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Querido fútbol de mis dolores
Siempre he abominado del
fútbol. La culpa no la tiene
el deporte. La tiene el que
en mi infancia la Liga se jugaba sólo los domingos por la tarde. Por eso lo asocio a tan infausta parte de la semana. Que por sí no tiene nada de malo. Salvo por un elemento crucial. Al día siguiente era, y sigue siendo, lunes. Fatídico día de vuelta al colegio.
Esta semana, para ti, lector, la pasada, me he reconciliado o mejor conciliado, en parte, con ese espectáculo. Porque a partir de ahora el diccionario deberá incluir una nueva acepción en la voz España: equipo de fútbol, signo de unión de los habitantes de la Península Ibérica, excluido Portugal. Algo es algo. Y posiblemente habría que elevar el fenómeno a rango constitucional. Por
fin los españoles
se sienten unidos y orgullosos
en su conjunto
por algo.
Seguramente
esta especie de
fiebre, por el delirio que produce, pasará sin
convalecencia,
las cosas volverán a su estado.
Aunque no me
cabe duda de
que algo queda.
De aquí que debiera celebrarse
anualmente una
Liga mundial, lo
que es lo mismo, un campeonato mundial anual de fútbol, jugándose todas las semanas, y sin una sede fija, partidos de ida y vuelta. Se dice que las personas, me refiero a las españolas, puede que cambien de casa, de cónyuge, de voto, de torero, de sexo, de religión, pero nunca de equipo de fútbol. Por eso bien valdría que el Gobierno promoviera semejante iniciativa como única fórmula que, tal vez, queda para reconstruir esta Nación. Porque, como bien se sabe, ha desaparecido la historia.
La política mal se podría introducir en ese evento. Además en tal asignatura en este país proliferan los catedráticos, las revistas especializadas, el conocimiento profundo, la discusión constructiva, la obsesión por el saber, la concentración, el estudio. Qué mejor forma de integración social.
Además mientras se juega los deportistas no hablan. Los espectadores sólo callan o gritan. Desaparece el problema de la lengua. Puede surgir uno nuevo que consiste en la identificación de los balonpedistas. Se debe a que en breve alguna comunidad autónoma puede que reforme su Estatuto y adopte una forma de numeración no decimal, lo que no sería en absoluto de extrañar. Así, si se toma la base seis desaparecerían en algunos territorios los números siete, ocho, nueve. La solución para impedirlo no es otra que el dorso de las camisetas de los jugadores, que se revela como el modelo para preservar la numeración decimal.
Es perfectamente conocido que el fútbol ha generado unas palabras propias que no requieren ningún tipo de normalización lingüística. Otro tanto a favor del campeonato mundial anual. Más ventajas, se organizarían desplazamientos para asistir a los encuentros, a veces disputas. Los españoles viajarían con frecuencia y conocerían más mundo. En estos tiempos de viajes baratos sería un verdadero chollo. Si añadimos que los despalazamientos son en manada, se crearía el sentido de tribu.
Item más. La afición es afición manque pierda, si se gana ya es bendición. No es posible encontrar encontrar un vínculo de unión más potente y efectivo. Más indisoluble que el matrimonio católico.
Que queréis que os diga, me parece una idea genial.
Fernando F. Trocóniz |