Nº 703 - 10 de julio de 2006
 
Hemeroteca Esta semana

De la paz que pretende Zapatero

El vocablo paz está siendo devaluado, hasta extremos de suma ignominia, desde las plataformas de la propaganda conservadora. Resulta curioso que muchos de los descendientes del franquismo, régimen totalitario que enalteció su paz hasta consagrarla como el más importante de los logros del dictador, silenciando que fueron los militares sublevados contra la República el 18 de julio de 1936 quienes provocaron una espantosa guerra civil de tres años, esos descendientes no hacen ahora más que desdeñar o ridiculizar la paz en el contexto del proceso abierto en Euskadi.

Lo hacen movidos por su afán de desacreditar y, a ser posible, destruir el diálogo como procedimiento para alcanzar el final del terrorismo. Nada de lo que asombrarse. Éstos que en la actualidad menosprecian la paz fueron incansables activistas de la guerra colonial contra Iraq. Estuvieron la mayoría de sus ancestros, algunos de ellos todavía viven, a favor de la guerra entre españoles hace 70 años y sus hijos, nietos o sobrinos apoyaron en 2003 los objetivos bélicos del presidente Bush. Su entusiasmo guerrero era tan potente por esas fechas que llegaron a creerse héroes en la aventura más que ridícula del islote llamado Perejil.

Los dirigentes del PP y sus flautistas mediáticos atacan de forma sistemática el hecho de que se busque la paz para el País Vasco. El talibán de las mañanas clericales ha inventado la expresión de “la pá…del corrá….”, recurso arnichesco o propio de los inefables hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, con el único fin de minimizar la paz, presentándola como una cobardía, una rendición o una sumisión injustificables. Hay que combatir la paz, argumentan los santones de la derecha, porque bajo la coartada de la paz se pretende enterrar la libertad y la Constitución y, por supuesto, la unidad de España.

Aznar recientemente lanzó al respecto una arenga exhortando a la rebelión civil y elogiando a cuantos lucharon contra la paz del nazismo, el fascismo y el comunismo. Si ETA depone las armas y deja de matar, habrá paz en Euskadi, pero será la paz de los corderos, es decir, el único sonido audible será el silencio de los corderos. O la paz del corral, que reitera casi cada día el chistoso Jiménez Losantos. La dictadura nacionalista se impondrá irreversiblemente. No en vano, estos patrañeros de Génova y de sacristía sostienen que la democracia ha estado ausente, desde los años de la transición, tanto del País Vasco como de Cataluña. Sofistas empedernidos, se inventan primero el maniqueo y luego lo combaten a muerte.

No deja de ser un sarcasmo, por otro lado, una exhibición de cinismo elevada al cubo, que Aznar rinda homenaje estos días a cuantos lucharon contra el nazismo, el fascismo y el comunismo. Él nunca lo hizo, sino todo lo contrario. Él preparaba oposiciones a inspector de Hacienda. Él era un estudiante franquista, de familia franquista. Estaba cómodo en el franquismo, al que defendió en sus escritos riojanos, mientras arremetía contra la Constitución y aventaba sus múltiples peligros, los peligros que él y sus compinches de Alianza Popular advertían entonces. En cuanto al comunismo, ¿qué decir?, estando tan cerca como está la célebre y desdichada pinza entre Aznar y Anguita, fruto de las gestiones celestinescas del camarada Pedro Jota, que unió a ambos en un matrimonio político de intereses. En este país flaquea demasiado la memoria, incluida la más próxima. Aznar coqueteó con IU y trató a la coalición comunista, que incorpora otros ingredientes, con exquisitez. Derrotar a González, en el código ético de Aznar, suponiendo que lo tenga, bien valía asociarse con Anguita y sus correligionarios.

El asalariado de Murdoch, ¡héroe de la resistencia frente a las dictaduras! Manda huevos… Este tipejo desconoce la vergüenza, los escrúpulos y la coherencia. Acontece que toca cargarse la paz y se la carga, y se queda más ancho que largo, satisfecho consigo mismo. La paz es mala, la guerra, buena. Cuando él estuvo en el machito, cuando ETA en aquella época decretó una tregua indefinida, a Aznar se le llenaba la boca con la palabra paz. Veneraba la paz, estaba presto a conseguirla y se dirigía a las gentes más significadas del mundo abertzale como los impulsores del noble Movimiento de Liberación Nacional Vasco, mientras acercaba presos, los ponía en libertad y alardeaba de generosidad democrática, el Estado de Derecho, decía muy ufano, sabrá ser generoso con los malos.

En el momento que Rodríguez Zapatero puede lograr lo que él no pudo conseguir, la paz es “la pá…del corrá”, la paz de la siesta, la paz de los conformistas, la paz de los estómagos agradecidos, la paz de la indignidad, la paz de la claudicación, la paz de la traición, la paz de los verdugos, la paz de los cementerios. Esta es la consigna fabricada desde la FAES. Borremos la palabra paz. Acabemos con ella. Los pacifistas son por lo general unos cantamañanas, unos farsantes, los mismos que se manifestaban contra la intervención de Iraq, como si esa intervención no hubiera pretendido fundamentalmente derrocar a un dictador. Por eso se apuntó con tanto entusiasmo Aznar. En mi nombre, sí. En mi nombre, destruyamos a Sadam y llevemos la democracia a los ciudadanos de Iraq. Mejor dicho, en nombre de España, bombardeemos Iraq y en nombre de España desautoricemos a los que están dispuestos, de rodillas, a perdonar a los asesinos y mearse en las víctimas. Que tal es la paz que pretende Zapatero.

Luis G. del Cañuelo

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