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Lista Al trasluz

Nº 702
3/7/2006

Coincidencias de intereses

En la reciente historia de España hubo ya un yerno famoso, singularmente dotado para el enriquecimiento personal por la vía de los negocios paralelos, el tráfico de influencias y determinadas prebendas. El yernísimo se llamaba Cristóbal Martínez Bordiu, quien fuera elevado al aristocrático rango de marqués de Villaverde. Se casó con Carmen Franco, la hija del dictador.
Como ya se apuntó con motivo de su principesco enlace en El Escorial, el otro yernísimo podría acabar siendo, si no lo es ya, Alejandro Agag, marido de Ana Aznar Botella. Su ascenso vertiginoso hasta la cima de los grandes negocios, su aprovechamiento de las relaciones políticas para incrementar sus ambiciones sociales y económicas, con contactos al más alto nivel en diversos países, han conseguido transformar el apellido Agag en una leyenda vinculada al éxito, aunque el triunfo vaya acompañado de algunas sospechas.
¿Cómo llegó, por ejemplo, a secretario general del Partido Popular Europeo con poco más de treinta años? La respuesta es José María Aznar. ¿Cómo llegó más tarde –tras haber abandonado, al menos formalmente, la política al igual por cierto que el suegro– a su alto cargo en el Banco Portugués de Negocios? La respuesta es Duräo Barroso, presidente de la Comisión Europea y entonces primer ministro de Portugal.
Las andanzas de Agag con Berlusconi y con el entorno de éste constituyen una pista fiable para dar respuesta a otros interrogantes. Hace menos de un año, el 6 de agosto de 2005, el diario italiano La Repúbblica relacionó "al yerno del ex presidente del Gobierno español José María Aznar, Alejandro Agag, con una operación hostil que pretendería hacerse con el control del diario Corriere della Sera y el español El Mundo." Lo narraba al día siguiente el periódico que dirige Pedro J. Ramírez, amenazado por esa operación en la medida que los accionistas mayoritarios de El Mundo son los mismos que los del Corriere della Sera.
Según La Repúbblica, la OPA la habría gestionado un polémico constructor, de dudosa reputación, Stefano Ricucci, que actuaría como testaferro de Berlusconi con el apoyo de Agag. El diario del centro-izquierda italiano incluía conversaciones grabadas a Ricucci: "He hablado con Alejandro (probablemente Agag) y todo va bien (...) Alejandro hablará entre hoy y el lunes con quien tú ya sabes". En otra llamada vuelve a aparecer Alejandro: "Estaba muy contento porque la reunión de París ha ido muy bien. Alejandro me ha pedido que le eche una mano (...)".
El verano pasado fue pródigo en exhibición de los Aznar, con Alejandro y Anita presentes, en la cubierta del yate de Fla-vio Briatore, playboy, socio de Agag y uno de los grandes empresarios de la Fórmula 1. Y es que los amigos de Agag son poderosos y variopintos, desde el comerciante de armas Abdul Rahman al-Assir a miembros de la monarquía de Arabia Saudí.
¿Qué papel ha desempeñado Agag en las excelentes relaciones económicas entre Murdoch, el nuevo ciudadano Kane, y el ex presidente del Ejecutivo? Lo cierto es que Murdoch fue uno de los más relevantes invitados a la boda de Alejandro y Ana. Las coincidencias ideológicas de Murdoch con Aznar son casi totales. Como lo son con Bush. La cadena de televisión Fox, cuyo dueño es Murdoch, es uno de los soportes más eficaces de la política neocon, lo que pudo observarse con nitidez a raíz de la guerra de Iraq. Y ya se sabe que las coincidencias ideológicas van con frecuencia acompañadas de coincidencias de intereses. Lo que ocurre, sobre todo, en la derecha.

Enric Sopena

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