados modernos. Contraexperiencia curiosa". Nicolás Sánchez Albornoz también afronta en su ensayo La integración del mercado nacional. España e Italia esta contraexperiencia. Al revés, nos dice, de la burguesía piamontesa o lombarda, la catalana careció entonces de energía para dominar al estado y someterlo a sus propios designios. En lugar de asumir el papel que históricamente había recaído sobre ella, la burguesía catalana se encerró en una posición frustrante y, para remate, pactó con el sector más tradicional de la agricultura, los cerealistas castellanos. El arancel de 1891 selló el acuerdo. Reflexiones éstas históricas que nos pueden ayudar, sin duda, para entender el presente, así como para recordar que determinadas discusiones actuales ya se daban en el pasado, al igual que la repetición de determinados argumentos. El momento presente será objeto del último artículo acerca de lo que podemos llamar "la cuestión catalana". *Rector de la Universidad Complutense de Madrid |
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