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Lista Punto de vista
Nº 703 - 10 de julio de 2006
El PP, en la confusión

por Santiago Carrillo


El presidente Rodríguez Zapatero anunció en el Congreso de los Diputados, pero no en el hemiciclo, la iniciación del diálogo con ETA. Lo hacía al amparo del acuerdo tomado ya anteriormente por el propio Congreso. A renglón seguido tomó la palabra el sr. Rajoy para afirnar que el PP sigue sin apoyar la iniiativa. Su declaración contrastó con la del Presidente, no sólo por el fondo, sino por la forma farragosa y confusa. Mientras la intervención de Zapatero fue clara, precisa, contundente, cerrando cualquier brecha por lo que pudiera filtrarse una crítica a un contenido, la del sr. Rajoy era repetitiva, ignorando las garantías clarísimas dadas por Zapatero.

Al final, lo más claro era que Rajoy no se oponía al diálogo con ETA, sino a que los partidos políticos pudiean dialogar, a la vez con Batasuna.

En rigor, Rodríguez Zapatero y por consiguiente el Gobierno no se habían referido a más diálogo que el que se proponía mantener con ETA para lograr que la organización terrorista desaparezca. Sobre Batasuna hizo una declaración terminante: el Gobierno mantiene la actual Ley de Partidos, que presupone la legalidad de Batasuna o de cualquier reencarnación de ésta que no incluya la reprobación de la lucha armada. Debería ser suficiente como garantía para el PP si éste no se mantuviera en una oposición sistemática a cualquier iniciativa gubernamental, lo que entraña objetivamente el abandono del juego parlamentario normal y la marginalización con respecto a las reglas normales de la democracia.
Yo escuché en la tele a Rajoy y tuve la impresión de que éste era consciente de la anormalidad en que se movía como jefe de la oposición lo que le llevaba a embarullarse ha-blando. Aceptando la mayor, es decir el diálogo del Gobierno con los terroristas ¿qué importancia tenía la menor, es decir, que los partidos vascos –no el Gobierno de España– hablen con Batasuna?
No es posible olvidar que quien primero propuso públicamente iniciar un diálogo de paz ha sido precisamente Batasuna, en Anoeta. Fue después de que ETA llevase tres años sin matar. Todos pensábamos que Batasuna era el brazo político de ETA, lo que daba un valor añadido a su propuesta. Había habido la Ley de Partidos que la ilegalizaba. Pero en un régimen democrático ilegalizar a un partido que mantiene el apoyo de una parte importante del cuerpo electoral no pasa de ser algo formal. La democracia, a diferencia de la dictadura, deja siempre resquicios para que un partido así reaparezca con otras formas. Y Batasuna, con ese nombre u otro está siempre ahí en el País Vasco. Y además se ha pronunciado a favor de aceptar la legalidad democrática y renunciar a la lucha armada.

En estas condiciones el que los partidos políticos vascos hablen con ella ¿qué peligro puede crear? Lo más que puede pasar es que en esos diálogos se refuerce la presión política a favor de la paz. Por otra parte, –rechacemos toda hipocresía– el País Vasco es un pañuelo y gente de los partidos democráticos y gente de Batasuna dialogan ya diariamente en tabernas y restaurantes, lugares públicos y hasta instituciones informalmente. ¿No sería mejor que también el PP participara en esos diálogos y ejerciera también una presión positiva?

Rodríguez Zapatero ha dicho ya sin equívoco que las cuestiones políticas no se discutirían con ETA. Serán las fuerzas políticas con representación popular quienes las aborden. ¿Es que en esa fase el PP podría oponerse a que los ciudadanos abertzales, aquellos a los que Aznar calificó de "Movimiento nacional de liberación" participen en ese diálogo con la representación que quiera darles una parte del cuerpo electoral vasco?


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