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Nº 672 - 3 de julio de 2006

Las rentables relaciones de suegro y yerno con el mundo de los magnates

Los Aznar se lo montan

El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, tras ocho años dedicado en cuerpo y alma a los españoles, lleva tiempo cuidando de sus propios intereses... económicos. Su fichaje por el gigante de la comunicación de su amigo Rupert Murdoch ha destapado que la sociedad montada por él y Ana Botella cuando dejaron La Moncloa recibía mensualmente un dinero por servicios de asesoramiento, una actividad curiosamente muy parecida a la que desarrolla su yerno, Alejandro Agag. El novio protagonista de la famosa boda cuasi real de El Escorial, dejó la política para incorporarse a la dirección del Banco Portugués de Negocios. Sin embargo, lleva año y medio desvinculado de esa entidad y dedicado a engordar su cuenta gracias a desdibujadas labores de intermediación y/o asesoramiento entre empresas. Lo mismo su nombre aparece vinculado al negocio de la Fórmula 1 como que se le relaciona en la última OPA de moda. Para yerno y suegro, ahora son los negocios lo que va bien en España... y el extranjero.

Por Vera Castelló 

Un intermediario de guante blanco", así ha definido Iñaki Anasagasti a José María Aznar después de saberse que el ex presidente del Gobierno lleva meses cobrando del magnate de la comunicación Rupert Murdoch por labores aún poco claras. Para el senador del PNV no hay ninguna duda: el ex líder popular es tres cuartos de lo mismo que "su yerno, Alejandro Agag". Si Ana Aznar les emparentó, ahora los negocios también les están equiparando. Suegro y yerno han aprendido a traducir en euros y dólares su experiencia y contactos en el mundo de la política, y no les está yendo nada mal.

El yernísimo lleva tiempo medrando en el universo de los negocios, aunque no exactamente como empresario, cómo luego contaremos, sino en roles mucho menos definidos pero que sin embargo le pueden deparar beneficios nada despreciables. De hecho, se acaba de comprar nueva casa en Londres, por la que ha desembolsado 3 millones de euros.

En el registro mercantil sigue activa Titalbe S.A.-la más conocida, Columela Gestión, S.A. se extinguió en 2003- la empresa dedicada a “asesoría comercial, fiscal, económica; compraventa, construcción, promoción de fincas rústicas y urbanas y gestión de valores” domiciliada en Sevilla, que montó en mayo de 2002 y que dejó en manos de su tío materno,Alberto Luis Longo Álvarez de Sotomayor cuando se fue a Londres. Sin embargo, actualmente, su actividad más visible y admitida tiene que ver con el mundo de la Fórmula 1 (ver El Siglo nº 664 Agag se forra con Fernando Alonso. El yerno de Aznar continúa imparable por el circuito millonario), sector  en el que controla, junto a su amigo y socio Flavio Briatore, los derechos de retransmisión de las pruebas de automovilismo en España, lo que les está reportando grandes beneficios económicos. No obstante, al parecer, su principal fuente de ingresos es otra.

Han sido ya varias las grandes operaciones empresariales en las que su nombre ha aparecido. No en primera línea, no, sino en discretos papeles de asesor o intermediario, amigo de alguna de las partes o incluso de las dos. Un rol en la sombra -nunca admitido por Agag- pero que sin embargo es vox populi en ciertos círculos financieros, sobre todo españoles e italianos. De hecho, desde que Agag dejó la política, se le ha relacionado con negocios tan dispares como la fusión de Bami y Metrovacesa que casi consiguió frustrar su amigo el empresario italiano Francesco Gaetano Caltagirone; el intento de compra por parte del polémico constructor Stefano Ricucci del italiano Corriere della Sera -accionista de El Mundo-; la construcción del puente de Mesina que unirá Sicilia con la península italiana -adjudicado a un consorcio en el que participa Sacyr-Vallehermoso-; o, sin ir más lejos, la entrada de Aznar en el universo de Rupert Murdoch, el magnate que asistió como uno de los invitados estrella tanto a su boda con Ana Aznar en El Escorial como a la despedida de soltero que su también amigo Alberto Cortina le preparó previa a la concurrida fiesta que celebró la pareja días antes del enlace.

Quizás para su hoy suegro, aquel bodorrio fue una equivocación que dañó su imagen, sin embargo para Agag aquello supuso su trampolín hacia los negocios de alto nivel. Aquel 5 de septiembre de 2002, Aznar quiso convertir El Escorial en pasarela pública de su poderío, consiguiendo congregar a su alrededor a diversas personalidades políticas, empezando por los Reyes. Sin embargo, pronto se supo que algunas de las estrellas invitadas acudían para cumplimentar no al padre de la novia, sino directamente al novio, léase Silvio Berlusconi, el mencionado Murdoch, el,según diversos medios, “traficante de armas” Abdul Arman al-Asir, su ahora socio en los negocios de Fórmula 1 Flavio Briatore y un largo etcétera. Y es que Agag con sólo 31 añitos ya se había hecho una agenda de teléfonos que incluía a buena parte de la élite política y económica de varios continentes. Así de exagerado. A algunos les debía favores, a otros se los iba a pedir y el resto eran viejos conocidos de su padre Jef Agag, un belga de origen argelino que también se formó en ambientes financieros.

Todo un relaciones públicas, Agag no se amilana ante nadie. Quienes vieron -en vivo o a través de las retransmisiones televisivas- el enlace Agag-Aznar pudieron comprobar cómo el joven economista le daba palmaditas en el hombro al mismísimo Rey -con la Reina no se atrevió- mientras que el monarca encajaba el “marrón” al que le había invitado Aznar. Fuentes empresariales aseguran a El Siglo que no ha perdido ni un ápice de esa “naturalidad” y está continuamente besando, abrazando y haciendo gestos de complicidad a toda persona mínimamente conocida. De hecho, las mismas fuentes, aseguran que le encanta “hacerse notar y diferenciarse del resto”, de ahí que se pasee por círculos empresariales sin chaqueta ni corbata, optando más bien por un look casual poco visto -y criticado- en esos ambientes.

En realidad parece que a Agag le gusta jugar al despiste. Hace más de año y medio que no trabaja en el Banco Portugués de Negocios, sin embargo no se ha preocupado de aclararlo a quienes todavía le atribuyen esa nómina. Quizás porque así, mientras que muchos creen que trabaja para la entidad -concretamente asesoraba a su presidente, José Oliveira e Costa y al consejo de administración del holding, Sociedad Lusa de Negocios (SLN)- se siente más libre para dedicarse a sus verdaderas tareas: conseguir, previa comisión, ligar intereses entre empresas. Lo que en círculos económicos se denomina un "conseguidor", profesión liberal de difícil encaje en las categorías laborales de la Seguridad Social y reservado a quienes cuentan con contactos suficientemente importantes como para lograr un doble objetivo: que algunos hagan la vista gorda a sus tejemanejes y otros acepten la "ayuda remunerada" de Agag por miedo a que éste pueda mover sus contactos en contra. Así lo aseguran fuentes financieras a El Siglo.

Los Agag-Aznar se fueron a vivir a Londres en 2003, donde están criando a sus dos hijos  en la magnífica casa que acaban de adquirir en el selecto barrio de Chelsea. Sin embargo, según han asegurado a El Siglo fuentes diplomáticas, el yernísimo no pisa los círculos londinenses frecuentados por españoles. Pero que no se deje ver por Londres no significa que tampoco aparezca por España. De hecho, es bastante habitual toparse con él en los restaurantes más visitados por el mundo empresarial madrileño o catalán o en ciertos foros financieros a los que nadie sabe en calidad de qué acude después de desvincularse del banco portugués a finales de 2004.

Pero, ¿quién ha abierto el camino a quien? ¿Ha sido Agag el que ha trasmitido su know how en los negocios a su suegro? ¿Hubiera medrado tanto el yerno sin el apadrinamiento de Aznar? ¿La agenda del ex presidente tendría ciertos números de teléfono si antes no los hubiera conseguido Agag? ¿Qué ha sido primero, el huevo o la gallina? ¿La política o los negocios?

Estudiante en el colegio Retamar -vinculado al Opus Dei-, la carrera de este licenciado en Económicas por el CUNEF - colegio universitario financiado por la banca- ha sido meteórica y no se puede contar sin relacionarla con José María Aznar.

En el CUNEF fundó una asociación de estudiantes que, entre otros líderes empresariales y políticos, recibió la visita de su futuro suegro. Pocos días después, Agag era afiliado a Nuevas Generaciones del Partido Popular (NNGG) y con 23 años era miembro de su Comité Ejecutivo Nacional y coordinador de Relaciones Internacionales, gracias a sus dotes para los idiomas, lo que le hizo frecuentar los lobbys de la Comisión Europea. En 1994 vicesecretario general del Partido Popular Europeo (PPE), puesto que ocupó durante dos años en Bruselas y que le propició que su legendaria agenda de teléfonos empezara a tener entidad. Pero su gran empujón llegó con un Aznar recién llegado a La Moncloa , quien le nombró para ocupar uno de los tres puestos de ayudante del presidente del Gobierno lo que propició que conociera a numerosas personalidades políticas y económicas que, al parecer, se quedaron con su nombre.

Tres años después ya era miembro del Comité Ejecutivo del PP nacional -hubo que modificar los estatutos para darle entrada-, número dos del Partido Popular Europeo (PPE) liderado por Wilfred Martens y eurodiputado, convirtiéndose en el enlace  más fiel de José María Aznar -no perdía ocasión para impulsar al del PP como futuro presidente de la Comisión Europea- y trabando amistad con otros líderes europeos que todavía forman parte de su circulo de relaciones más estrechas. El primero, Silvio Berlusconi que todavía le debe a Agag la polémica entrada de Forza Italia en el PPE.

En Bruselas permaneció hasta que se hizo público su compromiso con Ana Aznar, momento que aprovechó para anunciar su retirada de la política para entrar en el Banco Portugués de Negocios. Pero eso no significó que suegro y yerno no siguieran formando tándem para algunas actividades. Bajo el argumento de servirle de interprete -domina 5 idiomas- Agag no se ha perdido ni uno sólo de los viajes que Aznar ha hecho a Estados Unidos. El primero fue en visita oficial a Bill Clinton, y el último, pocas semanas después de los atentados del 11-M en visita privada al amigo Bush. Por entonces ya se sentían libres para diseñar el futuro económico de Aznar. 

Murdoch descubre el pastel. Quizás fue Agag quien primero conoció primero al conservador magnate de la comunicación australiano, Rupert Murdoch, sin embargo ha sido su suegro el que más públicamente está rentabilizando ese contacto.

Hay quien piensa que en realidad José María Aznar lo tenía todo calculado. Sabía que un desembarco demasiado temprano en News Corporation cosecharía unas críticas difíciles de torear para un partido que acababa de regresar abruptamente a la oposición tras los atentados del 11-M, unos dramáticos hechos que se relacionaban claramente con su política de participación en la invasión de Iraq. Así las cosas, el ex líder popular aceptó gustoso el puesto que se le ofrecía en el Consejo de Estado, órgano consultivo desde el que poder jugar algún papel ante la posible reforma Constitucional a la que, según el PP, nos abocaría el Gobierno de Zapatero. Hacía tiempo hasta poder reconocer públicamente su vinculación remunerada con Murdoch.

Efectivamente, Aznar se ha hecho notar durante los 14 meses que ha estado en el pleno -los socialistas modificaron la regulación del Consejo de Estado para que los ex presidentes de Gobierno se pudieran incorporar como miembros natos y vitalicios- de la institución. El pasado mes de febrero, el ex líder popular se opuso al dictamen favorable del Consejo de Estado sobre las reformas de la carta magna, un informe solicitado desde Moncloa. Concretamente, Aznar propuso que el organismo informara en contra de cualquier modificación del texto constitucional al no existir un consenso político previo del Gobierno con el Partido Popular. El popular fue el único que votó No, frente al Si de los 24 restantes vocales y anunció que presentaría un voto particular para expresar su disidencia con la reforma del Senado y la denominación de las Comunidades Autónomas.

Por entonces, el pasado mes de febrero, el ex presidente del Gobierno llevaba año y medio cobrando 10.000 euros mensuales del grupo del magnate australiano a través de su sociedad Famaztella, sin que hubiera informado ni al Consejo de Estado ni al Registro de Intereses de Altos Cargos de la existencia de la citada empresa lo que fuentes del Gobierno señalan como un flagrante incumplimiento de la Ley de Incompatibilidades. Se ve que Aznar no había contado con las estrictas normas de transparencia que rigen en la SEC -la equivalente estadounidense a nuestra CNMV- que han llevado a que se “descubra el pastel”. Sin embargo el ex presidente no sólo no ha entonado el mea culpa sino que incluso puede poner en un aprieto a su nuevo patrón frente a la SEC. Lo que para News Internacional  es  un pago mensual por "servicios de asesoría de estrategia corporativa global", para Aznar son “colaboraciones ocasionales, materializadas en notas o conversaciones, cuyo objeto era aportar los análisis e impresiones personales” del ex presidente “sobre la situación internacional y el panorama mundial” tareas por las que ha recibido en total 220.000 euros. A partir de ahora, una vez fuera del Consejo de Estado pero dentro del Consejo de Administración de News Internacional cobrará 148.000 euros anuales por asistir a 10 reuniones por ejercicio fiscal. No está mal.

González y su magnate

  "Yo no cobro ni de Repsol ni de Murdoch", de esta manera el ex presidente de Gobierno Felipe González ha querido marcar diferencias con su sucesor en el cargo.  Es cierto, sin embargo el socialista tampoco se conformó con su sueldo vitalicio cuando dejó La Moncloa. Al igual que Aznar, su actividad como conferenciante y articulista le ha supuesto en estos años un buen sobresueldo.

No obstante, no es esta actividad "intelectual" la que ha deparado al sevillano numerosas críticas. Su reconocida relación con el magnate mexicano, Carlos Slim, ha levantado susceptibilidades incluso dentro de su propio partido. Y es que el Ingeniero -ese es su sobrenombre- es el hombre más rico de América del Sur y el cuarto del mundo, según la revista Forbes.

Según cuenta José García Abad en su libro Las mil caras de Felipe González, Slim sufraga el coste de un lujoso apartamento cada vez -normalmente una visita al mes- que el ex presidente se acerca a Ciudad de México. “Ambos se han hecho importantes servicios: Felipe le aporta su prestigio en América, le presta un toque progresista a las iniciativas del ‘Gran rico’ y en el terreno práctico le ha facilitado las relaciones con presidentes americanos (...) y Slim ha ayudado en las iniciativas económicas de los amigos del presidente”, según García Abad.

Tanta sintonía entre el admirado ex presidente español y el supermillonario magnate de las comunicaciones molestan sobremanera a la izquierda mexicana,e specialmente al candidato a la presidencia Andrés Manuel López Obrador, cuya gestión desde la alcaldía de la capital González criticó.

La pasada semana, sólo unos días antes de celebrarse las elecciones mexicanas a las que concurría López Obrador, González aprovechó la inauguración en Cartagena de Indias (Colombia) del Primer Encuentro Internacional de Redes Eurosocial de la UE , para reclamar a los Gobiernos de América Latina "certidumbre y predecibilidad" en sus políticas, para asegurar el flujo de inversiones en la región. 

Carne de ‘paparazzi’

  Desde que la joven hija del presidente Aznar anunció que se casaba, las revistas del corazón no han dejado de seguir los pasos de la pareja. Inmortalizaron su primer verano en Menorca como novios oficiales -besuqueandose a bordo del barco que alquiló el ex presidente-, buscaron como locos todos los detalles de los preparativos de boda y publicaron ediciones especiales sobre el enlace más sonado  mostrando cómo el novio y el padre de la novia recibías al millar de invitados.

Aquella exhibición de boato animó a la prensa rosa a seguir interesandose por el nuevo matrimonio, que abandonó Madrid huyendo precisamente de los focos.

El pronto anuncio de embarazo de Ana Aznar no ayudó a que la pareja abandonara las portadas de las revistas y por entonces, emocionados con la reciente paternidad, lel matrimonio presentó al niño -Alejandro, como el padre- a los mismos fotógrafos que nos habían enseñado su casa en Londres, el supermercado al que acudía a comprar Ana Aznar o la universidad en la que esta seguía sus estudios de Psicología.

Luego vino el segundo retoño, y tres cuartos de lo mismo. Y quien sabe si pronto tendremos nuevas noticias ya que Agag, tras el nacimiento de Rodrigo, comentó a los reporteros que “había que ir a por la niña”. Tampoco nos perdimos los respectivos bautizos en la capilla de la madrileña urbanizacion en la que vive el ex presidente del Gobierno.

Sin embargo, son los veraneos los que más juego han dado a la prensa, no solo rosa. Desde que se casaron -Berlusconi les dejó su yate privado y su mansión al sur de Italia, en Costa Esmeralda- no hay agosto en el que no podamos descubrir al jóven matrimonio bronceandose en algún barco de super lujo, ya sea el del empresario Fernando Fernández Tapias o el de Flavio Briatore, o jugueteando con los niños en alguna playa de la selecta costa italiana.

Pero la noticia que ha terminado de demostrar el lujo que rodea a la familia Agag-Aznar es la reciente compra de una casa en el exclusivo barrio londinense de Chelsea, el mismo en el que se instalaron cuando llegaron al país.

El “nidito de amor” tiene tres plantas de 100 metros cada una y un pequeño jardín para que los retoños puedan jugar. Unas características que han llevado a la revista Diez Minutos a fijar su valor en unos tres millones de euros.

Coincidencia de intereses, por Enric Sopena


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