Nº 700 -19 de junio de 2006
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El proceso de paz, ¿en peligro?

por Juan Antonio Barrio

Tiene razón Alfredo Pérez Rubalcaba cuando reclama discreción en torno a todo lo que rodea este asunto. Pero eso no debe estar reñido con opinar sobre las principales variables del tema, máximo cuando el llamado proceso de paz parece haber corrido el riesgo de no llegar siquiera a iniciarse. Cuando se produjo el 22 de marzo pasado el comunicado del "alto el fuego permanente" de ETA muchos pensamos que al menos los primeros pasos estarían bastante diseñados aunque el resto del proceso permaneciera en una cierta incógnita. Seguramente nos equivocamos, al menos parcialmente. El anuncio, un poco sorpresivo, por parte de J. L. R. Zapatero de que iba a solicitar ya la aprobación del Parlamento para el inicio del diálogo con ETA pareció ser una primera aceleración del proceso ante las dificultades surgidas. La disposición (que desató todas las iras del PP) por parte de Patxi López (secretario general del PS de Euskadi) a iniciar contactos con la izquierda abertzale fue un segundo paso en esa dirección. En mi opinión se trata de un gesto destinado a reforzar a los que verbalmente apuestan por el proceso de paz dentro de Batasuna. Aunque proyectado hacia el futuro ("Batasuna tiene que cumplir la ley para participar en la vida política") se trata de un reconocimiento como interlocutor que permite tranquilizar a los que veían el posible encarcelamiento de la cúpula dirigente de Batasuna como un serio obstáculo para el proceso. Finalmente, ese encarcelamiento no se produjo.

"Primero la paz, después la política". Pero también "la política pue-de hacer algo por el proceso de paz". Seguramente, esto es lo que la política puede hacer por ahora. El siguiente avance debería ser la legalización de la izquierda abertzale con un nombre distinto y unos estatutos que dejen clara la apuesta por la vía política y el rechazo a la violencia. La pelota, nuevamente, está en el tejado de Batasuna en cuanto a dar los pasos necesarios para que esto se produzca.

Ciertamente, el proceso sigue estando plagado de riesgos –y entre ellos, una vez más, la ausencia delmínimo consenso imprescindible con el PP–. La respuesta de la derecha, espoleada quizás por la derrota en el Debate del estado de la Nación, ha sido tremenda: "J. L. R. Zapatero entrega la llave del Estado de Derecho a ETA", "el proyecto de J.L.R. Zapatero es el mismo que el de ETA" (Acebes dixit), "el Gobierno cede al chantaje de ETA" (Rajoy), y en ese plan. En estas circunstancias parece prudente el retraso en la comparecencia del presidente del Gobierno en búsqueda de ese mínimo consenso, máxime después del rechazo por todos los grupos políticos de la resolución del PP sobre la negativa al diálogo con Batasuna y la ruptura de toda relación con el Gobierno proclamada por Rajoy.

Pero, con consenso o sin él, la comparecencia debe producirse con uno u otro formato y el proceso no debe pararse, y si el Parlamento, una vez verificado el alto el fuego permanente, autoriza el diálogo con ETA no se ve por qué no se va a poder dialogar con Batasuna. Diálogo, no negociación política, sino diálogo para conseguir el abandono de la violencia, la legalización de todas las opciones no violentas y, en consecuencia, la paz. Después, sin la amenaza de una posible vuelta a las armas, se abriría otra posibilidad, sin duda compleja, en un proceso "duro, largo y difícil". Pero eso sería después, sin chantajes.

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