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Nº 671 - 26 de junio de 2006

Líderes y estrategias ante la agonía de Rajoy

Sucesores  al acecho

A Mariano Rajoy le flaquean las fuerzas; demasiados frentes abiertos como para que su liderazgo en el PP no se haya visto herido de gravedad. Demasiadas voces diciéndole cómo tiene que hacer oposición, qué postura debe adoptar ante las grandes cuestiones de Estado, cuáles deben ser sus estrategias. Y todas ellas parecen tener la vista puesta en la defunción política de Rajoy. Su secretario general, Ángel Acebes, lidera la derecha dura. Su portavoz en el Congreso de los Diputados, Eduardo Zaplana, ejerce presión desde el grupo parlamentario. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, juega las bazas de la moderación y el éxito electoral. El presidente del FMI, Rodrigo Rato, disfruta de prestigio internacional sin sufrir el desgaste. Y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, hace alarde de ser la dirigente popular con mayor peso político y que con más arrojo le planta cara al Gobierno socialista. Unos y otros esperan el momento en que ya no se pueda hacer nada por salvar a Rajoy para intentar demostrar, cada uno de ellos, quién es capaz de resucitar al partido. Aznar, mientras tanto, vigila de cerca al PP. Tan cerca, que parece seguir en la formación.

Por Virginia Miranda

H ace ya casi tres años que José María Aznar deshojó su margarita pasándole el testigo a Mariano Rajoy mientras se desvanecían las aspiraciones del resto de candidatos a la sucesión. El entonces presidente optó por un hombre moderado capaz de tomar las riendas del Gobierno sin mayores sobresaltos porque entre sus planes no figuraba la derrota electoral; de haberlo previsto, el centrismo de Rajoy le habría cerrado las puertas de golpe.

En tiempos de campaña, El Siglo revelaba que Rajoy, ante compañeros en A Toxa (Pontevedra) reunidos a puerta cerrada, comentó: “no entréis en la provocación al PSOE” (ver número 589 Rajoy se escapa de Aznar). Aquella frase resumía la estrategia del sucesor de Aznar. Una estrategia que, tras el fracaso del 14-M y los acontecimientos posteriores, se convirtió en su gran caballo de batalla dentro del PP; él y el resto de populares moderados no han conseguido imponer un discurso conciliador y se han visto avasallados por los aznaristas, más proclives a la oposición peleona y crispada. A día de hoy, las formas y los modos políticos de Rajoy han quedado sepultados bajo un estilo más agresivo. Y el propio presidente del PP corre el riesgo de verse privado de un liderazgo al que un puñado de dirigentes están deseando echarle el guante después de firmar la defunción política de su jefe de filas.

La pasada semana, el que fuera presidente de Alianza Popular, Antonio Hernández Mancha, publicaba en el diario El País un artículo titulado “España no se rompe”. En él aseguraba que “de la última entrevista radiofónica de Rajoy extraje la conclusión de que la operación para desmontarle del liderazgo del PP ha comenzado ya. Y que quienes le inducen a radicalizar sus mensajes en el catastrofismo y en el Apocalipsis, acusándole de débil y de acomplejado, aspiran a su defenestración. Creando para ello el caldo de cultivo entre los seguidores del PP para que regrese Aznar a liderar una segunda transición, ante la pretendida insuficiencia de liderazgo del actual presidente del partido. O Mariano Rajoy reacciona anticipándose o dudo que le dejen ni siquiera comparecer como candidato a las próximas elecciones legislativas”.

Hernández Mancha se refería a la entrevista del presidente popular en el programa La Mañana de la COPE de Federico Jiménez Losantos, que no pierde oportunidad para ningunear al líder de la oposición animando a otros populares mejor dotados para la bronca política a dar un golpe de mando. Pero, ¿es ésta acaso una obsesión del periodista o existe realmente quien se está preparando ante la posible caída en desgracia de Rajoy?

Nadie ha alzado la voz contra el líder, todos le declaran a Rajoy su fidelidad, pero existe un grupo de dirigentes populares cuyas actitudes son elocuentes; no se trata tanto de arrebatarle al presidente del partido su liderazgo como de aprovechar sus tropiezos para satisfacer, quién sabe si antes de que acabe la legislatura o tras un posible fracaso electoral, su más alta aspiración política.

Quien hoy por hoy tiene más posibilidades en una hipotética sucesión es Esperanza Aguirre. Su Gobierno pasó de ser la locomotora política a la que Rajoy iba a enganchar su campaña electoral de marzo de 2004 a ser el azote de Zapatero. Pero pronto cogió un ritmo que el presidente popular, tras perder las elecciones, también acabó perdiendo el tren de Aguirre. La dirigente madrileña es una mujer de carácter que mientras sus compañeros de partido se lamentaban por la derrota ella se armaba de coraje para emprender en solitario un férreo marcaje a José Luis Rodríguez Zapatero desde la Asamblea de Madrid. Y con ocasión de la paralización de la Ley Orgánica de Calidad de Educación (LOCE) y las posteriores protestas del profesorado por su polémica reacción, reconoció ser consciente de que su poder político traspasa el ámbito meramente autonómico. Dijo que “el PSOE está decidido a terminar con el bastión del Partido Popular que constituyen el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid”. Y ello “nos debe convencer de que somos el modelo de gestión del PP y por ello, el objetivo a batir”.

Su olfato político también la llevó a protagonizar una jugada maestra, incorporando a un buen puñado de altos cargos del Gobierno de Aznar en sus consejerías y en las instituciones gestionadas por el Gobierno autonómico; de haber una remodelación en el partido, la presidenta madrileña debería ser recompensada por los servicios prestados a la dirección nacional. En su primera crisis de Gobierno, Aguirre repescó a María Dolores de Cospedal, subsecretaria de Interior con Ángel Acebes, para situarla al frente de la potente Consejería de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid. Y ahora que Cospedal se postula como candidata del PP a la presidencia de Castilla-La Mancha, la acaba de sustituir por la que fuera ministra de Medio Ambiente, Elvira Rodríguez. Aunque antes de todo esto, una de las claras apuestas de la dirigente regional fue la de su número dos, Ignacio González, que trabajó a las órdenes de Acebes en el Ministerio del Interior.

Aguirre, que por cierto es la sucesora favorita de Losantos, asiste divertida a los comentarios cada vez más frecuentes sobre sus aspiraciones políticas. En una reciente entrevista en el diario El País, comentó con ironía: “va a resultar que de ser la tonta del PP he pasado a ser la mala malísima que le mueve la silla a Rajoy”. Aunque no podrá negar que ella misma alienta las suspicacias; en otra entrevista concedida a la revista Marie Claire, preguntada por sus aspiraciones a la presidencia del partido, dice: “Ahora me centro en conseguir la reelección el año que viene. Si gano puede haber muchas posibilidades abiertas”. Lo que es seguro es que contará con un amplio respaldo. El primero, el del ex presidente, de quien Aguirre dice: “En el mundo no me ha impresionado nadie; el Papa, Isabel II, el Dalai Lama... Lo siento, sólo me impresiona Aznar”.

De haber pronosticado el fracaso electoral, el que fuera jefe del Ejecutivo popular no habría tenido ninguna duda: su elegido habría sido Acebes, su alter ego en el PP. Aznar reconocía en privado que, “de todos los ministros, Ángel Acebes es el que más se parece a mí”. La fidelidad del ex ministro de Interior al entonces presidente era incuestionable y se le adjudicó el latiguillo de “sí, señor” con que, dicen, se dirigía al jefe. Hoy en día es el número dos del Partido Popular. Como secretario general controla Génova y, aunque de las seis secretarías ejecutivas, cuatro son de marianistas –Miguel Arias Cañete en Economía, Ana Pastor en Política Social, Soraya Sáenz de Santamaría en Política Autonómica, y Gabriel Elorriaga en Comunicación–, las otras dos, con Sebastián González en Organización e Ignacio Astarloa en Seguridad y Justicia, provienen de la órbita de Acebes. Al margen de esta estructura orgánica, el ex ministro controla al partido y, lo que es casi más importante, a sus bases. Sus declaraciones públicas tras los comités ejecutivos son del agrado de la derecha más crispada. Por eso fue tan llamativo que, después de que Rajoy decidiera apoyar a Zapatero tras el alto el fuego de ETA, dos de las personas de la máxima confianza del líder del PP, Sáenz de Santamaría y Elorriaga, fueran quienes comparecieran ante los medios para informar de que Rajoy acudiría a La Moncloa “con espíritu constructivo y prudencia”. Pero está claro que esta estrategia no ha funcionado; los medios afines al partido fueron demoledores con sus críticas y Acebes volvió a tomar la palabra con nuevos bríos, asegurando, entre otras cosas, que “el proyecto de Zapatero es el proyecto de ETA”. Los más centristas, incluído Rajoy, asisten resignados a este tipo de afirmaciones. Si no que se lo digan al líder del PP catalán, Josep Piqué, o al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, contestados duramente por Acebes y Esperanza Aguirre cuando han apelado a la moderación.

El portavoz popular en el Congreso de los Diputados sigue una estrategia semejante a la de Acebes, aunque sus poderes son otros. Eduardo Zaplana fue quien reeditó en la última Convención del partido la teoría de que el Gobierno no quería saber la verdad sobre el 11-M; sus críticas al Ejecutivo socialista pueden ser tan demoledoras como las de Acebes. Sin embargo, no dispone del eco que tiene el secretario general entre la opinión pública. Otra cosa es su influencia en el grupo parlamentario, donde sí controla a sus señorías. Sirva de ejemplo el caso de la Comisión de Economía y Hacienda. Su portavoz es Miguel Arias Cañete, con cargo equiparable en el partido. Sin embargo es Vicente Martínez-Pujalte, vocal de la misma y hombre de Zaplana, quien acapara mayor protagonismo en la misma. Aguirre y Acebes aventajan con creces al cartaginés en esta carrera sucesoria extraoficial, pero lo cierto es que su marca no es en absoluto desdeñable. Además, hay que tener en cuenta que Acebes ya fue el preferido de Aznar y Aguirre es la dirigente popular con más poder político. Y Zaplana, durante largo tiempo, ha estado enredado en la Comunidad Valenciana intentando controlar al partido autonómico,  hasta que Francisco Camps le cerrara definitivamente las puertas consensuando con el PSPV un nuevo Estatuto.

Entre tantos sucesores intentando disputarse el liderazgo del posaznarismo existe una nota discordante y centrista que, si bien apenas tiene un puñado de incondicionales –como los poquísimos que respaldaron a su candidato alternativo a Esperanza Aguirre en la presidencia del PP regional, su vicealcalde Manuel Cobo–, disfruta de un incuestionable tirón electoral, a fin de cuentas el aliciente más importante para cualquier partido que quiera gobernar. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, se postuló como candidato en tiempos de Aznar. Ese y su alarde de moderación han sido sus dos pecados capitales. Por eso ahora ha cambiado su discurso. La pasada semana, en una entrevista en la Ser, dijo que si Rajoy “considera que debo acompañarle” compatibilizando esa participación con “el mantenimiento de mis responsabilidades como alcalde, yo estaré encantado de acompañarle”. Y añadió: “estoy absolutamente convencido de que convendría que Rajoy sea el próximo presidente del Gobierno y por lo tanto mi trabajo político no será buscando qué ocurre el día después”. ¿Un aviso a navegantes? ¿Una estrategia? Gallardón se ha ganado muchas enemistades en el PP con sus constantes toques de atención. Pero también se ha erigido en el líder de un grupo de centristas que no se resignan a seguir los pasos de la línea oficial –que no la de Rajoy–, léase Josep Piqué o su colega gallego, Alberto Núñez Feijóo.

Aunque a miles de kilómetros de España, también sigue con atención todos los pasos y tropiezos de Rajoy el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Mientras que el actual líder del PP se quema en la oposición, Rato ostenta un cargo de relumbrón mundial al frente del FMI, un puesto desde el que está reactivando su autoridad y poder dentro de las filas conservadoras, demostrando que su retiro americano es sólo parcial y transitorio. Dos años después de volar hacia Washington ha llegado el momento de volver a tener un equipo de leales cerca y a gente de su confianza en cualquier puesto clave que pueda surgir.

Hace un par de semanas  Rato anunció que se lleva a Jaime Caruana a su vera. Ambos trabajarán codo con codo en Washington una vez que el todavía Gobernador del Banco de España se incorpore como responsable de un gran departamento de nueva creación en el FMI. Pero Rato tampoco renuncia a perder todo el poder que ha tenido en la autoridad monetaria española en los últimos seis años, con un Gobernador nombrado por su dedo. Así, el ex vicepresidente del Gobierno maniobra para que el próximo subgobernador lleve su impronta, bien sea porque fue el director de su tesis doctoral, caso del catedrático Ángel Luis López Roa, bien porque presidía el tribunal que aprobó el mencionado trabajo, es decir, José María Marín. Sin embargo, Caruana no es la única persona con la que podrá “conspirar” desde Estados Unidos. También se ha conseguido un buen puesto para otra ex ministra. En el caso de Ana Palacio, su encendida defensa de la invasión de Iraq parece que le ha sido recompensada con una vicepresidencia del Banco Mundial, la institución que preside Paul Wolfowitz, que fue subsecretario de Defensa con Georges Bush cuando Aznar y el americano eran uña y carne.

Aguirre, Acebes, Zaplana, Gallardón, Rato. Y Aznar. Porque tal vez sea el ex presidente, a quien ganas de enderezar el PP no le faltan, quien se coloque el primero de la fila en la sucesión de su sucesor.

 

Aznar coge fuerzas en el imperio de Murdoch

Rodrigo Rato no es el único dirigente del Gobierno Aznar que se ha marchado a Estados Unidos a buscar prestigio profesional lejos de las rencillas internas de su partido. El propio ex presidente ha dado un giro a su vida al otro lado del Atlántico, donde poderosos estadounidenses le han recibido de mil amores y con sustanciosos contratos profesionales. La foto de las Azores pudo ser determinante para que su sucesor, Mariano Rajoy, se diera el batacazo en las elecciones generales. Pero a él le ha abierto muchas puertas.

Aznar, que esta misma semana acudirá a un acto en la localidad vizcaína de Durango donde previsiblemente atacará duramente el proceso de paz, ha hecho bandera de la política antiterrorista dentro y fuera de España, lo que ha tenido una gran acogida en Estados Unidos. En la universidad de Georgetown (Washington), en sus clases como profesor invitado, el ex jefe del Ejecutivo español suele disertar sobre la estrategia de Bush contra el terrorismo y defender la guerra de Iraq. Dos defensas de la política norteamericana que acaban de tener una nueva recompensa. El gran magnate de medios de comunicación del mundo, Rupert Murdoch, acaba de fichar para el consejo de Administración de su imperio News Corporation a Aznar. En un comunicado oficial, Murdoch asegura que el ex presidente “se ha ganado el respeto mundial por sus logros económicos y su postura inquebrantable contra el terrorismo internacional y nacional”. El magnate australiano con nacionalidad estadounidense, amigo del político español al parecer desde hace años -asistió a la boda de su hija con Alejandro Agag, a quien se supone intermediario en el fichaje-, es tan conservador como su cadena Fox, que antes, durante y después de la guerra de Iraq hizo una encendida defensa del ataque anglosajón. No es extraño pues que Aznar y Murdoch hayan hecho tan buenas migas. Para el ex presidente, además, ha resultado ser una amistad muy lucrativa: como consejero del grupo, tendrá derecho a una compensación en acciones y dinero que ronda, según estimaciones, los 170.000 dólares al año. Qué disgustos no le dará Rajoy para que no descarte regresar a España y perder un pellizco como éste.

¿Y si Aznar vuelve, con Murdoch de 'primo Zumosol'? , por Enric Sopena


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