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López Aguilar se aferra a la silla Comprendo que Juan Fernando López Aguilar no quiera regresar a Canarias si no es de vacaciones. Sería un candidato a palos como lo fuera, hace muchos años, Manuel Chaves. Recuérdese cuando, en aquellos tiempos, el entonces ministro de Trabajo y hoy presidente de Andalucía quizás vitalicio, fue destinado allí por Felipe González; el PSOE tenía la victoria asegurada siempre que superara la división fratricida entre guerristas y felipistas de estricta observancia. Manuel Chaves fue entonces denominado por la prensa canallesca y por la otra, "el candidato a palos". También fue candidato a palos, a muchos más palos, Javier Arenas, a la sazón ministro de Trabajo y secretario general del partido destinado por Aznar a ser derrotado en el “territorio comanche” como se designaba en la sede del PP a una Andalucía imposible de conquistar por el “hombre blanco”. Canarias no es tierra de infieles pero López Aguilar tiene posibilidades similares a las de Arenas. No es el caso de José Montilla cuya gestión ministerial ha sido tan buena como la de López Aguilar. Sin embargo Cataluña, sin ánimo de ofender a Canarias, es mucha Cataluña y aunque el titular de Industria no lo tiene fácil se le abre un reto que merece la pena afrontar. No es imposible pasar como Companys de ministro, aunque fuera de Marina, a presidente de la Generalitat. Companys proclamaría después el estat catalá y fue capturado por la Gestapo en Francia y fusilado por Franco en España. Con Montilla no hay peligro de lo uno ni lo de otro. Lo de López Aguilar es muy diferente: dejar el Gobierno de España por un oscuro puesto de jefe de la oposición en las islas por muy afortunadas que éstas sean, sería como pedirle el martirio. Juan Fernando puede ser un santo pero no parece propenso a engrosar las filas de los mártires.¿Sabe alguien quién es el actual líder de la oposición socialista en el archipiélago? Por el contrario ¿quién ignora quién es Juan Fernando López Aguilar? El ministro de Justicia está bien valorado en las encuestas y muy presente en los medios. Los periodistas le consideran un buen parlamentario y hasta le proclamaron “pico de oro”. A mí no me termina de convencer. Su verbo es como un mal rap, incesante e incontenible, plagado de lugares comunes y latiguillos elementales; una letanía que no deja huella. Su intervención más importante en el Congreso desde la oposición –el “caso Gescartera”– fue manifiestamente mejorable y su achicamiento ante Rato lamentable. Su trayectoria ministerial no ha sido, sin embargo, mala y, a diferencia de otros compañeros, identificable. Pero con ser apreciables sus valores el más evidente es el de ser amigo, muy amigo, del presidente del Gobierno. López Aguilar le apoyó a golpe de su entusiasmo vital en el 35 congreso del PSOE, junto a su paisano Pepe Segura, ministro in pectore de Fomento que no llegó a serlo porque tocaba una andaluza. Probablemente Juan Fernando le cederá gustoso a Segura, que es en la actualidad delegado del Gobierno en su tierra canaria, el alto honor de la candidatura. La amistad de Juan Fernando con ZP se ha ido profundizando; le confió la cartera de Justicia a costa de sacrificar a su amigo más antiguo y compañero de pupitre, el leonés José Antonio Alonso a quien se lo había prometido, enviando al paisano a Interior que maldita la gracia que le hacía. Juan Fernando es tan amigo del Gran Amigo que ha conseguido que el presidente fije su residencia veraniega en Canarias. Es tan amigo que, con toda probabilidad conseguirá apartar de sí el amargo trago que le proponen aunque sea el mejor candidato. Zapatero ha aplazado el cese de Montilla que era urgente al menos para cubrir las formas; en efecto, el catalán será proclamado el próximo día 15 candidato a la Generalitat de Catalunya y su alma transmigrará desde el paseo madrileño de la Castellana a la calle Nicaragua, la sede barcelonesa del PSC. Aunque en agosto este país se pare no es muy presentable que el ministro siga ejerciendo su alto cargo. El presidente tratará de convencer a su amigo canario durante las vacaciones en La Mareta (Lanzarote) pero no será tarea fácil. Por otro lado ha decidido no hacer más cambios, salvo que la supuesta dimisión de la ministra Calvo vaya en serio. No piensa cesar ni a Moratinos.
José García Abad
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