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| Nº 701 - 26 dejunio de 2006 |
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¿A dónde va la derecha?
por Santiago Carrillo Qué está sucediendo en España? ¿Qué ve un espectador en la calle? Cosas que rebosan normalidad: una negociación de los agentes sociales, sindicatos y empresarios, presidida por el Gobierno elegido democráticamente, que termina con acuerdos de política social; en Cataluña, un referéndum normal confirma el Estatuto aprobado por las Cortes; la organización terrorista de ETA cesa sus prácticas violentas y declara su voluntad de abandonar las armas y de aceptar las reglas del juego democrático; la banca y las grandes empresas anuncian beneficios exorbitantes y durante los puentes millones de familias se lanzan a las carreteras en sus coches en busca del descanso; la policía descubre y golpea con eficacia a algunas mafias cuya existencia muestra que hemos entrado en el club de los "países ricos". Alonso y Nadal son campeones mundiales famosos y la selección española ha comenzado con éxito inusitado el Campeonato Mundial de Fútbol...Tenemos problemas, claro es, pero no tan agudos como los otros Estados. Ningún parecido con la situación que hubo en nuestro país en 1936. Con este ambiente normal, que debería abrir expectativas al optimismo, contrasta un fenómeno que afecta sobre todo a la superestructura política. Nos hallamos ante una derecha enfurecida, desafiante, tremendista, que recuerda por su conducta los peores momentos y la peor derecha de nuestra historia. De golpe, una parte del Obispado, con su radio oficial, la COPE, levanta unvocerío clamoroso que nos recuerda al cardenal Segura y los dirigentes de Acción Católica de 1936, proclamando que está en gravísimo peligro la familia, la moral, que la Iglesia está siendo perseguida y que hay que emprender una cruzada heroica para salvar a España y conseguir que ésta vuelva a sus "raíces cristianas ". ¿Cuáles son estas raíces? ¿La Inquisición, el nacionalcatolicismo, la dictadura de la que nos libramos hace treinta años...? Paralelamente, el partido de la derecha y el grupo que lo dirige rompen la normalidad parlamentaria, condenan por sistema los resultados del sufragio universal, intentan bloquear el sistema democrático, organizando marchas sobre Madrid que, por muy masivas que sean, reflejan sólo la voluntad de una minoría y actúan obstinadamente como si su única perspectiva fuera la catástrofe. A veces invocan no se sabe a qué poderes para que les den los triunfos que no han logrado con el voto democrático. Recurren a los insultos más soeces, últimamente hasta agitan el "peligro comunista" como ha hecho Rajoy, en un país que desde la transición democrática había perdido la costumbre de escuchar tales aberraciones. Diríase que estas fuerzas actúan como si vivieran en la primera parte del siglo pasado, como si España se hallase en vísperas de nuevas cruzadas, cuando ya estamos en el siglo XXI y España ha cambiado profundamente. Parece que lo único que no ha cambiado es precisamente esa derecha que parece no querer enterarse de la realidad de un país moderno, perfectamente capaz de desenvolverse en un sistema democrático. Pues lo que intentan es conseguir por el miedo, por el temor, lo que no pueden alcanzar con los votos. Esperan dividir y enfrentar entre sí a las fuerzas democráticas; fomentar la pusilanimidad entre la izquierda y los progresistas. Esperan que éstos, ante sus vociferantes amenazas, se echen atrás y les cedan el terreno sin resistencia. Atacan personalmente de forma sañuda al presidente Rodríguez Zapatero porque, en vez de capitular ante ellas, en vez de rendirse, trata de cumplir las promesas hechas a los ciudadanos cuando les pidió el voto. La derecha española se disancia cada vez más de la España real. Si yo fuera conservador y creyente imploraría al cielo: ¡Que resucite Tarancón! ¡Que revivan los Adolfo Suárez, los Abril Martorell, los Rosón! ¡Que den un paso al frente los políticos moderados que participaron en la Transición y que contemplen disgustados la degradación de la derecha! Pero como no soy conservador ni creyente, lo que yo digo desde mi veteranía a las gentes de izquierda y progresistas es: ¡Manteneos unidos y firmes! Quizá lo que necesita el partido de la derecha para hacer una reflexión que les sitúe al nivel de la España de hoy es una buena derrota electoral que saque a la superficie a las gentes moderadas, sanas, preteridas hoy en su seno. |
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