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| Nº 700 - 19 dejunio de 2006 |
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Ahora, la negociación por la paz
por Santiago Carrillo Cuando se publiquen estas líneas se conocerá ya el resultado del referéndum sobre el Estatuto en Cataluña. No quiero anticiparme a lo acaecido este domingo, pero a juzgar por las encuestas cabe suponer que el si habrá triunfado claramente. A partir de ahí quedará abierto el camino a las reformas de otros Estatutos que acercan la estructura política y territorial de España al federalismo asimétrico. El gran problema que quedará por resolver es el de la negociación con ETA para alcanzar el fin de la violencia y el total restablecimiento de las libertades democráticas en Euskadi. Los anteriores Gobiernos de España intentaron ya abordar este problema. Durante la presidencia de Felipe González hubo negociaciones con la organización terrorista en Argelia. Que yo recuerde, en aquel momento las Cortes no entraron a discutir siquiera la cuestión. El PP, dirigido entonces por Manuel Fraga, no hizo nada para dificultar la negociación. Tengo para mí que la distribución de etarras por algunos países de Latinoamérica debió ser un paso a una solución definitiva que en aquel momento fue imposible alcanzar. En realidad, nadie explicó entonces qué había sucedido exactamente, ni nadie reclamó públicamente explicaciones. En la práctica todos queríamos el fin de la violencia y sabíamos que para ello había que negociar. Ese problema quedaba apartado de la lucha por la alternancia en el poder. No recuerdo si ya entonces existían organizaciones de víctimas del terrorismo, pero en todo caso, de existir, no recuerdo que se opusieran e hicieran campaña contra la negociación. Posteriormente, sin consulta ni decisión previa del Parlamento, el Gobierno de Aznar comenzó una nueva negociación con ETA. El presidente empezó haciendo una concesión política fundamental a ETA: en vez de definirla como una banda de asesinos y terroristas, la reconoció, como "Movimiento de Liberación Nacional Vasco". Y sin haber obtenido ningún resultado les hizo otra importante concesión: rectificó la política penitenciara de dispersión de los presos etarras y acercó a Euskadi a más de un centenar de ellos, cediendo a una de las reivindicaciones políticas del movimiento abertzale de aquel período. Aun con todas esas concesiones previas, la negociación no dio resultados. Tampoco recuerdo que ninguna organización de las víctimas se movilizase contra la negociación entonces. ¿Cómo se ha llegado a estas alturas a la posibilidad de una negociación real de la paz?. Pues a través de una reflexión hecha por las masas abertzales, por las decenas de miles de vascos que en otro momento creyeron que la lucha armada podía acercarles al éxito y que a fin de cuentas se han convencido de que esa estrategia no les conduce a ninguna parte. Y creo que, en ese ambiente, los efectos tremendos en la población trabajadora madrileña del golpe del terrorismo internacional el 11-M han tenido también un efecto moral importante. Ese sentimiento de la masa abertzale ha jugado un papel decisivo en la decisión de abandonar la lucha armada y de actuar políticamente en el terreno democrático. Cualquiera que frecuente el País Vasco después del alto el fuego y de tres años sin asesinatos, se da cuenta de que allí se palpan ya los resultados positivos de esta nueva situación en el ambiente ciudadano. La manifestación de la derecha en Madrid, en la que fue insultado hasta el alcalde de la ciudad, trata de utilizar esta situación no para lograr el fin de la violencia, sino para aplastar al movimiento abertzale y, si es posible, al conjunto del nacionalismo, lo que constituye una auténtica locura política. Porque nadie debería hacerse ilusiones: si la estrategia de la derecha lograra imponerse, si las fuerzas de masa realmente existentes no pueden defender democráticamente sus ideas, se estaría alimentando al terrorismo y entonces todo sería posible, incluso la colaboración desesperada con el terrorismo internacional que no existió, como está sobradamente probado, el 11-M. La iniciativa del Gobierno de Zapatero es la forma de impedir esa locura. Hay que conducirla, adelante sin vacilar, con el PP –eso sería lo mejor–, o sin el PP si se obstina y no comprende que ahora es posible conseguir lo que quisieron lograr, cada uno en su tiempo, González y Aznar: la paz. |
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