Hemeroteca Esta semana
Nº 702 - 3 de julio de 2006

El Pontífice, que acudirá al V Encuentro Mundial de las Familias, hablará a favor de las uniones tradicionales y contra las leyes sociales del Gobierno

Benedicto XVI llega a España

Cerca de un millón y medio de personas, según los organizadores, acudirán este fin de semana a Valencia para participar en el V Encuentro Mundial de las Familias, el último de los acontecimientos que convoca el Papa cada tres años dedicados a las uniones tradicionales. El plato fuerte del evento será la presencia de Benedicto XVI, que vendrá por primera vez a España en su tercer viaje oficial al extranjero del año. La visita estará marcada por un discurso abiertamente crítico con las políticas sociales del Gobierno socialista, especialmente las relativas al matrimonio entre personas del mismo sexo y la agilización del divorcio. El encuentro de José Luis Rodríguez Zapatero con el Pontífice y, sobre todo, su asistencia a la misa del domingo, será un termómetro con el que comprobar si, un año después de la manifestación contra las uniones de gays y lesbianas, el presidente sigue sin cerrar uno de los frentes abiertos contra el Ejecutivo liderados por los sectores católicos más conservadores.  

Por V. M.

  Valencia ya está lista para recibir al Papa. 10.100 banderolas engalanarán toda la ciudad, 6.720 vallas publicitarias se ubicarán en las calzadas en un trayecto de 80 kilómetros , 5.000 paños con el emblema del evento se repartirán a los vecinos de las calles que recorrerá el Pontífice para que quienes lo deseen decoren sus balcones y lonas de grandes dimensiones anunciarán la visita de Joseph Ratzinger en lugares singulares como el aeropuerto de Manises, el Palau de la Música , o la Ciudad de las Artes y las Ciencias. En total se han invertido 400.000 euros –sufragados por El Corte Inglés– para vestir de blanco y amarillo, los colores vaticanos, la primera ciudad española que recibe a Benedicto XVI, el invitado estrella del V Foro Mundial de las Familias (EMF) que, según los organizadores, contará con la participación de cerca de un millón y medio de personas procedentes de más de 50 países.

La Iglesia católica española viene esperando la visita del Pontífice desde que fuera elegido hace ya más de un año. Ciertamente ésta era una de las previsiones del Vaticano, ya que España, junto a Italia y Polonia, es uno de los tres países europeos con mayor número de fieles. Además, la política laica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que puede restar protagonismo a la comunidad eclesial en la vida pública, requería un golpe de efecto. El nuncio del Papa en España, Manuel Monteiro, desvincula la visita de las tensiones Iglesia-Estado. Dijo hace un par de semanas que el viaje del Pontífice se enmarca en la organización del V Encuentro Mundial de las Familias, previsto y anunciado por Juan Pablo II hace tres años y que, por lo tanto, no tiene nada que ver con las relaciones entre la jerarquía católica y el Ejecutivo socialista. También lo hizo en marzo el obispo auxiliar de Valencia y presidente de la fundación organizadora del EMF, Esteban Escudero, asegurando que el encuentro “no va contra nadie” ni contra la política de Zapatero sobre la familia. Pero lo cierto es el evento ofrecerá a la Iglesia y a ciertos sectores católicos la oportunidad de cargar contra el Gobierno con su artillería pesada.

Monteiro ha explicado por dónde va a discurrir el discurso de Joseph Ratzinger. Según el nuncio, transmitirá el mensaje de que la familia es un pilar fundamental para el bienestar de las personas y de la sociedad, precisando que en los países del mundo donde “la familia es más estable, mejor situación vive ese país”. Más elocuente que las palabras del diplomático es el documento Familia y procreación humana, dado a conocer un mes antes de la celebración del encuentro de Valencia por el Consejo Pontificio para la Familia que dirige el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo. Su texto ratifica la postura inmovilista de la doctrina del Vaticano sobre los temas relacionados con la familia. A lo largo de 60 páginas, se recuerda que a la Iglesia Católica no le parece bien que las “parejas formadas por homosexuales”, a las que en otro momento califica de “insólitas”, reclamen “los mismos derechos reservados al marido y a la mujer”, entre ellos, el de adopción. También rechaza que lo hagan las “mujeres que viven en una unión lesbiana” y “reclaman derechos análogos, exigiendo leyes que les den acceso a la fecundación a través de donantes o al implante del embrión”. Sobre estas uniones considera que su reconocimiento legal supone un peligro para la familia tradicional, formada por un hombre y una mujer. “Nunca como hasta ahora la institución natural del matrimonio y de la familia ha sido víctima de ataques tan violentos”, dice el documento. Según el Consejo Pontificio, la legalización de esas formas de unión “desestabilizan el matrimonio y la familia”. Además, denuncia que “las corrientes radicales” sostienen que “la facilidad que ofrece la ley para formar estas parejas insólitas debe ir al mismo paso que la facilidad del divorcio o del repudio”.

El Vaticano también se dirige contra el movimiento feminista, del que dice ha exacerbado las relaciones entre los sexos por haber reforzado una visión puramente “individualista del hombre y de la mujer”.

Respecto a la investigación con embriones asegura: “como confirman algunas prácticas funestas hoy legalizadas en algunos países, si el hombre se arroga el poder fabricar al hombre, entonces, se arroga también el poder destruirlo”. Para la Curia , en la raíz de esta situación, que define como “profunda crisis actual de la verdad”, está “el eclipse de Dios”. “La ciencia y la técnica han convencido a alguno tener por cierto que todo es fruto de la evolución, que el hombre no tiene Dios; que el Dios del pasado era creado por el hombre a su imagen y semejanza; que Dios está muerto y que es la hora de poder producir un hombre verdaderamente nuevo”, afirma el texto. 

Todos estos argumentos atacan algunas de las leyes sociales más importantes del Gobierno Zapatero, como la reforma del código civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, la agilización del divorcio o el uso terapéutico de las células madre. También la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha venido criticando duramente de forma explícita y reiterada estas disposiciones legislativas. En un mensaje hecho público en la página electrónica en Internet del Episcopado, con motivo de la Jornada de la Familia que la Iglesia católica española celebró a finales del pasado año, y en el que hacían alusión a la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias, aseguraba que la familia sufre agresiones “con medidas antifamiliares como la reforma del Código Civil, que elimina las referencias al padre y a la madre, al esposo y la esposa para equiparar las uniones de personas del mismo sexo con el matrimonio, o el llamado divorcio express, que introduce la figura del repudio en nuestra legislación”, y que “vivimos un momento en que se extiende una cultura que oscurece datos antropológicos fundamentales, disuelve la identidad de la familia y desprecia cada vez más la vida humana más débil, como la del enfermo irrecuperable o la de los embriones”.

Así las cosas, el ambiente en Valencia estará caldeado, no tanto por las altas temperaturas y las aglomeraciones como por el recibimiento que le hará la Iglesia a Zapatero. Después de cierta tensión entre el Vaticano y el Ejecutivo y entre el Gobierno y la Generalitat valenciana a cuenta de la organización, después de algún intento para que el presidente pudiera encontrarse con el Papa en terreno neutral, José Luis Rodríguez Zapatero acudirá a la ciudad del Turia para que Benedicto XVI le reciba en audiencia en el Palacio Arzobispal –también recibirá al líder del PP, Mariano Rajoy, y visitará a los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía en el Palau de la Generalitat –. En Moncloa confían en que el encuentro entre el Pontífice y el presidente español sea todo lo cordial que cabría esperar en estos casos. Aunque no existen muchas esperanzas de que se relaje la tensión Iglesia-Estado, máxime cuando desde el episcopado parecen descartar esta posibilidad. Manuel Monteiro, preguntado sobre la posibilidad de que tras el encuentro mejoren las relaciones, se limita a decir que “sólo ya el anuncio de ese encuentro y de la visita del Papa ha sido importante”. Más cáustico ha sido el cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, que respondiendo a la pregunta de si el encuentro servirá para limar asperezas, dice que no cree que “se trate de aprovechar nada para limar nada”. Además, cuando Ratzinger se entreviste con el presidente ya habrá llegado a sus oídos que el secretario Federal de Política Municipal y Libertades Públicas del PSOE, Álvaro Cuesta, ha propuesto la eliminación progresiva de la financiación pública de la Iglesia a través de los Presupuestos Generales del Estado a cambio de incentivar fiscalmente las donaciones económicas a cargo de los fieles.

Pero si delicado puede ser el encuentro entre el jefe de la Iglesia católica y el del Gobierno español, qué decir de la presencia de Zapatero en la misa del domingo en la que el Santo Padre pronunciará su homilía. Una presencia que, sin duda, incomodará a muchos de los asistentes al EMF, que como las miles de personas que salieron hace un año a la calle en defensa de la familia tradicional y contra los matrimonios gays convocados por las agrupaciones católicas más conservadoras y animados por los obispos –algunos de ellos, como el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, estuvieron presentes en la manifestación–, son contrarios a los cambios legislativos con los que dicen sentirse amenazados. Zapatero ensayará la mejor de sus sonrisas ante las familias presentes en el evento, pero es poco probable que consiga hacer mella en su firme oposición al Gobierno y sus leyes sociales.

  Cifras de vértigo. La alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, confesaba orgullosa dos meses antes de la celebración del V Encuentro Mundial de las Familias que todas las áreas municipales estaban trabajando “a tope” para que todo esté listo en el momento de la visita, donde “no se escatimarán gastos”. Lo cierto es que las Administraciones valencianas han echado el resto para recibir por todo lo alto al Pontífice en la Ciudad de las Artes y de las Ciencias. Y como suele ocurrir en este tipo de acontecimientos, la marea entusiasta se ha extendido hacia circunstancias y lugares insospechados.

Dos de las características que ya se le pueden atribuir al evento antes de que dé comienzo –aunque, además del sábado y el domingo, durante toda la semana habrá actos relacionados con el EMF– son lo astronómico de las cifras y la difícil clasificación de algunos de sus preparativos. La misa del domingo se celebrará en un escenario de 2.500 metros cuadrados que acogerá a unos tres mil concelebrantes. Junto a este espacio, se alzará una cruz luminosa de 35 metros de altura. Valencia recibirá alrededor de 3.000 periodistas de centenares de medios de comunicación. Más de 5.000 miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, entre policías nacionales y guardias civiles, velarán por la seguridad de los ciudadanos durante el fin de semana del 8 y 9 de julio. 8.000 puestos sanitarios se dispondrán a lo largo del recorrido papal. El Ejército ha cedido más de 4.000 camas y tres cuarteles para acoger a policías, peregrinos y voluntarios. Los alrededor de millón y medio de asistentes, entre el sábado y el domingo, generarán unos ingresos en la ciudad de entre 60 y 70 millones de euros –según la consellería de Turismo–. 60 campaneros protagonizarán un volteo general desde las torres de las Iglesias que durará aproximadamente una hora en señal de bienvenida. Los asistentes, que han pagado un “donativo” de 35 euros por adulto y 15 euros por niño para ayudar a sufragar los gastos, recibirán una ‘mochila del peregrino’ que incluye una camiseta, una gorra, un abanico, un decenario de madera para seguir el rosario del viernes noche, un mapa de la ciudad, una botella de agua, un libro de oraciones con los actos eucarísticos del encuentro así como la acreditación del peregrino. Las religiosas Carmelitas Descalzas han elaborado más de medio millón de hostias para la comunión de los peregrinos en la eucaristía que presidirá Benedicto XVI. La empresa valenciana Lladró ha donado 4.400 copones, cálices y paternas, elaboradas íntegramente con porcelana y con un diseño exclusivo, para la misa que presidirá el Papa. Además, prepara una línea de productos conmemorativos del EMF entre los que se incluirá una cruz, una imagen del Papa y una vela con el distintivo “Días en Familia”. Y la parroquia San Jorge Mártir del barrio valenciano de Patraix distribuyó botellas de vino con la imagen del Pontífice y el programa de actos del encuentro en su etiquetado para financiar una semana solidaria en el mes de junio previa al evento.

Tal vez para responder al entusiasmo con el que se han volcado en Valencia con la visita, el Papa perdonará los pecados de todos cuantos asistan al encuentro; Benedicto XVI ha concedido la indulgencia plenaria a los participantes y a aquellos que no puedan asistir “pero estén unidos con el espíritu y el pensamiento” a los que sí acudan al evento.

No todos le esperan. Mientras miles de familias se preparan para recibir al Papa en Valencia, algunos ciudadanos de la ciudad levantina llevan semanas demostrando que no todos opinan que el Pontífice es bienvenido. La plataforma Jo no t’espere (en castellano, Yo no te espero) aglutina a colectivos de todo tipo –incluidos cristianos de base– para recordar que, a pesar del apoyo entusiasta de las Administraciones valencianas y de muchos medios de comunicación a la llegada de Benedicto XVI, buena parte de la sociedad española se mantiene ajena al discurso monolítico de la Santa Sede respecto a temas como los derechos de los homosexuales, la igualdad plena para las mujeres, la violencia de género, el uso de métodos anticonceptivos, la investigación científica con células madre o la imposición de la religión en la escuela.

Desde el pasado mes de mayo, esta plataforma ha venido celebrando distintos actos, charlas, conferencias y manifestaciones para protestar contra “el discurso involucionista” de Roma y “el derroche” de las Administraciones valencianas para organizar la visita papal, de la que dicen que “evoca el nacional catolicismo”. Y no pararán hasta que Joseph Ratzinger se marche de la ciudad del Turia. Algunos de ellos incluso, en contra del entusiasmo que se ha generado en torno a la llegada del Pontífice, se han acercado hasta el Arzobispado de Valencia para formular sus declaraciones de apostasía. Aunque son conocidas las dificultades que entrañan este trámite –el grupo parlamentario de IU-ICV acaba de presentar una proposición no de ley para que el Gobierno garantice el derecho a “darse de baja” en la Iglesia –, la idea es visibilizar este acto simbólico. Por cierto que la plataforma Jo no t’espere tiene su propio símbolo. Se trata de una versión de la señal de prohibido empleada en el código de circulación que, en este caso, contiene en el interior una mitra papal. Posiblemente, la marea de fieles que inundará Valencia el próximo fin de semana ensombrecerá las 5.000 pancartas que ya penden de algunos de los balcones y ventanas de la ciudad, pero el ruido que ya hayan podido hacer ha puesto algo nerviosos a los organizadores de la visita. La organización del Encuentro Mundial de las Familias ha calificado a los integrantes de la plataforma de “grupúsculos radicales de carácter violento que amenazan al Papa y piden el boicot a su visita”. Lo dijo después de que TVE solicitara la señal institucional de la visita, asegurando que era una paradoja “que se esté reclamando poder transmitir a todo el mundo la visita del Papa y, al mismo tiempo, se esté siendo altavoz para incitar a la violencia y al desprecio a la libertad religiosa de los ciudadanos”. La plataforma, ante estas acusaciones, ha anunciado que podría tomar acciones legales.

En cualquier caso, es poco probable que Benedicto XVI se percate de la presencia de los integrantes de Jo no t’espere; las banderolas y pancartas del EMF ganan a las suyas por abrumadora mayoría y el repicar de las campanas al paso de la comitiva papal evitará que escuche las voces discordantes.  

El Papa hablará del proceso de paz    

La familia dará mucho de qué hablar en Valencia. Pero también es muy probable que el proceso abierto en España tras el alto el fuego de ETA sea objeto de análisis. El embajador español ante la Santa Sede , Francisco Vázquez, quien asegura que su catolicismo ha mejorado las relaciones entre el Gobierno de Zapatero y el Vaticano, dice que el Papa podría hacer “alguna alusión” al tema en su visita a la ciudad levantina. El ex alcalde socialista ha precisado, en declaraciones a TVE, que el discurso del Santo Padre estará “centrado esencialmente en el papel de la familia y sobre todo en la defensa de la familia desde la fe católica”, aunque “a lo mejor hace alguna alusión porque al final la paz es un valor universal”. El diplomático recuerda que Benedicto XVI se mostró “claro y rotundo el pasado mes de abril” respecto al proceso de negociación, cuando hizo “un alegato a favor de la paz, como no podía ser menos”.

Vázquez se refiere a las declaraciones de Ratzinger del pasado 5 de abril en un mensaje dirigido al final de la audiencia general a los peregrinos españoles congregados en la Plaza de San Pedro con motivo de la celebración del quinto centenario del nacimiento de san Francisco Javier. “Os invito a rezar para que, por intercesión de este Santo, todos intensifiquen sus esfuerzos por consolidar los horizontes de paz que parecen abrirse en el País Vasco y en toda España, y a superar los obstáculos que puedan presentarse a lo largo del camino”. Estas fueron las palabras textuales del Santo Padre, que el Gobierno agradeció “mucho y de corazón” y, según dijo en su día el secretario de Estado de Comunicación, Fernando Moraleda, le volverá a agradecer personalmente el presidente Zapatero en Valencia.

Si efectivamente el Pontífice se dirige a los fieles en estos términos, el Gobierno contaría con un aliado inesperado. Sin duda le dará un respiro después de que le lea la cartilla a cuenta de las leyes con las que, a juicio de la Iglesia católica, se está agrediendo a la familia tradicional.

Cambios en el Vaticano

Antes de llegar a España, el Papa ha dejado atados algunos cabos sueltos en el Vaticano que confirman el perfil continuista y conservador de Benedicto XVI. Y algunos de ellos tienen mucho que ver con la Iglesia española. En el año en que se celebra el 75 aniversario de la II República y los 70 años del estallido de la Guerra Civil , el Pontífice acaba de autorizar la beatificación de 149 personas relacionadas con la contienda española –Juan Pablo II fue el primero en meterse en un terreno tan controvertido como éste–; 148 eran religiosos y una era laica. También envió el pasado mes de mayo su bendición especial a los 34 nuevos sacerdotes del Opus Dei, algunos de ellos españoles.

Por otra parte, el staff de la Curia romana ha sufrido algunas importantes modificaciones; se marchan dos de los hombres clave de Juan Pablo II. El director de prensa de la Santa Sede y miembro numerario del Opus Dei, Joaquín Navarro-Valls, acaba de anunciar que dejará el cargo después de 22 años de servicio, la mayoría a las órdenes de Karol Wojtyla. También se marcha el secretario de Estado Vaticano, cardenal Angelo Sodano. Después de 15 años de servicio, deja de ser el número dos de la Iglesia para dar paso al cardenal Tarsicio Bertone, un hombre muy cercano a Benedicto XVI. Parece que, después de más de un año de papado, Ratzinger se siente lo suficientemente fuerte como para organizar su propio círculo de confianza sin el tutelaje del equipo de su antecesor.

División en el seno de la Conferencia Episcopal

En vísperas de la llegada del Papa a España, la Iglesia española se encuentra inmersa en una crisis de identidad. No de carácter religioso, en la que no existen fracturas, sino político. La Conferencia Episcopal Española (CEE) celebró los días 21 y 22 de junio su Asamblea Plenaria Extraordinaria, donde con carácter general se iba a “tratar con detenimiento aspectos relacionados con la situación religiosa, cultural, social y política”. Y de forma particular, existía la intención del sector más conservador del Episcopado de hablar sobre “la unidad de España como bien moral”. Los máximos representantes de esta corriente, el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y el cardenal-arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, venían apuntalando este discurso desde hacía meses desde el púlpito o en cuantos actos públicos han contado con su presencia. El primero de ellos acaba de publicar incluso un libro titulado España y la Iglesia católica (Planeta) que nace de su “profunda preocupación por España”. En la presentación del libro dijo que el proceso de reformas estatutarias es “preocupante” y la “utilización de los capítulos primeros” ofrece “un instrumentario de interpretaciones de la Constitución que puede afectar a la sustancia misma de los derechos fundamentales”. Y Cañizares aprovecha cualquier oportunidad para alertar de los peligros que se ciernen sobre “la unidad inquebrantable de España” y sus “raíces culturales e históricas” como consecuencia de un “proceso con ingredientes nihilistas, neomarxistas, laicistas y relativistas”, advirtiendo a los laicos que “en este momento histórico decisivo, no pueden evadirse de sus responsabilidades”.

Sin embargo, el presidente de la CEE , Ricardo Blázquez, junto al sector más moderado del obispado, fundamentalmente vascos y catalanes, han impedido finalmente que de la asamblea extraordinaria saliera un documento sobre la unidad de España como pretendían sus compañeros. Una circunstancia que ha dado lugar a un tira y afloja entre los obispos de carácter público y notorio.

En la rueda de prensa posterior a la plenaria, el secretario del Episcopado, Juan Antonio Martínez Camino –próximo a los postulados de Rouco y Cañizares–, dijo que “la unidad de España es un asunto que preocupa y los obispos no lo van a rehuir”. A pesar de ello, anunció que “no existe un borrador de documento” sobre esa cuestión ni nadie ha dicho que fuese a hacerse público, aunque por otro lado aseguró que “no está claro que esta cuestión sea meramente un asunto de índole político”, sino que puede tener implicaciones desde una óptica moral, que es lo que están estudiando los obispos.

Días después, Martínez Camino fue contestado por Ricardo Blázquez. El obispo de Bilbao, desde la ciudad vasca, aseguró que la unidad de España “no se ha tratado en la plenaria” ni está previsto que aparezca en una próxima instrucción pastoral porque “esa cuestión no nos importa a nosotros”.

La semana anterior, el secretario de la CEE aseguraba que “ la Conferencia Episcopal está hoy más unida que nunca, aunque existan diferentes criterios”, negando que esté “partida en dos como ocurre en otros ámbitos, como en el de la política”. Pero sus declaraciones y las de Blázquez no dicen lo mismo. Es más, otros obispos se han lanzado a reconocer las diferencias que existen en el seno de la jerarquía católica en España a propósito también del alto el fuego de ETA.

El obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, en la revista Nueva Vida, manifiesta su temor ante “las tensiones y desacuerdos intraeclesiales” que pueden “inhibir la acción reconciliadora” que debe jugar la Iglesia en el llamado proceso de paz en Euskadi. “Nunca hacemos ni haremos lo suficiente por una reconciliación que repare a las víctimas, respete la verdad, practique la escucha y la compasión, promueva la aproximación y el diálogo, prepare el perdón y propicie la reconciliación social”. En otra ocasión, Uriarte ha dicho que el proceso de paz necesita de “la colaboración de todos los partidos políticos, de todos los grupos sociales y también de toda la sociedad” por encima de “cualquier interés político y electoral de cualquier formación”. “El bien de la paz lograda por el diálogo noble y sincero, el recuerdo de todas las víctimas y el silencio completo de toda violencia” son valores superiores “a cualquier interés político y electoral de cualquier formación y, por tanto, este bien tiene que moderar otros intereses por legítimos que sean”, asegura.

Lo cierto es que los prelados vascos han apostado claramente a favor del proceso de paz. Ricardo Blázquez, en el Santuario de Urkiola (Abadiño, Vizcaya) y tras la misa de la festividad de San Antonio de Padua, dijo que “en la tarea de la paz cada uno tenemos que incorporar el mensaje propio y la colaboración propia”. Y el párroco de Urkiola, Joseba Legarza, manifestó que “nuestro pueblo está viviendo un momento de ilusión y de esperanza de la paz. Así como San Antonio fue hacedor de paz y buscó la reconciliación de los pueblos, hagamos nosotros también las paces para conseguir la paz”.

Frente a los obispos vascos, la línea más dura de la CEE se alinea con las posturas del Partido Popular. También en este caso ha sido Martínez Camino quien ha declarado en una entrevista en La Nueva España que “los terroristas no pueden ser interlocutores del Estado” y que “la causa de las víctimas del terrorismo es la causa de la Conferencia Episcopal Española”. Habrá que esperar al fin de semana para conocer la postura de Benedicto XVI frente al proceso de negociación (ver despiece El Papa hablará del proceso de paz) y saber de qué lado inclina la balanza en la jerarquía española.

Encuentros Mundiales de la Familia 

Los Encuentros o Jornadas Mundiales de la Familia son acontecimientos eclesiales que convoca el Papa cada tres años. Esta cita se inició en octubre de 1994 en Roma (Italia); se presentó como Encuentro Mundial de las Familias con el Papa y se hizo coincidir con la celebración de 1994 como Año Internacional de la Familia declarado por la ONU.

Aunque el de 1994 fue el primer encuentro, la Santa Sede ya había realizado con anterioridad citas y actuaciones dedicadas a esta institución.

En 1980 se celebró un Sínodo de Obispos dedicado a la familia, del que surgió la exhortación apostólica “Familiaris consortio” y en 1983 la Santa Sede presentó la “Carta de los derechos de la familia”.

En 1981 Juan Pablo II instituyó con el Motu Proprio “Familia a Deo Instituta” el Pontificio Consejo para la Familia , responsable de la organización de estos Encuentros Mundiales y sustituto del Comité para la Familia creado por Pablo VI en 1973.

El objetivo de estas citas mundiales consiste en que “las familias se encuentren como iglesia doméstica y santuario de la vida para orar, dialogar y profundizar en temas de actualidad; para conocer y compartir el papel de la familia cristiana con miras a la nueva evangelización”, según el Consejo para la Familia.

Hasta la fecha se han celebrado los siguientes encuentros:

-1994, I Encuentro Mundial de las Familias. Se celebró en Roma (Italia) con el lema “La familia, corazón de la civilización del amor”. Asistieron familias de 103 países y se presentó como un encuentro Mundial de las Familias con el Papa. “La iglesia es la Familia de las familias,” dijo Juan Pablo II el 8 de octubre en el acto de clausura en la plaza de San Pedro, donde hizo un llamamiento a la fe en la Iglesia y en la institución familiar cristiana.

-1997, II Encuentro Mundial de las Familias. Se celebró en Río de Janeiro (Brasil) con el lema “La familia: don y compromiso, esperanza de la humanidad”. El acto, que clausuró Juan Pablo II el 5 de octubre en el estadio Maracaná de la capital carioca, estuvo representado por delegados de 115 países y en él el Pontífice reiteró su idea de familia “que no puede ser sustituida por ninguna otra” e hizo un duro alegato contra el “crimen abominable” del aborto, en consonancia con la miseria “que destruye la familia”.

-2000, Año del Jubileo, III Encuentro Mundial de las Familias. Se celebra en Roma (Italia) con el lema “Los hijos, primavera de la familia y de la sociedad”. El acto finalizó con la celebración del Jubileo de las Familias el 15 de octubre en la Plaza de San Pedro en el que Juan Pablo II bendijo a ocho parejas que contrajeron matrimonio ante él. Durante la homilía de la misa, que Juan Pablo II concelebró con 75 cardenales, recordó del Génesis las palabras “no es bueno que el hombre esté sólo” y “manifestó que “los hijos son un don precioso que está inscrito en la estructura de la unión conyugal”

-2003, IV Encuentro Mundial de las Familias. Se celebró en Manila (Filipinas) con el lema “La familia cristiana: una buena nueva para el tercer milenio”. A la cita, que desde el Vaticano y a través de un puente televisivo con Filipinas, presidió Juan Pablo II en el Quirino Grand Stand de Manila, asistieron representantes de un centenar de países. En el acto el Pontífice dijo que “la familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad”.

-2006, V Encuentro Mundial de las Familias. Se celebrará en Valencia (España), los días 1 al 9 de julio con el lema “La transmisión de la fe en la familia”. Será el primer encuentro mundial de las familias que presidirá Benedicto XVI.

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