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Nº 702 - 3 de julio de 2006

Ampliación y profundización


En estos tiempos difíciles para la UE, la dicotomía profundización- ampliación renace. ¿Cuántas ampliaciones son compatibles sin acometer la tan necesaria profundización? La Constitución era la respuesta y el acompañante necesario tras las últimas ampliaciones de la UE.

Pero la Constitución está non nata y la Unión se encuentra en "período de reflexión"

Preguntas como estas surgen tras el debate sobre la "capacidad de absorción" de nuevos Estados miembros que tuvo lugar en el pasado Consejo Europeo.

La ampliación preocupa. Tiene ventajas e inconvenientes, costes y beneficios, políticos y económicos. El momento es propicio para comentarlos.

De entrada, reconozcamos que las sucesivas ampliaciones han sido uno de los mayores logros estratégicos de la integración europea. Como españoles lo sabemos muy bien, por propia experiencia. Han reunificado pacíficamente el continente y aumentado su capacidad de actuar en un mundo globalizado.

Pero reconozcamos también que, al aumentar el número de miembros, la Unión ha incrementado su heterogeneidad. ¿Podemos aumentar esta heterogeneidad sin afectar a la naturaleza del proyecto y a la eficacia operativa de la UE? ¿Cuál es la "capacidad de absorción" de nuevos miembros, más allá de los 27 que seremos con Rumania y Bulgaria? ¿El límite es psicológico o económico? ¿Está en la mente o en la cartera?

La "capacidad de absorción" es un concepto indeterminado, pero sepuede intentar evaluar los beneficios y los costes de la reciente ampliación.

Al cumplirse el segundo aniversario de la última gran ampliación, la Comisión Europea ha publicado un informe en el que asegura que "la ampliación ha actuado como un catalizador de dinamismo y modernización económica para la UE, ayudando a las economías de los antiguos y de los nuevos Estados miembros a hacer frente a los desafíos de la globalización".

Además, varios estudios independientes subrayan los beneficios económicos de la ampliación para antiguos y nuevos Estados miembros. El crecimiento en la UE-10 ha sido del 3,75% de media cada año entre 1997 y 2005, frente al 2,5% de la UE-15. El crecimiento real del PIB en la UE-10 se aceleró del 3,7% de media en 2003 al 5% en 2004.

Desde la firma de los acuerdos de asociación en los 90 hasta la plena incorporación actual, el intercambio comercial entre antiguos y nuevos " socios se ha disparado y ha sido el pilar fundamental para impulsar el crecimiento de estos últimos.

También Los Quince se han beneficiado. Su cuota de exportaciones hacia los diez nuevos Estados miembros ha crecido una media del 56% en 1997 al 62% en 2005, con un superávit comercial considerable.

En inversión directa las cifras son espectaculares. La adhesión ha creado una seguridad jurídica que la ha impulsado masivamente. En 2004, el stock de Inversión Extranjera Directa en la UE-10 alcanzaba los 191 billones de euros, el 40% de su PIB. Y lo que es más importante: sin causar grandes deslocalizaciones.

Sin embargo, la ampliación también tiene costes. El presupuesto de la Unión los refleja, aunque las Perspectivas Financieras 2007-2014 no han recogido todas las necesidades que la ampliación exigía.

Hay países dispuestos a aplaudir el aumento en el número de europeos, pero les cuesta mucho asumir sus consecuencias financieras. Olvidan que no se puede tener cada vez más europeos y cada vez menos Europa.

En términos estrictamente contables, hace dos años las instituciones comunitarias estimaron el coste presupuestario en 15 euros anuales per capita, que pueden elevarse a 65 euros durante el próximo septenio.

Pero abordar una ampliación sólo desde el ángulo del presupuesto es demasiado restrictivo. Los costes y las consecuencias de la ampliación son mucho más complejos, como comentaba antes.

Los problemas que aquejan actualmente a la UE no son debidos a la ampliación, sino a la incapacidad de acompañarla con la necesaria profundización.

Ampliación y profundización no son procesos alternativos entre los que escoger. Son complementarios. Y Europa será el resultado de la diferencia entre las velocidades relativas de ambos procesos.

Pero la UE, como todo sistema, tiene una capacidad limitada de crecimiento. Necesita evolucionar para que una mayor dimensión no se traduzca en una menor eficacia.

Ésta es la mejor razón para salir del impasse constitucional y evitar que el verdadero coste de la Europa ampliada sea la disolución de su proyecto político.

José Borrell
* Presidente del Parlamento Europeo

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