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 Nº 699 - 12 dejunio de 2006

Cataluña en la España contemporánea (I)

por Carlos Berzosa

En primer lugar, tengo que pedir perdón al fallecido Pierre Vilar por copiar de algún modo el título de su obra magnífica Cataluña en la España moderna. Pero quisiera hacer algunas reflexiones sobre Cataluña, desde una perspectiva económica e histórica, ahora que se va a proceder a votar el nuevo Estatuto en referéndum, y no porque quiera entrar en la polémica, sino por algo que me irrita bastante como es el fomento del anticatalanismo, que utiliza de una manera demagógica la derecha tradicional para criticar el Estatuto. Supongo que lo negarán, como es normal, pues se puede y hasta se debe criticar el Estatuto, pero sin que esto signifique estar en contra de Cataluña. De hecho, esta es la posición de muchas personas que mantienen una concepción del Estado distinta de la que se infiere del Estatuto, y que están, como es lógico, en su derecho de hacerlo desde una posición totalmente legítima.

Sin embargo, el anticatalanismo subyace en bastantes planteamientos, y esto no es algo de ahora, sino de siempre. Quienes llevamos ya un tiempo en este mundo, aunque nos parezca poco, ya sabemos que ha sido siempre así, no en vano fuimos educados en el anticatalanismo durante el franquismo. Los tiempos han cambiado, naturalmente, pero bastantes comportamientos sociológicos de aquella época siguen en pie, sobre todo en los sectores más tradicionales y conservadores de la sociedad, que sin ningún género de dudas aprovechan cualquier ocasión para criticar a Cataluña y a los catalanes. Esto se ma nifiesta no sólo en el boicot a lo productos catalanes, sino tambié en el intento de cuestionar el us de su lengua materna o en las crít cas a su supuesto excesivo interé económico. Se nos dibuja un este reotipo del catalán, comerciante industrial, que a lo largo de la hi toria aparece como un tanto avarc preocupado sólo por sus beneficie y con un sentido excesivamente ma terial de la vida. Resulta muy sencillo, a partir de ahí, criticar el E tatuto repitiendo eso de que Cata luña, comunidad rica, no quiere SE solidaria con el resto de España todo lo quieren para ellos.

Esa imagen de una Cataluña ta materialista no se corresponde co la realidad. Resulta indudable qu como sociedad capitalista que es beneficio y el mercado rigen su comportamientos principales, y qu esa ideología, como en todas parte se expande por toda la sociedad, no sólo en las clases dominante No obstante, desde hace much tiempo ha sido una sociedad prec cupada por la cultura, el arte, ciencia y el conocimiento. Los c talanes dan muestras de gran cre tividad, y cuentan con destacadc científicos, analistas y pensadore que permanecen no sólo aquí, sin a lo largo y ancho del mundo. Es un sociedad que ha apostado y apue ta no sólo por el enriquecimieni material, sino también por otro qu no es cuantificable.

Cataluña fue la primera comunidad, tal como hoy las conocemos que se inició en el desarrollo industrial a finales del siglo XVIII. Su alto grado de desarrollo y riqueza como región no es algo reciente, sino que data de hace ya algo más de dos siglos. Como es sabido y conviene destacar, el crecimiento económico tal como lo conocemos en nuestros días tiene su origen en la Revolución Industrial y en la implantación como modelo dominante del modo de producción capitalista. En las sociedades anteriores al capitalismo, el crecimiento era lento, y el hombre vivía preferentemente de la agricultura. El capitalismo surge de la disolución de las relaciones de producción feudales, debido a que éstas, y otras formaciones precapitalistas, no son capaces de promover un crecimiento de tales características. A su vez, es a partir del feudalismo cuando tiene lugar la llegada del capitalismo.

Según Pierre Vilar, el auge comercial e industrial de Cataluña aparece entre 1730 y 1760 como consecuencia de un fenómeno general de alza de precios, que afectó a toda España, pero que en aquella región supo aprovecharse invirtiendo en las explotaciones agrícolas, las transacciones locales, el comercio internacional y la industria.

El crecimiento, a partir de ahí, se sustenta en una incesante acumulación de capital que viene impulsado por tres factores principales: la competencia entre los empresarios, el conflicto que enfrenta al capital y al trabajo, y la expansión del mercado. De esto, de los éxitos cosechados, los fracasos y las limitaciones del propio crecimiento hablaremos en el siguiente artículo.

*Rector de la Universidad Complutense de Madrid

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