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Gotzone Mora, concejala socialista de Getxo
"AHORA ETA NO MATA,
PERO NAY MUCHAS
FORMAS DE MATAR"
A pesar de ser concejala socialista en el Ayuntamiento de Getxo (Vizcaya), Gotzone
Mora no ahorra críticas contra el Gobierno y la posible negociación con ETA. Su
presencia pública es cada vez más numerosa, al igual que las voces que le piden
que abandone el PSOE. Sin embargo, se aferra en mantener el carné del partido, en
defender su postura y en afirmar que la situación en el País Vasco es peligrosa para
los no nacionalistas. Para ella, no hay siglas en la lucha antiterrorista. En cada
ocasión que puede, solicita la dimisión de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente
del Gobierno, porque no se siente representada por él.
Por Luis Marchal
—¿De dónde saca tiempo para ser concejala de Getxo, profesora de Sociología en la Universidad del País Vasco y acudir a la multitud de actos a los que va?
—Durmiendo muy poco y exprimiendo a la vida. Aprovecho los viajes en coche para leer, preparar las conferencias y reflexionar porque conducen mis escoltas. Lo único es que suelo dejar los fines de semana para disfrutar de mi familia.
—¿Cómo es su relación con los escoltas?
—Está basada en su trabajo profesional y mi obediencia. Respeto todas sus decisiones, aunque no las comprenda en el momento. En los casi ocho años que llevo escoltada, sólo he salido sin ellos en dos ocasiones.
—¿Y en los momentos de tensión?
—Cuando ETA se ha acercado más, los escoltas son los que nos han tranquilizado a mí y a mi familia. Nos han hecho ver que hay que tener paciencia y que las cosas irán a mejor. Si algún día ETA lograra lo que se ha propuesto, matarme, ellos irían en el mismo paquete. Lo saben y, aun así, han asumido estar conmigo.
—¿No lo dejaría todo y se marcharía del País Vasco para que terminase esta amenaza?
—Muchas veces pasa por mi cabeza. Hay momentos en los que no puedo más. Siempre ha aparecido una segunda reflexión: la gente que resiste. Necesita ayudas y referencias para esa resistencia. Me paran por la calle y me dicen que no puedo irme.
— Algunos de sus compañeros se han marchado.
—Cuando vivían en el País Vasco se quejaban mucho, ahora dicen que aquí no pasa nada. Eso es tener poca sensibilidad. Aquí se vive mal. Ahora ETA no mata, pero hay muchas formas de matar.
—¿Cuáles?
—Que hagan como que no existes, que te miren con odio, que provoquen a los escoltas para que saquen el arma, que te insulten... Poco a poco te conviertes en vulnerable, pero hay que resistir. Unos periodistas están escribiendo un libro sobre lo que ocurre aquí y se están centrando en determinados pasajes de mi vida, hablando también de las personas que integran la resistencia al
nacionalismo. Se dejará evidencia escrita para que las generaciones venideras estudien este proceso desde el punto de vista de muchas experiencias, no sólo desde el lado de lo políticamente correcto.
—No parece que se crea el alto el fuego decretado por ETA.
—Conozco a la banda terrorista y creo que no se va a reinsertar democráticamente nunca. El nacionalismo no es así. Otras épocas y otros casos nos lo han demostrado. Hablo, por ejemplo, de la ex Yugoslavia. Siguen pidiendo precio para dejar las armas después de haber ocasionado casi mil muertes y el sufrimiento de miles de familias. Ya se ha pagado el precio con esto.
—Zapatero ha afirmado que no pagará ningún precio político por la paz.
—Me fijo en la realidad. Ya he oído en la radio cómo un representante del Partido Comunista de las Tierras Vascas, que están sentados en el Parlamento vasco, se auto- denominaba socialista o izquierda abertzale. Están haciendo enumeración de un partido ilegalizado. Eso ya es precio político. Además, se están produciendo acercamientos de presos de ETA hacia comunidades limítrofes. Luego es probable que se dé un segundo paso, una especie de amnistía en forma de alternativas para salir de la cárcel.
—¿Considera que Zapatero quiere acabar con el terrorismo?
—Se ha creído que puede ser el pacificador de esta sociedad. Me da vértigo el camino que ha emprendido. Aquí sigue actuando la kale borroka y se paga el impuesto revolucionario. Le aconsejo que reflexione y que analice las consecuencias de sus decisiones. Que analice cómo quedará España a medio y largo plazo.
—¿Cómo valora el último comunicado de ETA?
—Como una advertencia a la ciudadanía española para que no ponga obstáculos. Ellos piensan muy bien lo que ponen en un comunicado y no hablan de la sociedad vasca más que para decir que se respete la voluntad de los vascos. Deja maltrecho al Estado de Derecho y exigen que la justicia no actúe. Se ven todos elementos presentes en ETA desde que se inició como un movimiento terrorista: salvar la situación de los presos, recuperar la territorialidad y soberanía de Euskadi y tener un brazo político.
— A su entender, ¿cuáles serían las medidas para acabar con ETA?
—La aplicación de los instrumentos del Estado de Derecho. Si empiezan a fallar, debemos preocuparnos de lo que pueda ocurrir socialmente. Una sociedad puede empezar a temblar cuando la justicia puede ser ninguneada por otros poderes y los Cuerpos de Seguridad del Estado pueden ser comprados. Si la justicia no sirve para protegerme, a lo mejor me tengo que buscar la justicia desde mi punto de vista personal. Ya he oído a más de una víctima de terrorismo decir que, si ven a los asesinos de sus familiares por las calles, tienen el derecho a iniciar actividades, no digo matar, que no habían iniciado hasta ahora. El otro día me dijo una víctima que el silencio no le había servido de nada y que tenían que salir a la calle a hablar en voz alta. Si la ciudadanía supiera cuál es su día a día, acordándose de la persona asesinada, daría un salto en su apoyo.
—¿Tienen más derecho a hablar por ser víctimas?
—No, las víctimas tienen el mismo derecho que el resto de la gente. Pero también tienen el mismo derecho que se les da a los asesinos de ETA. Todo el mundo habla de las mesas de diálogo. No he visto que en ninguna se vaya a sentar alguien que represente a las víctimas y a los amenazados. Es más, el mensaje es que las víctimas no pueden hacer política. ¿Y los asesinos sí?
—El juez Grande-Marlaska prohibió que el lunes 26 de junio hablar a Arnaldo Otegi como "portavoz de Batasuna".
—Es un gran cumplidor de su trabajo. Está aplicando la justicia a riesgo de saber que le puede suponer grandes problemas. Tiene en cuenta lo que está ocurriendo en el País Vasco a nivel global porque es de Bilbao y conoce nuestra realidad. Otegi habla como portavoz de Batasuna, no como una persona independiente. Si aceptamos que hable, estamos normalizando un partido ilegalizado.
—¿Para no aceptarlo han creado el movimiento cívico Ciudadanía Democrática?
—Es algo espontáneo. Pediremos a la ciudadanía que se sume y buscaremos alternativas para decir al Gobierno que la negociación no es la perspectiva adecuada. Ya hemos recibido muchos mensajes de apoyo.
—¿España está dividida entre los que optan por la negociación y los que no? —España está rota. Esa ruptura la ha propiciado el actual Gobierno. Siento decirlo así porque me considero una persona socialista por mucho que mis compañeros de partido no lo hagan. Si hubiera querido cambiar, lo podría haber hecho sin ningún tipo de dificultad.Entonces, ¿seguirá teniendo el carné del PSOE?
—Si algún día alguien decide echarme del partido, el carné de socialista lo seguiré teniendo. Para mí ser socialista es una opción de vida. Mis padres me enseñaron con el ejemplo. Mi padre estuvo en los campos de concentración en Francia, los nacionales le quitaron lo que tenía y estuvo en la cárcel condenado a muerte. Mi madre escondió a Dolores Ibarruri, La Pasionaria, en su casa hasta que se exilió a Europa y le cortaron el pelo al cero porque gritó "¡Viva la libertad!"
—Sin embargo, hay gente que ve a Gotzone Mora cercana al PP.
—Lo que pasa es que hay gente a quien le interesa decir que estoy cerca del PP porque esas personas están en lo políticamente correcto. Hay cosas que no compartiría nunca con el PP. No es mi modelo. Por ejemplo, no coincido con ellos cuando hablan de la seguridad que da el mercado libre. El socialismo nos tiene que ayudar manteniendo una serie de ayudas en caso de enfermedad, de estar desempleado... En el tema del terrorismo tengo el derecho cívico a ponerme por encima de las siglas.
—Se sigue considerando socialista, pero no avala al Ejecutivo. ¿Es lo mismo PSOE y Gobierno para usted?
—Claro que no. Pido que se hable del Gobierno como algo que no tiene que ver con el PSOE. El Partido Socialista ha luchado a lo largo de su historia contra la barbarie. Teóricos de la Escuela de Frankfurt me dicen que "las concesiones vienen muy bien al terrorismo, mientras que muy mal a los demócratas".
—¿Paga un precio por defender su postura?
— Tengo los ataques de los nacionalistas y de IU en el Ayuntamiento de Getxo. Además, el silencio de mis compañeros de filas y del PP. El precio que estoy pagando es estar sola. Acepté mi suicidio político por defender lo que creo. Tampoco quise hacer una carrera política, he intentado aportar algo a la política desde mi conocimiento universitario.
—¿Ha recibido algún apoyo dentro del PSOE?
—No a nivel institucional. Lo he recibido a nivel de militantes de base.
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