El Pontífice, que acudirá al V Encuentro
Mundial de las Familias, hablará a favor de las
uniones tradicionales y contra las leyes sociales del Gobierno
Benedicto XVI llega a España
Cerca de un millón y medio de personas,
según los organizadores, acudirán este fin de semana a Valencia para participar
en el V Encuentro Mundial de las Familias, el último de los acontecimientos que
convoca el Papa cada tres años dedicados a las uniones tradicionales. El plato
fuerte del evento será la presencia de Benedicto XVI, que vendrá por primera
vez a España en su tercer viaje oficial al extranjero del año. La visita estará
marcada por un discurso abiertamente crítico con las políticas sociales del
Gobierno socialista, especialmente las relativas al matrimonio entre personas
del mismo sexo y la agilización del divorcio. El encuentro de José Luis
Rodríguez Zapatero con el Pontífice y, sobre todo, su asistencia a la misa del
domingo, será un termómetro con el que comprobar si, un año después de la
manifestación contra las uniones de gays y lesbianas, el presidente sigue sin
cerrar uno de los frentes abiertos contra el Ejecutivo liderados por los
sectores católicos más conservadores.
Por V. M.
Valencia ya está lista para recibir al
Papa. 10.100 banderolas engalanarán toda la ciudad, 6.720 vallas publicitarias
se ubicarán en las calzadas en un trayecto de
80 kilómetros
, 5.000
paños con el emblema del evento se repartirán a los vecinos de las calles que
recorrerá el Pontífice para que quienes lo deseen decoren sus balcones y lonas
de grandes dimensiones anunciarán la visita de Joseph Ratzinger en lugares
singulares como el aeropuerto de Manises, el Palau de
la Música
, o
la Ciudad
de las Artes y las
Ciencias. En total se han invertido 400.000 euros –sufragados por El Corte
Inglés– para vestir de blanco y amarillo, los colores vaticanos, la primera
ciudad española que recibe a Benedicto XVI, el invitado estrella del V Foro
Mundial de las Familias (EMF) que, según los organizadores, contará con la
participación de cerca de un millón y medio de personas procedentes de más de
50 países.
La Iglesia católica
española viene esperando la visita del Pontífice desde que fuera elegido hace
ya más de un año. Ciertamente ésta era una de las previsiones del Vaticano, ya
que España, junto a Italia y Polonia, es uno de los tres países europeos con
mayor número de fieles. Además, la política laica del Gobierno de José Luis
Rodríguez Zapatero, que puede restar protagonismo a la comunidad eclesial en la
vida pública, requería un golpe de efecto. El nuncio del Papa en España, Manuel
Monteiro, desvincula la visita de las tensiones Iglesia-Estado. Dijo hace un
par de semanas que el viaje del Pontífice se enmarca en la organización del V
Encuentro Mundial de las Familias, previsto y anunciado por Juan Pablo II hace
tres años y que, por lo tanto, no tiene nada que ver con las relaciones entre
la jerarquía católica y el Ejecutivo socialista. También lo hizo en marzo el
obispo auxiliar de Valencia y presidente de la fundación organizadora del EMF,
Esteban Escudero, asegurando que el encuentro “no va contra nadie” ni contra la
política de Zapatero sobre la familia. Pero lo cierto es el evento ofrecerá a
la Iglesia
y a ciertos
sectores católicos la oportunidad de cargar contra el Gobierno con su
artillería pesada.
Monteiro ha explicado por dónde va a
discurrir el discurso de Joseph Ratzinger. Según el nuncio, transmitirá el
mensaje de que la familia es un pilar fundamental para el bienestar de las
personas y de la sociedad, precisando que en los países del mundo donde “la
familia es más estable, mejor situación vive ese país”. Más elocuente que las
palabras del diplomático es el documento Familia y procreación humana, dado a
conocer un mes antes de la celebración del encuentro de Valencia por el Consejo
Pontificio para
la Familia
que dirige el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo. Su texto ratifica la
postura inmovilista de la doctrina del Vaticano sobre los temas relacionados
con la familia. A lo largo de 60 páginas, se recuerda que a
la Iglesia Católica
no le parece bien que las “parejas formadas por homosexuales”, a las que en
otro momento califica de “insólitas”, reclamen “los mismos derechos reservados
al marido y a la mujer”, entre ellos, el de adopción. También rechaza que lo
hagan las “mujeres que viven en una unión lesbiana” y “reclaman derechos
análogos, exigiendo leyes que les den acceso a la fecundación a través de
donantes o al implante del embrión”. Sobre estas uniones considera que su
reconocimiento legal supone un peligro para la familia tradicional, formada por
un hombre y una mujer. “Nunca como hasta ahora la institución natural del
matrimonio y de la familia ha sido víctima de ataques tan violentos”, dice el
documento. Según el Consejo Pontificio, la legalización de esas formas de unión
“desestabilizan el matrimonio y la familia”. Además, denuncia que “las
corrientes radicales” sostienen que “la facilidad que ofrece la ley para formar
estas parejas insólitas debe ir al mismo paso que la facilidad del divorcio o
del repudio”.
El Vaticano también se dirige contra el
movimiento feminista, del que dice ha exacerbado las relaciones entre los sexos
por haber reforzado una visión puramente “individualista del hombre y de la
mujer”.
Respecto a la investigación con embriones
asegura: “como confirman algunas prácticas funestas hoy legalizadas en algunos
países, si el hombre se arroga el poder fabricar al hombre, entonces, se arroga
también el poder destruirlo”. Para
la
Curia
, en la raíz de esta situación, que define como
“profunda crisis actual de la verdad”, está “el eclipse de Dios”. “La ciencia y
la técnica han convencido a alguno tener por cierto que todo es fruto de la
evolución, que el hombre no tiene Dios; que el Dios del pasado era creado por
el hombre a su imagen y semejanza; que Dios está muerto y que es la hora de
poder producir un hombre verdaderamente nuevo”, afirma el texto.
Todos estos argumentos atacan algunas de
las leyes sociales más importantes del Gobierno Zapatero, como la reforma del
código civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, la
agilización del divorcio o el uso terapéutico de las células madre. También
la Conferencia Episcopal
Española (CEE) ha venido criticando duramente de forma explícita y reiterada
estas disposiciones legislativas. En un mensaje hecho público en la página
electrónica en Internet del Episcopado, con motivo de
la Jornada
de
la Familia
que
la Iglesia
católica española
celebró a finales del pasado año, y en el que hacían alusión a la celebración
del V Encuentro Mundial de las Familias, aseguraba que la familia sufre
agresiones “con medidas antifamiliares como la reforma del Código Civil, que
elimina las referencias al padre y a la madre, al esposo y la esposa para equiparar
las uniones de personas del mismo sexo con el matrimonio, o el llamado divorcio
express, que introduce la figura del repudio en nuestra legislación”, y que
“vivimos un momento en que se extiende una cultura que oscurece datos
antropológicos fundamentales, disuelve la identidad de la familia y desprecia
cada vez más la vida humana más débil, como la del enfermo irrecuperable o la
de los embriones”.
Así las cosas, el ambiente en Valencia
estará caldeado, no tanto por las altas temperaturas y las aglomeraciones como
por el recibimiento que le hará
la
Iglesia
a Zapatero. Después de cierta tensión entre el
Vaticano y el Ejecutivo y entre el Gobierno y
la Generalitat
valenciana
a cuenta de la organización, después de algún intento para que el presidente
pudiera encontrarse con el Papa en terreno neutral, José Luis Rodríguez
Zapatero acudirá a la ciudad del Turia para que Benedicto XVI le reciba en
audiencia en el Palacio Arzobispal –también recibirá al líder del PP, Mariano
Rajoy, y visitará a los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía en el Palau de
la Generalitat
–. En
Moncloa confían en que el encuentro entre el Pontífice y el presidente español
sea todo lo cordial que cabría esperar en estos casos. Aunque no existen muchas
esperanzas de que se relaje la tensión Iglesia-Estado, máxime cuando desde el
episcopado parecen descartar esta posibilidad. Manuel Monteiro, preguntado
sobre la posibilidad de que tras el encuentro mejoren las relaciones, se limita
a decir que “sólo ya el anuncio de ese encuentro y de la visita del Papa ha
sido importante”. Más cáustico ha sido el cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio
Cañizares, que respondiendo a la pregunta de si el encuentro servirá para limar
asperezas, dice que no cree que “se trate de aprovechar nada para limar nada”. Además,
cuando Ratzinger se entreviste con el presidente ya habrá llegado a sus oídos
que el secretario Federal de Política Municipal y Libertades Públicas del PSOE,
Álvaro Cuesta, ha propuesto la eliminación progresiva de la financiación
pública de
la Iglesia
a través de los Presupuestos Generales del Estado a cambio de incentivar
fiscalmente las donaciones económicas a cargo de los fieles.
Pero si delicado puede ser el encuentro
entre el jefe de
la Iglesia
católica y el del Gobierno español, qué decir de la presencia de Zapatero en la
misa del domingo en la que el Santo Padre pronunciará su homilía. Una presencia
que, sin duda, incomodará a muchos de los asistentes al EMF, que como las miles
de personas que salieron hace un año a la calle en defensa de la familia
tradicional y contra los matrimonios gays convocados por las agrupaciones
católicas más conservadoras y animados por los obispos –algunos de ellos, como
el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, estuvieron
presentes en la manifestación–, son contrarios a los cambios legislativos con
los que dicen sentirse amenazados. Zapatero ensayará la mejor de sus sonrisas
ante las familias presentes en el evento, pero es poco probable que consiga
hacer mella en su firme oposición al Gobierno y sus leyes sociales.
Cifras de vértigo. La alcaldesa de
Valencia, Rita Barberá, confesaba orgullosa dos meses antes de la celebración
del V Encuentro Mundial de las Familias que todas las áreas municipales estaban
trabajando “a tope” para que todo esté listo en el momento de la visita, donde
“no se escatimarán gastos”. Lo cierto es que las Administraciones valencianas
han echado el resto para recibir por todo lo alto al Pontífice en
la Ciudad
de las Artes y de
las Ciencias. Y como suele ocurrir en este tipo de acontecimientos, la marea
entusiasta se ha extendido hacia circunstancias y lugares insospechados.
Dos de las características que ya se le
pueden atribuir al evento antes de que dé comienzo –aunque, además del sábado y
el domingo, durante toda la semana habrá actos relacionados con el EMF– son lo
astronómico de las cifras y la difícil clasificación de algunos de sus
preparativos. La misa del domingo se celebrará en un escenario de
2.500 metros cuadrados
que acogerá a unos tres mil concelebrantes. Junto a este espacio, se alzará una
cruz luminosa de
35 metros
de altura. Valencia recibirá alrededor de 3.000 periodistas de centenares de
medios de comunicación. Más de 5.000 miembros de las Fuerzas y Cuerpos de
Seguridad del Estado, entre policías nacionales y guardias civiles, velarán por
la seguridad de los ciudadanos durante el fin de semana del 8 y 9 de julio.
8.000 puestos sanitarios se dispondrán a lo largo del recorrido papal. El
Ejército ha cedido más de 4.000 camas y tres cuarteles para acoger a policías,
peregrinos y voluntarios. Los alrededor de millón y medio de asistentes, entre
el sábado y el domingo, generarán unos ingresos en la ciudad de entre 60 y 70
millones de euros –según la consellería de Turismo–. 60 campaneros
protagonizarán un volteo general desde las torres de las Iglesias que durará
aproximadamente una hora en señal de bienvenida. Los asistentes, que han pagado
un “donativo” de 35 euros por adulto y 15 euros por niño para ayudar a sufragar
los gastos, recibirán una ‘mochila del peregrino’ que incluye una camiseta, una
gorra, un abanico, un decenario de madera para seguir el rosario del viernes
noche, un mapa de la ciudad, una botella de agua, un libro de oraciones con los
actos eucarísticos del encuentro así como la acreditación del peregrino. Las
religiosas Carmelitas Descalzas han elaborado más de medio millón de hostias
para la comunión de los peregrinos en la eucaristía que presidirá Benedicto
XVI. La empresa valenciana Lladró ha donado 4.400 copones, cálices y paternas,
elaboradas íntegramente con porcelana y con un diseño exclusivo, para la misa
que presidirá el Papa. Además, prepara una línea de productos conmemorativos
del EMF entre los que se incluirá una cruz, una imagen del Papa y una vela con
el distintivo “Días en Familia”. Y la parroquia San Jorge Mártir del barrio
valenciano de Patraix distribuyó botellas de vino con la imagen del Pontífice y
el programa de actos del encuentro en su etiquetado para financiar una semana
solidaria en el mes de junio previa al evento.
Tal vez para responder al entusiasmo con
el que se han volcado en Valencia con la visita, el Papa perdonará los pecados
de todos cuantos asistan al encuentro; Benedicto XVI ha concedido la
indulgencia plenaria a los participantes y a aquellos que no puedan asistir
“pero estén unidos con el espíritu y el pensamiento” a los que sí acudan al
evento.
No todos le esperan. Mientras miles de
familias se preparan para recibir al Papa en Valencia, algunos ciudadanos de la
ciudad levantina llevan semanas demostrando que no todos opinan que el
Pontífice es bienvenido. La plataforma Jo no t’espere (en castellano, Yo no te
espero) aglutina a colectivos de todo tipo –incluidos cristianos de base– para
recordar que, a pesar del apoyo entusiasta de las Administraciones valencianas
y de muchos medios de comunicación a la llegada de Benedicto XVI, buena parte
de la sociedad española se mantiene ajena al discurso monolítico de
la Santa Sede
respecto a
temas como los derechos de los homosexuales, la igualdad plena para las
mujeres, la violencia de género, el uso de métodos anticonceptivos, la
investigación científica con células madre o la imposición de la religión en la
escuela.
Desde el pasado mes de mayo, esta
plataforma ha venido celebrando distintos actos, charlas, conferencias y
manifestaciones para protestar contra “el discurso involucionista” de Roma y
“el derroche” de las Administraciones valencianas para organizar la visita
papal, de la que dicen que “evoca el nacional catolicismo”. Y no pararán hasta
que Joseph Ratzinger se marche de la ciudad del Turia. Algunos de ellos
incluso, en contra del entusiasmo que se ha generado en torno a la llegada del
Pontífice, se han acercado hasta el Arzobispado de Valencia para formular sus
declaraciones de apostasía. Aunque son conocidas las dificultades que entrañan
este trámite –el grupo parlamentario de IU-ICV acaba de presentar una
proposición no de ley para que el Gobierno garantice el derecho a “darse de
baja” en
la Iglesia
–,
la idea es visibilizar este acto simbólico. Por cierto que la plataforma Jo no
t’espere tiene su propio símbolo. Se trata de una versión de la señal de
prohibido empleada en el código de circulación que, en este caso, contiene en
el interior una mitra papal. Posiblemente, la marea de fieles que inundará
Valencia el próximo fin de semana ensombrecerá las 5.000 pancartas que ya
penden de algunos de los balcones y ventanas de la ciudad, pero el ruido que ya
hayan podido hacer ha puesto algo nerviosos a los organizadores de la visita.
La organización del Encuentro Mundial de las Familias ha calificado a los
integrantes de la plataforma de “grupúsculos radicales de carácter violento que
amenazan al Papa y piden el boicot a su visita”. Lo dijo después de que TVE
solicitara la señal institucional de la visita, asegurando que era una paradoja
“que se esté reclamando poder transmitir a todo el mundo la visita del Papa y,
al mismo tiempo, se esté siendo altavoz para incitar a la violencia y al
desprecio a la libertad religiosa de los ciudadanos”. La plataforma, ante estas
acusaciones, ha anunciado que podría tomar acciones legales.
En cualquier caso, es poco probable que
Benedicto XVI se percate de la presencia de los integrantes de Jo no t’espere;
las banderolas y pancartas del EMF ganan a las suyas por abrumadora mayoría y
el repicar de las campanas al paso de la comitiva papal evitará que escuche las
voces discordantes.
El Papa hablará del proceso de paz
La familia dará mucho de qué hablar en
Valencia. Pero también es muy probable que el proceso abierto en España tras el
alto el fuego de ETA sea objeto de análisis. El embajador español ante
la Santa Sede
, Francisco
Vázquez, quien asegura que su catolicismo ha mejorado las relaciones entre el
Gobierno de Zapatero y el Vaticano, dice que el Papa podría hacer “alguna
alusión” al tema en su visita a la ciudad levantina. El ex alcalde socialista
ha precisado, en declaraciones a TVE, que el discurso del Santo Padre estará
“centrado esencialmente en el papel de la familia y sobre todo en la defensa de
la familia desde la fe católica”, aunque “a lo mejor hace alguna alusión porque
al final la paz es un valor universal”. El diplomático recuerda que Benedicto
XVI se mostró “claro y rotundo el pasado mes de abril” respecto al proceso de
negociación, cuando hizo “un alegato a favor de la paz, como no podía ser
menos”.
Vázquez se refiere a las declaraciones de
Ratzinger del pasado 5 de abril en un mensaje dirigido al final de la audiencia
general a los peregrinos españoles congregados en
la Plaza
de San Pedro con
motivo de la celebración del quinto centenario del nacimiento de san Francisco
Javier. “Os invito a rezar para que, por intercesión de este Santo, todos
intensifiquen sus esfuerzos por consolidar los horizontes de paz que parecen
abrirse en el País Vasco y en toda España, y a superar los obstáculos que
puedan presentarse a lo largo del camino”. Estas fueron las palabras textuales
del Santo Padre, que el Gobierno agradeció “mucho y de corazón” y, según dijo
en su día el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, le volverá a agradecer personalmente el presidente Zapatero en Valencia.
Si efectivamente el Pontífice se dirige a
los fieles en estos términos, el Gobierno contaría con un aliado inesperado.
Sin duda le dará un respiro después de que le lea la cartilla a cuenta de las
leyes con las que, a juicio de
la
Iglesia
católica, se está agrediendo a la familia
tradicional.
Cambios en el Vaticano
Antes de llegar a España, el Papa ha
dejado atados algunos cabos sueltos en el Vaticano que confirman el perfil
continuista y conservador de Benedicto XVI. Y algunos de ellos tienen mucho que
ver con
la Iglesia
española. En el año en que se celebra el 75 aniversario de
la II República
y los 70
años del estallido de
la
Guerra Civil
, el Pontífice acaba de autorizar la
beatificación de 149 personas relacionadas con la contienda española –Juan
Pablo II fue el primero en meterse en un terreno tan controvertido como éste–;
148 eran religiosos y una era laica. También envió el pasado mes de mayo su
bendición especial a los 34 nuevos sacerdotes del Opus Dei, algunos de ellos
españoles.
Por otra parte, el staff de
la Curia
romana ha sufrido
algunas importantes modificaciones; se marchan dos de los hombres clave de Juan
Pablo II. El director de prensa de
la Santa Sede
y miembro numerario del Opus Dei,
Joaquín Navarro-Valls, acaba de anunciar que dejará el cargo después de 22 años
de servicio, la mayoría a las órdenes de Karol Wojtyla. También se marcha el
secretario de Estado Vaticano, cardenal Angelo Sodano. Después de 15 años de
servicio, deja de ser el número dos de
la Iglesia
para dar paso al cardenal Tarsicio
Bertone, un hombre muy cercano a Benedicto XVI. Parece que, después de más de
un año de papado, Ratzinger se siente lo suficientemente fuerte como para
organizar su propio círculo de confianza sin el tutelaje del equipo de su
antecesor.
División en el seno de
la Conferencia Episcopal
En vísperas de la llegada del Papa a
España,
la Iglesia
española se encuentra inmersa en una crisis de identidad. No de carácter
religioso, en la que no existen fracturas, sino político.
La Conferencia Episcopal
Española (CEE) celebró los días 21 y 22 de junio su Asamblea Plenaria
Extraordinaria, donde con carácter general se iba a “tratar con detenimiento
aspectos relacionados con la situación religiosa, cultural, social y política”.
Y de forma particular, existía la intención del sector más conservador del
Episcopado de hablar sobre “la unidad de España como bien moral”. Los máximos
representantes de esta corriente, el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio
María Rouco Varela, y el cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares,
venían apuntalando este discurso desde hacía meses desde el púlpito o en
cuantos actos públicos han contado con su presencia. El primero de ellos acaba
de publicar incluso un libro titulado España y
la Iglesia
católica (Planeta)
que nace de su “profunda preocupación por España”. En la presentación del libro
dijo que el proceso de reformas estatutarias es “preocupante” y la “utilización
de los capítulos primeros” ofrece “un instrumentario de interpretaciones de
la Constitución
que
puede afectar a la sustancia misma de los derechos fundamentales”. Y Cañizares
aprovecha cualquier oportunidad para alertar de los peligros que se ciernen
sobre “la unidad inquebrantable de España” y sus “raíces culturales e
históricas” como consecuencia de un “proceso con ingredientes nihilistas,
neomarxistas, laicistas y relativistas”, advirtiendo a los laicos que “en este
momento histórico decisivo, no pueden evadirse de sus responsabilidades”.
Sin embargo, el presidente de
la CEE
, Ricardo Blázquez, junto
al sector más moderado del obispado, fundamentalmente vascos y catalanes, han
impedido finalmente que de la asamblea extraordinaria saliera un documento
sobre la unidad de España como pretendían sus compañeros. Una circunstancia que
ha dado lugar a un tira y afloja entre los obispos de carácter público y
notorio.
En la rueda de prensa posterior a la
plenaria, el secretario del Episcopado, Juan Antonio Martínez Camino –próximo a
los postulados de Rouco y Cañizares–, dijo que “la unidad de España es un
asunto que preocupa y los obispos no lo van a rehuir”. A pesar de ello, anunció
que “no existe un borrador de documento” sobre esa cuestión ni nadie ha dicho
que fuese a hacerse público, aunque por otro lado aseguró que “no está claro
que esta cuestión sea meramente un asunto de índole político”, sino que puede
tener implicaciones desde una óptica moral, que es lo que están estudiando los
obispos.
Días después, Martínez Camino fue
contestado por Ricardo Blázquez. El obispo de Bilbao, desde la ciudad vasca,
aseguró que la unidad de España “no se ha tratado en la plenaria” ni está
previsto que aparezca en una próxima instrucción pastoral porque “esa cuestión
no nos importa a nosotros”.
La semana anterior, el secretario de
la CEE
aseguraba que “
la Conferencia Episcopal
está hoy más unida que nunca, aunque existan diferentes criterios”, negando que
esté “partida en dos como ocurre en otros ámbitos, como en el de la política”.
Pero sus declaraciones y las de Blázquez no dicen lo mismo. Es más, otros
obispos se han lanzado a reconocer las diferencias que existen en el seno de la
jerarquía católica en España a propósito también del alto el fuego de ETA.
El obispo de San Sebastián, Juan María
Uriarte, en la revista Nueva Vida, manifiesta su temor ante “las tensiones y
desacuerdos intraeclesiales” que pueden “inhibir la acción reconciliadora” que
debe jugar
la Iglesia
en el llamado proceso de paz en Euskadi. “Nunca hacemos ni haremos lo
suficiente por una reconciliación que repare a las víctimas, respete la verdad,
practique la escucha y la compasión, promueva la aproximación y el diálogo,
prepare el perdón y propicie la reconciliación social”. En otra ocasión,
Uriarte ha dicho que el proceso de paz necesita de “la colaboración de todos
los partidos políticos, de todos los grupos sociales y también de toda la
sociedad” por encima de “cualquier interés político y electoral de cualquier
formación”. “El bien de la paz lograda por el diálogo noble y sincero, el
recuerdo de todas las víctimas y el silencio completo de toda violencia” son
valores superiores “a cualquier interés político y electoral de cualquier
formación y, por tanto, este bien tiene que moderar otros intereses por
legítimos que sean”, asegura.
Lo cierto es que los prelados vascos han
apostado claramente a favor del proceso de paz. Ricardo Blázquez, en el
Santuario de Urkiola (Abadiño, Vizcaya) y tras la misa de la festividad de San
Antonio de Padua, dijo que “en la tarea de la paz cada uno tenemos que incorporar
el mensaje propio y la colaboración propia”. Y el párroco de Urkiola, Joseba
Legarza, manifestó que “nuestro pueblo está viviendo un momento de ilusión y de
esperanza de la paz. Así como San Antonio fue hacedor de paz y buscó la
reconciliación de los pueblos, hagamos nosotros también las paces para
conseguir la paz”.
Frente a los obispos vascos, la línea más
dura de
la CEE
se
alinea con las posturas del Partido Popular. También en este caso ha sido
Martínez Camino quien ha declarado en una entrevista en
La Nueva España
que “los
terroristas no pueden ser interlocutores del Estado” y que “la causa de las
víctimas del terrorismo es la causa de
la Conferencia Episcopal
Española”. Habrá que esperar al fin de semana para conocer la postura de
Benedicto XVI frente al proceso de negociación (ver despiece El Papa hablará
del proceso de paz) y saber de qué lado inclina la balanza en la jerarquía
española.
Encuentros Mundiales de
la Familia
Los Encuentros o Jornadas Mundiales de
la Familia
son
acontecimientos eclesiales que convoca el Papa cada tres años. Esta cita se
inició en octubre de 1994 en Roma (Italia); se presentó como Encuentro Mundial
de las Familias con el Papa y se hizo coincidir con la celebración de 1994 como
Año Internacional de
la
Familia
declarado por
la ONU.
Aunque el de 1994 fue el primer
encuentro,
la Santa Sede
ya había realizado con anterioridad citas y actuaciones dedicadas a esta
institución.
En 1980 se celebró un Sínodo de Obispos
dedicado a la familia, del que surgió la exhortación apostólica “Familiaris
consortio” y en 1983
la
Santa Sede
presentó la “Carta de los derechos de la familia”.
En 1981 Juan Pablo II instituyó con el
Motu Proprio “Familia a Deo Instituta” el Pontificio Consejo para
la Familia
, responsable de la
organización de estos Encuentros Mundiales y sustituto del Comité para
la Familia
creado por Pablo
VI en 1973.
El objetivo de estas citas mundiales
consiste en que “las familias se encuentren como iglesia doméstica y santuario
de la vida para orar, dialogar y profundizar en temas de actualidad; para
conocer y compartir el papel de la familia cristiana con miras a la nueva
evangelización”, según el Consejo para
la Familia.
Hasta la fecha se han celebrado los
siguientes encuentros:
-1994, I Encuentro Mundial de las
Familias. Se celebró en Roma (Italia) con el lema “La familia, corazón de la
civilización del amor”. Asistieron familias de 103 países y se presentó como un
encuentro Mundial de las Familias con el Papa. “La iglesia es
la Familia
de las familias,”
dijo Juan Pablo II el 8 de octubre en el acto de clausura en la plaza de San
Pedro, donde hizo un llamamiento a la fe en
la Iglesia
y en la
institución familiar cristiana.
-1997, II Encuentro Mundial de las
Familias. Se celebró en Río de Janeiro (Brasil) con el lema “La familia: don y
compromiso, esperanza de la humanidad”. El acto, que clausuró Juan Pablo II el
5 de octubre en el estadio Maracaná de la capital carioca, estuvo representado
por delegados de 115 países y en él el Pontífice reiteró su idea de familia
“que no puede ser sustituida por ninguna otra” e hizo un duro alegato contra el
“crimen abominable” del aborto, en consonancia con la miseria “que destruye la
familia”.
-2000, Año del Jubileo, III Encuentro
Mundial de las Familias. Se celebra en Roma (Italia) con el lema “Los hijos,
primavera de la familia y de la sociedad”. El acto finalizó con la celebración
del Jubileo de las Familias el 15 de octubre en
la Plaza
de San Pedro en el que
Juan Pablo II bendijo a ocho parejas que contrajeron matrimonio ante él. Durante
la homilía de la misa, que Juan Pablo II concelebró con 75 cardenales, recordó
del Génesis las palabras “no es bueno que el hombre esté sólo” y “manifestó que
“los hijos son un don precioso que está inscrito en la estructura de la unión
conyugal”
-2003, IV Encuentro Mundial de las
Familias. Se celebró en Manila (Filipinas) con el lema “La familia cristiana:
una buena nueva para el tercer milenio”. A la cita, que desde el Vaticano y a
través de un puente televisivo con Filipinas, presidió Juan Pablo II en el
Quirino Grand Stand de Manila, asistieron representantes de un centenar de
países. En el acto el Pontífice dijo que “la familia fundada en el matrimonio
es patrimonio de la humanidad”.
-2006, V Encuentro Mundial de las
Familias. Se celebrará en Valencia (España), los días 1 al 9 de julio con el
lema “La transmisión de la fe en la familia”. Será el primer encuentro mundial
de las familias que presidirá Benedicto XVI. |