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Nº 699 - 12 de junio de 2006

Felipe ya no disimula sus diferencias con Zapatero

¡Este chico…!

“Nadie ve bien que hable así de Zapatero”. Lo dice un miembro de la dirección del PSOE andaluz, la federación que más admira y quiere al ex presidente. Muchos de sus militantes acudieron hace unos días a escuchar a su venerado Felipe y se encontraron con que, una vez más y cada vez con menos remilgos, se pronunciaba en contra de determinadas políticas del actual Gobierno. Para su sorpresa, incluso arremetía contra el proyecto de reforma del Estatuto andaluz, principal reto en estos momentos para Manuel Chaves, y discrepaba, al día siguiente, con  Moratinos sobre la política exterior con Palestina. ¿Qué le pasa?, se preguntan algunos. En muchos despachos del PSOE se responden que se ha cansado de disimular.

Por Inmaculada Sánchez

Yo no identifico claramente la política territorial del Gobierno. Digo la del gobierno, no la de las autonomías. Claro, que tampoco me produce una enorme sorpresa porque en 1999 tampoco identificaba la política territorial del Gobierno de Aznar”. ¿Qué era peor, poner en duda la política territorial de Zapatero o poner a su gobierno en la misma línea de consideración que el de Aznar?. González hablaba sin tapujo alguno del actual Ejecutivo ante un auditorio entregado en su Sevilla natal en el que figuraban no pocos dirigentes del PSOE de Andalucía.

Pero no se quedó ahí. El Estatuto de Cataluña ha tenido un proceso “que se ha hecho muy mal” y el término “realidad nacional” incluído en el proyecto de reforma del Estatuto de Andalucía “ni yo ni el 95 por ciento de mis paisanos andaluces entiende qué significa”. Aunque desde hace algunas semanas el propio González ya venía mostrándose menos cuidadoso en dejar ver sus diferencias con Zapatero y su Gobierno el acto de Sevilla parece marcar una línea temporal definitiva en la relación entre ambos dirigentes socialistas, según las fuentes consultadas.

“De eso estoy poco informado”. Rodríguez Zapatero despachó con esta escueta frase a los periodistas cuando le preguntaron por las declaraciones de González. Ni el presidente ni nadie de su entorno han querido entrar en polémica alguna y ha tenido que ser nada menos que Manuel Chaves, presidente del partido, de la Junta y amigo personal de Felipe, quien haya dado un paso adelante para atenuar el ruido provocado por las palabras del ex presidente.

Chaves tuvo que contestar en el parlamento autónomo a Teófila Martínez, la portavoz del PP y alcaldesa de Cádiz, que vió como las declaraciones del antiguo líder socialista venían a coincidir con las críticas de su partido al proyecto de reforma del Estatuto. El presidente andaluz entró al trapo. “Tenía claro que algo tenía que decir para tranquilizar el patio”, señalan desde el PSOE andaluz desde donde escucharon con estupor a Felipe, en plena pre-campaña del Estatuto, darle “la razón” al PP.

Chaves señaló que entendía a González, aunque no estaba de acuerdo con sus plantemientos, y que hablaría con él para explicarle lo que significaba “realidad nacional” ya que contaba con él para la campaña del referéndum estatutario.

Y no debió tardar en producirse la conversación puesto que al día siguiente el mismo González matizaba sus palabras y aseguraba que haría campaña por el estatuto andaluz. Pero pocos le perciben ya como un “compañero de viaje” en el PSOE actual.

“Felipe todavía tiene mucho predicamento en el partido pero a medida que los demás también lo van teniendo, el suyo se atenúa”, afirma un dirigente socialista andaluz refiriéndose a la creciente autoridad de Zapatero. Y añade: “Ya en su momento tuvimos que convencer tanto a Felipe como a Alfonso para que Andalucía entrara en el mapa autonómico por el artículo 151, como las comunidades históricas, y eso que ambos eran andaluces. Pero ahora no ha habido que convencer a Ferraz”. No es que haya sorprendido, por tanto, a los más veteranos del PSOE andaluz la posición de Felipe en cuanto a la política territorial del actual Gobierno, pero sí ha preocupado que hiciera tan explícito su discurso contra Zapatero y que incluyera en él, a cuenta del estatuto andaluz, al mismísimo Chaves. Los dirigentes consultados no creen que la “sangre vaya a llegar al río” pero sí alertan de que, a partir de ahora, habrá que aprender a “querer a los dos”, como “se puede querer a dos hermanos que son bien distintos”.

El proceso de distanciamiento entre González y Zapatero ha discurrido despacio pero sin pausas, tal como El Siglo ha venido informando (Ver “El desencuentro, contado paso a paso”) y ha tenido momentos clave que, hasta hace relativamente poco tiempo, se mantenían a resguardo del público.

Desde el primer “feo” que González le hiciera al joven líder recién llegado a la secretaría general del partido, cuando dijo que “está por demostrar que hay un nuevo proyecto, con contenido e ideas”, hasta el más reciente “es un político con suerte”, principal elogio hacia Zapatero lanzado por el ex presidente en la entrevista que le hizo hace dos meses Jesús Quintero en TVE, toda una serie de choques de distinta virulencia han jalonado la relación entre ambos.

No se puede hablar de un único responsable en su “divorcio político”, como ya empiezan a asumirlo y denominarlo dentro del PSOE,ya que si Felipe ha podido despreciar  la madurez de Zapatero y la oportunidad de algunas de sus más importantes decisiones, el hoy presidente del Gobierno ha querido mostrarle que no iba a dejarse tutelar de ninguna de las maneras.

Se lo dejó claro desde el principio, cuando se hizo una foto con Pedro J. Ramírez, director de “El Mundo” y bestia negra de Felipe y los felipistas, cuando empezó a distanciar sus llamadas telefónicas  y, más tarde, a retrasar la respuesta a las suyas, o cuando no indultó a Rafael Vera después de que el mismo González estampara su firma en un escrito público solicitándolo.

Como recoge José García Abad en su libro de reciente publicación “Las mil caras de Felipe González” (Más información en pág. 15) no es que Zapatero no quiera escuchar a su antecesor, al que, por otra parte, mantiene como un icono de su vocación política y del PSOE, sino que considera que sus opiniones y su experiencia ya no sirven para la España de hoy

 A este respecto resulta reveladora la conversación que mantuvo el autor con José Enrique Serrano, último director de Gabinete de González en Moncloa y primero y actual de Zapatero. Serrano, que conoce bien a ambos, señala a García Abad: “Puede que Zapatero opine que la experiencia de Felipe es una experiencia envidiable, pero que las conclusiones a las que puede llegar como consecuencia de esa experiencia no son necesariamente las adecuadas en este momento”. “Zapatero ‘ha matado al padre’, pero con cariño”, explicaba García Abad en la presentación de su libro como conclusión del momento actual de las relaciones entre ambos. Sin embargo, nadie en el PSOE se atreve a poner un punto y final a la tensa relación entre los dos líderes. González es aún un político con recorrido, a pesar de que le guste decir en público que se siente “jubilado” y “libre” para decir lo que piensa, y Zapatero no ha hecho más que iniciar su trayectoria como dirigente.

“El problema es que, aparte de la diferencia generacional –reflexiona un socialista–, Felipe, y no pocos de los que gobernaron con él, puede sentir el temor de que Zapatero y los suyos vayan a tirar por tierra lo logrado por ellos durante la transición”. Esto podría llevar a González a “seguir hablando”, una vez que “ya no se corta” en emitir críticas contra el Gobierno, y esto, en un momento tan extremadamente delicado como el actual, con el proceso de paz intentando arrancar, podría resultar peligroso. La reciente revelación de Felipe en una entrevista a “El Correo de Andalucía” de que él estuvo a punto de sufrir un atentado de ETA en los  ochenta podría haber puesto en alerta a algunos despachos de Moncloa. ¿Qué más puede decir, de repente, Felipe?, se preguntan.

Frases para un divorcio

Declaraciones de Felipe González en distintos foros.

8 de mayo de 2002: “Está todavía por demostrar que hay un nuevo proyecto, con contenido e ideas”. Año y medio después de que Zapatero fuera elegido Secretario general del PSOE.

6 de febrero de 2004: Tengo “autonomía personal, porque nadie me calla”. Tras la conferencia de Zapatero en el Club Siglo XXI en plena precampaña electoral.

1 de abril de 2004: “Me siento como el último mohicano y me duele”. Asimismo afirmó que las cosas “deben estar bien hechas, pero teniendo dimensión de las cosas”, algo que “se adquiere con la experiencia”. Pocos días después de la victoria socialista de las elecciones generales.

14 de julio de 2004: “Si se tiene mucha experiencia una decisión de ese tipo se piensa, se mide y se espera, y si (Zapatero) hubiera tenido experiencia y hubiera pensado, medido y pensado no hubiera tenido oportunidad de tomar la decisión”, en referencia a la retirada de las tropas españolas de Iraq. Intervención en la Cadena Ser.

28 de enero de 2005: “Los procesos de descentralización del poder son buenísimos, los de centrifugación del poder son peligrosísimos. Doy fe porque nos pasa”. En Santiago de Chile, refiriéndose a las anunciadas reformas estatutarias.

1 de febrero de 2005: “Es un ejercicio de buena fe”. En referencia al referéndum sobre la Constitución Europea.

18 de febrero de 2005: “Mi amigo (Rafael) Vera está injustamente en prisión y punto”

9 de marzo de 2005: Visita, junto a sus ex ministros José Barrionuevo y José Luis Corcuera, a Rafael Vera y José María Rodríguez Colorado en la prisión de Segovia.

7 de abril de 2005: “Eso que a veces se llama derecho a la propia identidad no se puede contraponer a la ciudadanía” y “Los derechos universales, que son de ciudadanía y no de identidad, no están ligados a un territorio”.

28 de octubre de 2005: “No me parece bueno” ni “me gusta”. En referencia al proyecto de reforma del Estatuto catalán.

22 de noviembre de 2005: “No tengo una relación fluida, ni de la otra, con el Gobierno, que considero nuestro”, “Tenemos que hacernos cargo de nuestro país, empezando por los dirigentes” y “Estoy jubilado, pero en libertad para pensar y expresarme, porque preocupado sí estoy”. Conferencia en la UGT de Sevilla.

22 de febrero de 2006: “No comparto ningún ataque de optimismo”. En referencia al final del terrorismo.

23 de febrero de 2006: “La oposición debe apoyar al Gobierno contra el terrorismo incluso si se equivoca”. Acto de homenaje al dirigente socialista Fernando Buesa y a su escolta Jorge Díez, asesinados por ETA.

18 de abril de 2006: “Tiene suerte, al menos por el momento”. Esto es lo único que respondió el ex presidente cuando Jesús Quintero, en su programa de TVE El loco de la colina, le preguntó su opinión sobre Zapatero.

31 de mayo de 2006: “No identifico claramente la política la política territorial del Gobierno”, “No sé bien qué es la realidad nacional y creo que le pasa igual al 95 por ciento de mis paisanos” (en referencia al Estatuto de Andalucía) y “Parece obvio que Zapatero y yo no somos iguales”. En el foro “Diálogos para un siglo”, organizado por el “Correo de Andalucía”, celebrado en Sevilla.

El desencuentro, contado paso a paso

Apenas habían pasado seis meses desde que  nueve votos pusieran a José Luis Rodríguez Zapatero al frente del PSOE cuando esta revista  informaba con detalle de las dificultades de Felipe González para ubicarse ante la inesperada situación. En enero de 2001 la portada titulada “Felipe busca sitio”, ya daba cuenta de estos primeros problemas de encaje entre ambos líderes aclarando que “Zapatero le quiere cómplice, pero en la sombre”.

Un año después otra portada informaba del abismo que empezaba a abrirse entre los anteriores y los nuevos dirigentes. “La vieja guardia del PSOE se repliega” fue el título del reportaje y junio de 2002 la fecha de publicación.

En enero de 2003 González se alejaba aún más de la nueva cúpula del PSOE y desde El Siglo le atribuímos la categoría de “oráculo” al que Zapatero consultaba sólo de vez en cuando. La petición de indulto para Rafael Vera, en noviembre de 2004 fue otro paso decisivo en el desencuentro de los dos dirigentes socialistas. Entonces otra portada de El Siglo reveló que Felipe no había hablado con Zapatero antes de estampar su firma en la petición de indulto.

A comienzos del presente 2006 un nuevo reportaje de portada titulado “Zapatero liquida a Felipe” adelantaba ya el definitivo divorcio que las declaraciones públicas de González en las últimas semanas en distintos foros han venido a confirmar.

“Parece obvio que no somos iguales”

Pocas veces se ha oído hablar a Felipe de Zapatero en el plano personal. Sus críticas  se han referido, preferentemente, a su política y a sus decisiones como secretario general del PSOE y presidente del Gobierno.

Sin embargo, el pasado 30 de mayo, en la charla-coloquio que protagonizó junto al periodista Iñaki Gabilondo en Sevilla, en el marco de los “Diálogos para un siglo” organizados por “El Correo de Andalucía” y la Caja de Ahorros El Monte habló mucho de política y de estatutos pero también dijo algo del actual presidente que sólo han recogido en parte  las páginas de la prensa nacional.

Algunas de estas palabras, según quienes conocen a ambos, resultan significativas para entender, en toda su dimensión,  la opinión que González pueda tener de su sucesor.

En un momento del encuentro, realizado ante un patio de butacas a rebosar,  Gabilondo llegó a decirle a González, “no sé si está enfadado o no con Zapatero”, dando pie  al ex presidente para hablar de su relación personal con el actual líder del PSOE.

“Parece obvio que no somos iguales”, dijo Felipe. “No sé si es algo de talante o de lo que sea”, añadió distendido para concluir tajante que “yo soy más apasionado”.

Poco se sabe del nervio o la pasión con que Felipe González abordaba sus decisiones de Gobierno cuando ocupaba La Moncloa pero, en el tiempo que Zapatero lleva dirigiendo el PSOE éste sí ha querido transmitir claramente que su estilo responde a un carácter pacífico y tranquilo que ha publicitado como su conocido “talante”.

Sus más estrechos colaboradores confirman esa calma que preside su forma de ser  y de actuar. “Podemos estar todos de los nervios en algún momento pero a él parece que nunca le afecta nada”, explica uno de ellos.

Hay a quien percibir tranquilo e inmutable al otro, lejos de transmitirle calma le exaspera: ¿será éste otro punto de roce entre sus personalidades? ¿Quizá Felipe hubiera preferido que Zapatero le “contestara” cuando le dijo en público aquello de “está por ver que haya un proyecto con ideas”, en lugar de sonreirle?.

Todo valió entonces y todo vale ahora, por Enric Sopena


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